Política

Iglesias se prepara para la "presión brutal" por la investidura bajo la amenaza Errejón

Podemos advierte al PSOE de que el surgimiento de un nuevo partido también le perjudicaría si se repiten elecciones

Pablo Iglesias, tras la reunión que ha mantenido este viernes con los colectivos de pensionistas en el Congreso de los Diputados, EFE

«Presión brutal». Repetición de elecciones y la posibilidad de que Íñigo Errejón se presente dividiendo el voto de Podemos. El partido de Pablo Iglesias se prepara para esa situación -que en Ciudadanos ya ha provocado un debate interno y dimisiones como la de Toni Roldán- e intenta rebajar la tensión con mensajes de esperanza. «El Gobierno de coalición está “más cerca de lo que puede parecer en septiembre” , aseguró el miércoles Iglesias, insinuando que el PSOE se doblegará a sus exigencias una vez que fracase la primera sesión de investidura prevista en la segunda quincena de julio.

Fuentes de Podemos destacan la «perplejidad» de la organización con la actitud del PSOE, que ha cerrado las puertas a cualquier negociación después del fracaso de la reunión el pasado martes entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. «Lanzan mensajes contradictorios sobre las distintas expectativas que tienen para la investidura. No sabemos si es estrategia o pura desorganización entre ellos», explican en Unidas Podemos.

«Nos quedan dos meses de presiones brutales y bombardeo permanente. La gente ya ha votado y no entiende lo que está pasando. Por eso insistimos en el mensaje de que nosotros sí queremos un acuerdo y que lo vemos posible», explican fuentes de la organización, que advierten del «efecto frustración» que supondría la falta de entendimiento entre los partidos de izquierda de cara a una repetición electoral.

La presión es todavía mayor por la alargada sombra de Errejón sobre la organización. En la cúpula del partido temen que el ex secretario político de Podemos opte por conformar una candidatura de carácter nacional si se repiten los comicios. Con una marca como ‘Mas País’ o ‘Más España’, Errejón podría configurar una candidatura de carácter confederal a la que podrían sumarse fuerzas como Adelante Andalucía, liderada por Teresa Rodríguez, que va camino de la desconexión con Podemos para convertirse en partido independiente. Un ejemplo de esa vía es el propio grupo confederal constituido el viernes en el Senado. Sus miembros pertenecen a Compromis, En Comú Podem, y Adelante Andalucía, todos de designación autonómica, junto a dos cedidos por el PSOE para poder conformar el grupo. Los dos senadores de Podemos designados por la Asamblea de Madrid cambiarán cuando se constituya el parlamento regional, dando entrada a representantes de Más Madrid y dejando a la organización sin escaño propio en la Cámara Alta.

En Unidas Podemos echan cuentas y se atreven incluso a vaticinar el nivel de descalabro electoral que sufrirían, con unos 15-20 escaños en el Congreso liderados por Pablo Iglesias frente a diez dirigidos por Errejón, una pesadilla para el proyecto que, según advierten, también perjudicaría al PSOE a la hora de tener que negociar con dos interlocutores enfrentados entre sí. En Ferraz también inquieta la posibilidad de que Errejón dé el paso por el atractivo electoral que supone para el votante socialista.

Consulta a las bases

En Podemos destacan que cualquier decisión sobre la investidura, desde un acuerdo con el PSOE hasta el voto negativo pasando por la abstención, requiere una consulta a las bases. Y advierten de que Pedro Sánchez «no está ponderando el efecto en los inscritos de este tipo de desgaste y maltrato a Podemos por parte del PSOE». «No contribuye en nada al éxito de la consulta si de verdad, como dicen, somos su socio preferente», aseguran.

La cúpula del partido entiende que el PSOE les está sometiendo a un «chantaje» con el objetivo de forzar la abstención de Ciudadanos y Unidas Podemos sin tener en cuenta la lógica del sistema parlamentario, consistente en alcanzar acuerdos para sumar mayorías en las votaciones. «Eso se consigue con negociación. Y no sabemos qué puede significar la negociación de una abstención como parece que quieren», aseguran las fuentes.

El objetivo de Moncloa es «romper la dinámica de bloques» para permitir que Pedro Sánchez pueda apoyarse parlamentariamente tanto a su izquierda, en Unidas Podemos, como a su derecha, en Ciudadanos y PP, para alcanzar pactos de estado. La misma noche electoral, el ganador de los comicios ya marcó ese camino al constatar la debilidad de sus 123 escaños en el Congreso de los Diputados.

El 28 de abril, Sánchez consiguió impedir que PP (65), Ciudadanos (57) y Vox (24) sumaran una mayoría absoluta. El resultado obtenido le permitía gobernar en coalición con Ciudadanos o reeditar el acuerdo con Podemos (42), Esquerra Republicana de Cataluña (15), JxCat (7) y PNV (6) con el apoyo de otros partidos minoritarios. Aquella noche de celebración, Sánchez no salió exultante al balcón de Ferraz. Con un tono prudente, el presidente prometió gobernar para conseguir justicia social, mejorar la convivencia en Cataluña e impulsar la regeneración democrática, bandera hasta ahora de Ciudadanos.

Mientras los militantes allí reunidos gritaban «con Rivera no», Sánchez hizo su apuesta: “Lo he escuchado, pero nosotros no vamos a hacer como ellos, nosotros no vamos a poner cordones sanitarios, la única condición que vamos a poner es el respeto a la Constitución y a la convivencia”, aseguró, sin dejarse llevar por la euforia colectiva.

El candidato victorioso probablemente recordaría el consejo del fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba tras las elecciones del 20 de diciembre de 2015, las primeras a las que se presentó Sánchez, en las que obtuvo 90 diputados. «Pedro, no se puede gobernar con un Gobierno de retales. No te puedes imaginar lo difícil que es, es que es imposible. Cuando estuve de portavoz con Zapatero me pasaba el día corriendo por el hemiciclo negociando cada voto. ¡Y teníamos 164 diputados!», le aseguró, ante la sospecha de que quisiera poner en marcha una alternativa a la investidura de Mariano Rajoy con el apoyo de Podemos, nacionalistas e independentistas, lo que denominó como «Gobierno Frankenstein».

 

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