La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo. EFE

logo
Sin Presupuestos se acabó el diálogo

Política HISTORIA DE UNA SEMANA DE CRISIS

Sin Presupuestos se acabó el diálogo

La decisión de los independentistas de tumbar las cuentas hace que el Gobierno desista: mucho desgaste a cambio de nada

¿Qué ha ocurrido desde la rueda de prensa del miércoles de Carmen Calvo defendiendo la figura del relator en el diálogo con Cataluña hasta su comparecencia el viernes rompiendo las negociaciones? Dos hechos fundamentales: la convocatoria de una manifestación este domingo en Madrid «por la unidad de España» y la presentación de sendas enmiendas a la totalidad a los Presupuestos Generales del Estado por parte del PDeCat y ERC que terminan de tumbar la tramitación del proyecto presupuestario. Es decir, un elevado desgaste del Ejecutivo socialista a las puertas de las elecciones de mayo sin el rédito político esperado: el mantenimiento de Pedro Sánchez en la Moncloa hasta 202o gracias a la aprobación de las nuevas cuentas.

Sin Presupuestos, la legislatura «se acorta», admitió este viernes la vicepresidenta del Gobierno, que situó el adelanto electoral en este mismo año 2019. De cara a ese escenario, el Gobierno ha comenzado su relato electoral, que se activa con la ruptura con los independentistas y se completa con el argumentario de que el Ejecutivo ha hecho todo lo posible por dialogar con el independentismo sin éxito por sus exigencias de negociar un referéndum de autodeterminación inasumible para los socialistas, como ya demostraron con su apoyo a la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña.

El Gobierno se apresuró en ofrecer la primera versión de esa ruptura con medias verdades. Calvo anunció que eran los independentistas quienes hacían fracasar la operación diálogo con sus exigencias. Perplejos, representantes del Govern catalán completaron la historia con su propio relato de los hechos. El vicepresidente de la Generalitat Pere Aragonès y la consejera de Presidencia, Elsa Artadi, explicaron las prisas de Carmen Calvo en las últimas 24 horas por cerrar un acuerdo que pasaba por que ERC y PDeCat retiraran sus enmiendas a la totalidad de los Presupuestos. El miércoles, tras su rueda de prensa sobre el relator, la vicepresidenta mantuvo una vídeoconferencia con ambos que anticipaba un acuerdo. El jueves, tras la tormenta política generada por la aceptación de ese mediador en las negociaciones, el diálogo entre ellos en el grupo de WhatsApp ‘Coordinación BCN-Madrid’ fue más dificultoso.

Ya el viernes, todo salta por los aires. Al filo de las 14 horas, cuando terminaba el plazo legal, el PDeCat siguió a ERC en la presentación de una enmienda a la totalidad de los Presupuestos en la que lanzaba varios mensajes: El documento reclama que el Gobierno concrete el compromiso de creación de una mesa de diálogo a nivel nacional integrada por PSOE y Podemos, además de los partidos independentistas, como paso previo a la tramitación presupuestaria. “Si la moción de censura permitió abrir una puerta al diálogo, con carácter previo a la tramitación de los Presupuestos, el Gobierno debe garantizar que habrá mesas para el diálogo” advierte el texto registrado por los neoconvergentes.

“Aunque a lo largo de las últimas semanas ha habido tímidos avances en relación a estos aspectos (mesas para el diálogo), estos no son suficientes ni disponen de la concreción necesaria, y desde el PDeCAT siempre mantendremos abierta la puerta a consolidar estos espacios de diálogo…hasta el día 13 donde se van a producir las votaciones a las enmiendas a la totalidad”, afirma el texto de la enmienda, que se suma a las presentadas por ERC, PP y Cs, y que en principio hacen inviable la tramitación de los Presupuestos, que serán devueltos sin debatir al Consejo de Ministros por parte de la Cámara, uno de los mayores fracasos políticos de un Ejecutivo.

Además de poner fecha al cumplimiento de sus demandas, el próximo miércoles, día de la votación parlamentaria de las cuentas, la enmienda lamenta que tan sólo se han producido dos “breves” encuentros entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, además de “unas cuantas” reuniones bilaterales y sectoriales entre responsables ministeriales que han sido “insuficientes”.

