Política SESIÓN DE INVESTIDURA

Los retos de Isabel Díaz Ayuso: corrupción, inestabilidad y una oposición "férrea"

La futura presidenta de la Comunidad de Madrid afronta hoy un bronco debate de investidura que marcará el tono a seguir en una legislatura que comienza ensombrecida por la 'Púnica' y con retos económicos de gran envergadura

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Los retos de Isabel Díaz Ayuso: corrupción, inestabilidad y una oposición "férrea"
La candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso

La candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso EUROPA PRESS

Resumen:

Salvo sorpresas de última hora, Isabel Díaz Ayuso será investida presidenta de la Comunidad de Madrid este miércoles. Y lo hace dejando tras de sí una auténtica gincana de dos meses marcada por su papel de mediadora en unas negociaciones in extremis, ataques constantes entre sus dos socios preferentes y necesarios, reuniones de última hora, juego de sillones, acusaciones cruzadas y un sinfín de obstáculos más.

Pero mañana la candidata popular comenzará a gobernar al contar con los 26 votos positivos de Ciudadanos y los 12 de Vox, con los que dará continuidad a la hegemonía azul en la región. Y comenzará su investidura albergando, de entrada, un hecho diferenciador: será la primera ‘popular’ en llegar a la Puerta del Sol con la tarea de engrasar un gobierno de coalición, al hacerlo de la mano de Ignacio Aguado, quien aceptó las exigencias suavizadas de su homóloga de Vox para dar luz verde a un ejecutivo regional en concordancia con los de la ciudad de Madrid, Región de Murcia y Andalucía.

La de Ayuso será una legislatura que se prevé, cuanto menos, vibrante. Y lo será por los muchos desafíos y cuentas pendientes que comienza a desbordar la agenda de la persona de «máxima confianza» de Pablo Casado y de su equipo. El previsible bronco debate de investidura, que comienza este martes con un discurso sin límite de tiempo de la candidata y culmina mañana con la votación, es tan solo un anticipo de los retos que debe encarar Díaz Ayuso: librarse del estigma de la corrupción que sacude a sus compañeros de partido y que ahora le salpica; esperar fuego amigo -Ciudadanos ya ha recalcado que sería intransigente con las posibles imputaciones dentro de su Consejo de Gobierno, lleven el nombre o no de Isabel Díaz Ayuso- sin perder de vista el asiento trasero, en el que viaja una intransigente Rocío Monasterio; y enfrentar enemigos, con una oposición feroz -el PSOE fue el ganador de las elecciones- que ya ha comenzado a agitar su pasado.

Coalición inestable

El pasado 26 de mayo, la nueva presidenta de la Comunidad de Madrid perdió las elecciones. Una derrota que, sin embargo, no supo amarga en el balcón de Génova. El camino iba a ser arduo, pero sabían que podían transformarlo en una cómoda victoria al disponer del modelo andaluz como precedente.

Ayuso deberá liderar un gobierno de coalición en la Comunidad de Madrid sin contar con precedente alguno que le sirva de guía. Y lo hará con bastante menos fuerza que sus predecesoras -obtuvo 42 diputados menos que Esperanza Aguirre en 2011 y 18 menos que Cristina Cifuentes en 2015- y contando con un perfil menos consolidado, estable y conocido que el de figuras como Alberto Ruiz-Gallardón y las ex presidentas.

Ayuso obtuvo 42 diputados menos que Esperanza Aguirre y 18 menos que Cristina Cifuentes

Dejando de lado la garra electoral, la apuesta de Casado ha pasado por dos agotadores meses lleno de idas y venidas para lograr un acuerdo de investidura a tres casi imposible que finalmente ha logrado solventar. Pero ahora debe pasar por un escollo aún mayor: conseguir gobernar con ellos.

En este sentido, Vox y su no relación con Ciudadanos será uno de los mayores desafíos que deberá sortear. Rocío Monasterio ya ha dejado clara su postura a cambio de investir a Ayuso: sentarse en la bancada de una oposición «férrea» y «vigilante» desde la que velarán porque se cumplan «todas nuestras medidas» -de las que borró la eliminación de leyes autonómicas que defienden al colectivo LGTBI por la oposición de Ciudadanos-; se cierren «chiringuitos, entes y empresas subvencionadas» y se desarrollen políticas que «defiendan la vida», entre otros postulados.

