Íñigo Errejón. EFE

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Errejón vuelve a caer en la trampa de Iglesias

Política

Errejón vuelve a caer en la trampa de Iglesias

«Nos conocimos enfrentados, pero no tardamos mucho en comprender que veníamos del mismo sitio y debíamos cuidarnos, porque nos quedaba mucho camino por recorrer juntos. En Pablo Iglesias he encontrado un compañero de mente incisiva y voluntad bolchevique, así como un permanente estímulo intelectual. Él me enseñó que el arte de la guerra se practica con método y tesón, haciendo más que diciendo, como me quiere».

Así describe Íñigo Errejón su relación con Pablo Iglesias en el capítulo de agradecimientos de su tesis doctoral sobre ‘La Lucha por la hegemonía durante el primer Gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009), un análisis discursivo’. Al referirse a su amigo en 2011, tres años antes de la fundación del partido, hablaba de amor y de guerra.

Desde entonces, esa relación bipolar ha marcado los principales éxitos y fracasos de una organización que estuvo a punto de cambiar la historia de España. En marzo de 2016 se produjo el primer gran desacuerdo entre ellos. Errejón se inclinaba por darle el Gobierno a Pedro Sánchez mientras Iglesias quería repetir elecciones para derrotar al PSOE en las urnas. Ya en esa decisión crucial se impuso Iglesias ante un Errejón que nunca le ha plantado cara… hasta hoy. Su amago de renunciar a ser el candidato en Madrid pretende frenar la enésima emboscada interna que le tiende.

El inicio de este conflicto se produce en el congreso de Vistalegre II que el partido celebró en febrero de 2017, cuando Errejón también evitó el enfrentamiento directo con Iglesias. Ante las profundas diferencias entre ambos sobre la estrategia del partido, el entonces número 2 optó por defenderse a medias: apoyó a Iglesias como candidato pero propuso un proyecto político diferente. Esa sutileza no era comprensible para una militancia movilizada y enervada que vio en la división interna una amenaza y una deslealtad. Como consecuencia, Iglesias se impuso en las votaciones, logró todo el poder interno y laminó el errejonismo. Ese movimiento pragmático y posibilista, que se diferencia del pablismo más en las formas que en el fondo, ha quedado prácticamente desterrado. Sobrevive en algunos territorios como Murcia, País Vasco o Cantabria, pero ya sin el liderazgo de Errejón.

Tras su derrota en Vistalegre, Pablo Iglesias le ofreció unos cuarteles de invierno donde retirarse con su menguante núcleo de confianza: el Ayuntamiento o la Comunidad de Madrid. Errejón, que dejó de ser portavoz parlamentario en favor de la pareja del líder, hoy embarazada de sus mellizos, aceptó el «encargo» con la condición de poder conformar su propio proyecto político con su equipo, en el que integraría a miembros del pablismo y del anticapitalismo.

Desde entonces, Errejón se ha apartado de la escena política nacional para hacer campaña regional, visitando pueblos, siendo la voz del partido frente a los casos de corrupción del PP como Púnica o Lezo y hasta bailando chotis si se encartaba. Ese alejamiento de la vida en el Congreso facilitaba el ascenso de una nueva corriente interna que ha ido ganando poder bajo el liderazgo de la portavoz parlamentaria, Irene Montero, que se perfila como sucesora de Iglesias.

En los nueve meses de retirada del errejonismo y del ascenso de esa suerte de monterismo, Podemos tocó fondo. El tramabús, la moción de censura fallida a Mariano Rajoy y sobre todo la gestión de la crisis catalana hundió a la formación a niveles alarmantes según advertía su experta en demoscopia y confundadora del partido, Carolina Bescansa, que también fue purgada por la nueva dirección. A final del año pasado, Podemos se encontraba perdido, desdibujado y con su líder desparecido durante semanas tras la debacle en las elecciones catalanas.

En su reaparición ante el Consejo Ciudadano el 13 de enero, Iglesias no dudó en utilizar a Errejón para desviar la atención sobre el momento decadente de Podemos y para limitar su ámbito de actuación a Madrid, acabando con cualquier tentación de recuperación del errejonismo. «Es verdad que se tienen que producir procesos de primarias y se tienen que elegir candidatos, pero nos tenemos que poner a trabajar ya. Yo quiero pedirle a Íñigo que se ponga a trabajar desde ya para ganar en la Comunidad de Madrid», anunció ante los periodistas. Aunque lo lanzaba como candidato, le advertía de que debía ganar unas primarias cuyo formato aún se desconocía. Otra trampa.