Tras esa respuesta, el Gobierno cambia de actitud. Según informa el periódico La Vanguardia, durante la mañana del viernes continuó la comunicación en el grupo de WhatsApp hasta que a las 13.34 llegó un mensaje de Calvo con un ultimátum. Exigía que retiraran su enmienda a la totalidad a los Presupuestos y a cambio se podría negociar el nombre del relator. El vicepresidente catalán respondió con una propuesta de celebrar otra videoconferencia, pero ya era tarde. A las 13,50 la vicepresidenta contestó: «Tenía que ser ahora, entiendo que es un no. Suerte», zanjó antes de la rueda de prensa en la que anunció el fracaso de las negociaciones.

Una crisis en tres actos

En realidad, la crisis del diálogo comienza el mismo lunes, cuando ERC y PdeCat anuncian que tumbarán la tramitación de los Presupuestos con sendas enmiendas a la totalidad en el Congreso. Con esa amenaza presionan al Gobierno para que acepte algunas de sus reclamaciones como que la Fiscalía suavice sus acusaciones en el juicio a los líderes del 1-O que comienza el martes o que se avance en la negociación de un referéndum de autodeterminación.

La última intentona del Ejecutivo para salvar sus cuentas llega el martes por la mañana en una entrevista a Miquel Iceta en TV3, en la que anuncia que el Gobierno estudia la posibilidad de admitir la figura de un «notario», mediador, relator, coordinador o facilitador de las negociaciones con el Govern catalán. Por la tarde, en declaraciones a los periodistas en los pasillos del Senado, la vicepresidenta lo confirma, generando un terremoto político imprevisto en la Moncloa. Durante el resto  de la semana, barones socialistas y referentes como Alfonso Guerra y Felipe González arremeten contra lo que consideran una claudicación ante el independentismo que arrodilla al Estado y «degrada las instituciones», al admitir la negociación en una mesa de partidos con un mediador en vez de en el Parlamento catalán. Paralelamente, la oposición convoca una gran manifestación el domingo en Madrid y reclama elecciones.

El miércoles por la mañana, primero en una entrevista en la Cadena Ser y luego en una rueda de prensa en Moncloa, Carmen Calvo aumenta la confusión con explicaciones que embarullan más la situación. Elsa Artadi desmiente sus declaraciones pero el diálogo sigue adelante. Pablo Iglesias interrumpe su baja por paternidad -algo que no hizo el viernes anterior para asistir al convulso Consejo Estatal de Podemos por la crisis de Errejón en la Comunidad de Madrid- y acude a Moncloa para reunirse con Pedro Sánchez tras hablar por teléfono con Carles Puigdemont. Aboga por la figura del relator e intenta que la negociación presupuestaria no encalle, como está a punto de ocurrir.

A pesar de este empujón de Iglesias, el Gobierno no avanza en la negociación de las exigencias independentistas y el jueves por la tarde el portavoz del PDeCat en el Congreso anuncia una enmienda a la totalidad de los Presupuestos que tenían preparada antes de que ERC se adelantara en su anuncio el lunes. La situación entra en punto muerto y el Gabinete del presidente pasa a la acción, planteando una nueva estrategia tras el fracaso de Carmen Calvo en la operación diálogo con la Generalitat. La opinión pública -incluidos medios afines como los del grupo Prisa- censuran la última cesión al independentismo, la calle amenaza con censurar al presidente el domingo en la manifestación y los Presupuestos siguen varados: es el momento de romper y prepararse para las elecciones, concluyen.

¿Cómo se arma ese relato electoral? ¿Cómo se explica la ruptura de las negociaciones? El Gobierno alega ahora -cosa cierta- que los independentistas insisten en abordar la cuestión de la autodeterminación rebasando una línea roja para el Ejecutivo socialista. Carmen Calvo rompe por WhatsApp con el Govern y se prepara un documento con las condiciones del diálogo que se entrega a la prensa en una rueda de prensa inusualmente tardía, pasadas las 14 horas del viernes, en Moncloa. «Este Gobierno no va a aceptar nunca el planteamiento de un referéndum de autodeterminación», proclama solemnente ante las cámaras tras anunciar que los independentistas «no aceptan el marco del diálogo propuesto» por el Ejecutivo.