Oposición feroz

El bloque de la izquierda reúne 64 diputados de los 132 que componen la Asamblea de Madrid, quedándose a tan solo tres de la mayoría absoluta. La situación es delicada. Un solo traspiés que haga temblar el frágil acuerdo a tres bandas serviría en bandeja la gobernabilidad a una oposición que ya ha comenzado a zarandear al incipiente gobierno de Isabel Díaz Ayuso.

A la intransigencia de Gabilondo -que tendió la mano en repetidas ocasiones a Ignacio Aguado- y el rechazo de Unidas Podemos se une otro factor en contra también único en todo el país: la presencia del partido de Íñigo Errejón, que ya ha pedido la dimisión de la candidata popular y cuya estrategia es minar la confianza que mantiene con los naranjas, a los que atacan por «aceptar chantajes de la extrema derecha» en Madrid.

El fantasma de la ‘Púnica’

La decisión de la Fiscalía Anticorrupción de pedir la imputación de Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes y las informaciones sobre la relación de Isabel Díaz Ayuso con la Púnica y sobre un presunto alzamiento de bienes por haber recibido dos inmuebles de su padre cuando este era moroso han puesto el arma en manos de la izquierda, dispuesta a apretar el gatillo y sacudir las alfombras del macrocaso de financiación ilegal del PP para torpedear la legislatura de la candidata popular.

Por lo pronto, Ángel Gabilondo ya se plantea pedir una comisión de investigación para indagar en los presuntos delitos familiares de la futura presidenta y su relación con el presunto trato de favor de Avalmadrid, el ente semi público que concedió un crédito de 400.000 euros en 2011 a la empresa Mc Infortécnica S.L, en la que tenía participación su padre. También Unidas Podemos ya ha anunciado que pedirá un pleno monográfico en la Asamblea de Madrid para que Ayuso dé explicaciones sobre los mencionados hechos.

Por su parte, Íñigo Errejón ha pedido «limpieza» en Madrid y no otra presidenta que acabe en el «banquillo» como sus predecesores porque «sale en los papeles» de la Púnica, al tiempo que ha criticado que cuente con el apoyo de Ciudadanos, un partido que venía «a regenerar».

Y Ayuso ha salido al paso para defenderse de las acusaciones ante su inminente investidura, consciente de que no será la única vez en que deberá proteger su «honradez». «En mi actuación no hay nada reprochable», zanjaba en una entrevista para El Mundo. Y, por el momento, la justicia le da la razón, ya que como confirmaban fuentes jurídicas a El Independiente, «hasta ahora no se ha encontrado motivo alguno para su imputación».

No corre la misma suerte su partido, del que Ayuso, como líder del espejo en que se refleja la política nacional, deberá responder a la posible imputación del PP como persona jurídica por el caso Púnica, así como la de las ex presidentas de la Comunidad de Madrid. Ambas decisiones podrían llegar en septiembre de la mano del juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón.

El desafío de dirigir el motor económico de España

Más allá de las idas y venidas partidistas y de los fantasmas del pasado corrupto del PP, la política y periodista deberá hacer frente al reto mayúsculo que supone estar al frente de la Comunidad de Madrid, modelo político extrapolable al panorama nacional y locomotora económica del país.

El primer encargo ya está apuntado en rojo en la hoja de ruta madrileña: la aprobación de un presupuesto de más de 20.0o0 millones de euros que deberá nacer de la negociación entre PP, Ciudadanos y Vox y en el que ya se abordan, excepto posibles matices, puntos comunes, como la inclusión de rebajas fiscales o la eliminación de duplicidades en la administración.

Pero ni de lejos es el único. A Ayuso le espera la histórica firma para poner en marcha de forma definitiva la Operación Chamartín, aprobada en el Pleno del Ayuntamiento de Madrid después de una espera de 26 años, para lo que dispone de un plazo de cuatro meses.

Del mismo modo, Díaz Ayuso deberá afrontar asignaturas pendientes del anterior mandato, entre las que destacan la reforma del Estatuto de Autonomía para acabar con los aforamientos de los diputados; retomar la ley de universidades (LEMES), uno de los grandes proyectos de la legislatura de Cristina Cifuentes; o la reforma integral de la ley del suelo.

Por su parte, de los compromisos derivados de las 155 medidas pactadas con Ciudadanos y de las exigencias de Vox, Isabel Díaz Ayuso deberá capitanear la mejora de las conexiones y servicios prometidas en la hoja de ruta; la aprobación de un plan de vivienda para jóvenes -25.000 pisos en alquiler con precios por debajo del mercado-; la reducción de la lista de espera sanitaria y la modernización de los hospitales; o adelantar el bilingüismo a edades comprendidas entre los 0 y 3 años.