El ministro Fernando Grande-Marlaska y el ya ex DAO Laurentino Ceña, en el acto oficial del último Día de la Patrona.

El ministro Fernando Grande-Marlaska y el ya ex DAO Laurentino Ceña, en el acto oficial del último Día de la Patrona. EP

logo
El golpe de Grande-Marlaska a la Guardia Civil

Política

El golpe de Grande-Marlaska a la Guardia Civil

El ministro del Interior desata la mayor crisis en el instituto armado de las últimas décadas con su decisión de purgar al coronel Pérez de los Cobos en plena investigación del 8-M / “No somos la Policía del Gobierno”, advierten los agentes

«No se puede quitar la toga, la tiene tatuada». Quizá este apunte de un antiguo colaborador ayuda a comprender la manera con la que Fernando Grande-Marlaska (Bilbao, 1962) ha actuado esta semana al desatar, en pleno estado de alarma y en un momento de debilidad del Gobierno, una grave crisis en la Guardia Civil. El tiempo dirá qué factura le pasa este episodio en su carrera política, iniciada hace ahora dos años con la llamada de Pedro Sánchez tras más de tres décadas en la judicatura.

No usa tricornio ni luce fajín, pero ha demostrado al generalato quién manda en la Guardia Civil. En menos de 72 horas, el ministro del Interior destituyó al jefe de una de las principales Comandancias del país, provocó que diera un portazo y anticipara su marcha el número dos del Cuerpo y ha ninguneado el sacrosanto escalafón para ahormar la nueva cúpula del instituto armado. Ha exhibido tanta autoridad como escaso olfato político, como en privado reconocen fuentes del Gobierno. «Está actuando como un juez», le reprochan.

«Acostumbrado al ‘hágase’ de su profesión de juez, ha cometido un grave error político. La causa del 8-M se archivará más tarde o más temprano y, en ese tiempo, se habría jubilado ya Laurentino Ceña como DAO [Director Adjunto Operativo]. Hubiera sido entonces el momento de hacer la remodelación y no hubiera pasado nada», destacan desde la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC).

La semana horribilis del titular de Interior comenzó el pasado lunes por la mañana, cuando trascendió la destitución fulminante de Diego Pérez de los Cobos -un respetado coronel con más de 33 años de servicio en el Cuerpo, siete de los cuales al frente de la Dirección del Gabinete de Coordinación y Estudios de la Secretaría de Estado de Seguridad- como jefe de la Comandancia de Madrid. Con unos 4.600 agentes adscritos, es una base de gran importancia en el despliegue territorial del instituto armado.

La directora general de la Guardia Civil, María Gámez, había comunicado la noche antes a Pérez de los Cobos su cese por una sobrevenida «pérdida de confianza». Después de que el general jefe de la Zona de Madrid (José Antonio Berrocal) y el entonces jefe del Mando de Operaciones (teniente general Fernando Santafé) telefonearan al coronel para tratar de conocer si se había enviado un atestado al juzgado que instruye la causa del 8-M, Gámez lo destituyó de manera fulminante con el aval de Grande-Marlaska.

La socialista andaluza le recriminó a Diego Pérez de los Cobos que no hubiera dispuesto un sistema por el que sus superiores hubieran estado al tanto del envío a la juez Carmen Rodríguez-Medel de unas diligencias relativas a una investigación de máximo interés para el Gobierno. En concreto, se trataba de un informe registrado el jueves de la pasada semana y que resultó determinante para que la titular del Juzgado de Instrucción 51 de Madrid haya citado a declarar en calidad de investigado a José Manuel Franco, delegado del Gobierno de Madrid y el alto cargo que autorizó la manifestación feminista

Destitución, dimisión y defenestración

Como un efecto dominó, el cese desencadenó al día siguiente la dimisión del DAO y la posterior defenestración del teniente general Fernando Santafé, número tres del Cuerpo y la persona que teóricamente estaba llamada a sustituir a Laurentino Ceña. Desde la instauración de esta figura en la etapa del socialista Alfredo Pérez Rubalcaba como ministro del Interior, ningún Director Adjunto Operativo había dimitido hasta ahora.