El presidente refuerza esta versión con un mensaje en la red social Twitter: «Este Gobierno no aceptará nunca un referéndum de autodeterminación. Trabajamos por tender todos los puentes posibles desde la política. Esta es la propuesta del Gobierno de España para Cataluña: convivencia, dialogo y ley. Constitución.», asegura.

Con este relato, Moncloa intenta desvincular el fin de las negociaciones con la intención de ERC y PDeCat de tumbar el proyecto de Presupuestos en el Congreso. A última hora de la tarde del viernes, a las 21 horas, la Secretaría de Estado de Comunicación insiste en separar el fin del diálogo de los Presupuestos con un comunicado aclaratorio:

«Como ha declarado la vicepresidenta, el Gobierno ha pedido a todos los grupos su apoyo al proyecto de Presupuestos Generales del Estado, incluidas las fuerzas que sustentan al Govern, un apoyo que en unos casos pasaba por no presentar una enmienda a la totalidad y en otros por retirar esas enmiendas. Durante su comparecencia de hoy, la vicepresidenta en ningún momento ha ligado el debate de los PGE con el diálogo mantenido con la Generalitat», asegura. Pero no es así.

Durante la rueda de prensa, efectivamente, Calvo pide apoyo para los Presupuestos al resto de grupos políticos en la Cámara tras dar por rotas esas negociaciones y reta a los independentistas a explicar en Cataluña por qué dan la espalda a unas cuentas beneficiosas para la comunidad. «Hemos hecho todo lo que como Gobierno podíamos hacer. Si los demás no lo ven, lo que sí tiene de valor los Presupuestos es que las enmiendas de devolución se votarán conjuntamente y todos los grupos tendrán que explicar a los ciudadanos por qué en su agenda política no se incluye ni siquiera debatir sobre unos Presupuestos buenos para el país”, asegura, antes de recordar que las cuentas no son sólo beneficiosas para Cataluña, sino para todos los territorios.

Es más, hace días que el Ministerio de Hacienda se ha retirado de la negociación presupuestaria con los grupos catalanes fiándolo todo a la negociación política dirigida por Calvo para que puedan tramitarse. Preguntada por los periodistas, la vicepresidenta va al fondo de la cuestión: “Con Presupuestos tendríamos un 2019 normal, sin ellos el tiempo se acorta”, admite, reconociendo que la legislatura agoniza.

El relato electoral del Gobierno se basa en que Pedro Sánchez intentó dialogar con el Govern hasta llegar a la línea roja de la autodeterminación. No obstante, esa cuestión hasta ahora consideraba abordable en las conversaciones entre partidos, siempre fuera del ámbito institucional. La propia Calvo lo admitió así dos días antes, el miércoles en su rueda de prensa, cuando insistió en que el diálogo entre partidos no podía tener cortapisas y estaba abierto a cualquier planteamiento, aunque dentro de las instituciones siempre tendría rechazo la propuesta del referéndum.  “Este Gobierno a lo único que cede es a negociar”, aseguró el miércoles, explicando que en democracia “se puede hablar de muchas cosas”, pero que en un estado de derecho sólo se pueden acometer actos dentro de la legalidad.

Una respuesta similar ofrecía el Gobierno antes de las reuniones de Torra y Sánchez en Madrid en julio y en Barcelona en diciembre, cuando el presidente catalán anunciaba que pediría al jefe del Ejecutivo abordar la cuestión de la autodeterminación. «Asumimos la necesidad de respetar el derecho de cada uno de los presidentes a exponer todo aquello que consideren conveniente”, aseguró en vísperas del primer encuentro la ministra de Política Territorial, Meritxell Batet, para facilitar un diálogo “sin cortapisas” con la Generalitat . Tal y como reclaman los independentistas, la petición de un referéndum pactado formaría parte del orden del día de los encuentros, aunque el presidente Sánchez la rechazaría de forma tajante.