Ese «encargo» cobra protagonismo a raíz del caso del máster de Cifuentes, que puede tumbar a la presidenta de la Comunidad a través de una moción de censura del PSOE si no dimite antes. Esta crisis ha vuelto a tensionar las relaciones entre Errejón e Iglesias a través de un tercero en discordia, Ramón Espinar, secretario general de Podemos en Madrid, cuyo protagonismo se ve amenazado por la candidatura de Errejón.

Precisamente ha sido Espinar el que ha puesto sobre la mesa una fórmula inédita para lanzar a Errejón consistente en elegirlo ya como cabeza de cartel y celebrar más adelante primarias para confeccionar su lista. Y ahí se produce el problema. Errejón considera que ya ha cedido lo suficiente al aceptar la candidatura con un año de antelación -las elecciones son en mayo de 2019-, un plazo que puede acabar ‘quemándole’ frente a otros candidatos que se presentarán como frescos y novedosos. A pesar de estos recelos transigió, pero bajo los términos pactados.

Frente a esas condiciones acordadas, Espinar ha intentado este jueves que Errejón acepte ser el candidato sin su equipo, sin su lista, que se confeccionaría más adelante. Por su parte, Errejón ha intentado frenar esa maniobra amenazado con no ser el candidato a la Comunidad de Madrid, quizás pensando que la mano de Iglesias no estaba detrás de la jugada. Lejos de conseguir su objetivo, las palabras de Errejón provocaron que el secretario general se haya situado del lado de Espinar con otra trampa sin salida.

En una comparecencia este jueves, Iglesias ha convertido una pugna interna de la comunidad de Madrid en una cuestión ciudadana, casi electoral.»¿Cómo valora que Errejón esté pensando en no presentarse si las primarias se hacen a dos tiempos?», le preguntaron los periodistas. «Yo creo que la gente no nos va a consentir ni media tontería», respondió.

«Estamos hablando de ganarle las elecciones al PP y gobernar en Madrid. El mandato que tenemos de la gente es ganarles. Ni media tontería con cuestiones internas. Hay una urgencia que es evidente, y es que tengamos un candidato. Yo he dicho claramente quién me parece que debe ser el candidato, pero eso lo van a decidir los inscritos y las inscritas. Ayer, me parece que de manera muy sensata, el Consejo Ciudadano de la Comunidad de Madrid decidió que por una parte es urgente tener un candidato ya a la Presidencia de la Comunidad, yo espero que Íñigo se presente, estoy convencido de que lo va a hacer. Creo que tiene muchísimas posibilidades de ganar. Y al mismo tiempo hay que tejer los acuerdos necesarios para ser una alternativa que pueda gobernar en Madrid. Y en esto ni media tontería. Nosotros estamos en política para ganar al PP y para gobernar en la Comunidad de Madrid y los inscritos e inscritas no van a permitir que nadie se dedique a marear la perdiz ni a tonterías cuando lo que estamos hablando es de ganar al PP. Urge tener un candidato, lo vamos a tener muy pronto y vamos a salir a ganar», aseguró de corrido.

Esas declaraciones terminan de cercar a un Errejón apartado del foco nacional y con nueve meses de campaña regional a sus espaldas. Tras las palabras de Iglesias, una virtual renuncia de Errejón a la candidatura de Madrid se interpretaría por la ciudadanía como una pataleta por los puestos en la lista, por poder interno, por anteponer los ‘sillones’ a principios y objetivos como sacar al PP del Gobierno. Sería una «tontería» en palabras del secretario general, que enfatiza una vez más la imagen infantilizada de Errejón potenciada por sus enemigos. «Es una niñería, tiene razón Iglesias», apostilló poco después Juan Carlos Monedero.

Ante ese nuevo cerco, Errejón busca rebajar la tensión aunque mantiene el órdago. «Estoy convencido de que vamos a llegar a un acuerdo». «He hablado con Pablo y estamos de acuerdo en el objetivo fundamental». «Ahora mismo no contemplo que las primarias sean separadas, no contemplo otra cosa», ha asegurado en una entrevista radiofónica.