«No se conocía una situación de zozobra igual en la Guardia Civil desde el caso Roldán y, en ambas ocasiones, provocada por agentes externos a la institución. Una situación que atacaría uno de los principios de los guardias civiles y que pondría en entredicho su independencia y neutralidad. Los guardias civiles sólo están al servicio de la ley», sostiene la Asociación Pro Guardia Civil (Aprogc).

La incógnita es si cuando Grande-Marlaska bajó el dedo en la noche del domingo y dio luz verde a María Gámez para que apartara a Pérez de los Cobos era consciente del movimiento telúrico que iba a provocar su decisión en un Cuerpo con estructuras muy tradicionales y donde los galones y la antigüedad siguen teniendo mucho peso. El inesperado frente abierto por el ministro hizo que las alarmas se encendieron el martes en cierto despacho de Moncloa.

El ministro recapacitará y será consciente de las líneas rojas que ha traspasado», opina un antiguo alto cargo del Ministerio del Interior

«Recapacitará y será consciente del lío en que se ha metido, porque esto va a tener bastante recorrido. Se dará cuenta de las líneas rojas que ha traspasado», señala a El Independiente un antiguo alto cargo del Ministerio del Interior que pide anonimato. Una de esas «líneas rojas» -sostiene la fuente- es haber forzado la máquina para intentar enterarse del contenido de una investigación judicializada que le afectaba al Gobierno del que forma parte.

«Es gravísimo lo que ha ocurrido. ¿Usted sabe lo que significa que un ministro transmita que se ha cargado a tal mando porque no le han pasado las actuaciones que está realizando como Policía Judicial? Eso es intocable y tiene que ser intocable. Sale a la luz que Trump exige el informe que un Cuerpo policial esté elaborando para el fiscal general y le hacen dimitir», destaca. «Si no se ha vuelto loco, el ministro es consciente de que se ha pasado y de la situación en que ha colocado a su equipo: él no ha firmado el cese, pero ha hecho que otra lo haga», añade el ex alto cargo.

En su artículo 15, el real decreto sobre regulación de la Policía Judicial obliga a los funcionarios a «guardar rigurosa reserva sobre la evolución y resultado de las concretas investigaciones que les hubieren sido encomendadas», sopena de incurrir en infracción disciplinaria y eventualmente en responsabilidades penales. De forma expresa, la magistrada que dirige la causa del 8-M advirtió de ese deber de sigilo a los investigadores al inicio de las pesquisas.

Tres décadas en la judicatura

El 20 de octubre de 1988, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó la orden por la que la comisión permanente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) asignó plaza a los 206 alumnos que habían superado el curso de formación en el Centro de Estudios Judiciales. Uno de ellos fue Fernando Grande-Marlaska, que, con el número 86 de su promoción, tuvo como primer destino el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Santoña (Cantabria). Iniciaba así una carrera que interrumpió cuando a primeros de junio de 2018, siendo vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) a propuesta del PP, lo llamó Pedro Sánchez para ofrecerle la cartera de Interior.

«Este ministro del Interior, con más de 30 años de juez, sabe perfectamente cuál es la competencia de un ministro y de un juez, y qué conocimientos debe tener uno y otro», ha dicho esta semana para defenderse de las acusaciones que le señalan por presionar a un coronel de la Guardia Civil para tratar de conocer las citadas diligencias judiciales.

Cuando en 2006 investigaba el chivatazo a ETA (caso Faisán) desde el Juzgado Central de Instrucción 5 de la Audiencia Nacional, Grande-Marlaska dio muestras del celo que ponía para que no se malograran las pesquisas. «Abstenerse de informar a superiores», ordenó a los policías que integraban la comisión judicial. Ese episodio se lo han recordado esta semana los diputados Macarena Olona (Vox) y Edmundo Bal (Ciudadanos) para censurar su forma de actuar.

La oposición ha lanzado esta semana una ofensiva tanto en el Congreso como en el Senado para que el ministro del Interior diera explicaciones por las destituciones y dimisión en la Guardia Civil y sus «injerencias» en el poder judicial, donde él ha desarrollado toda su carrera profesional. Grande-Marlaska ha desvinculado del procedimiento que dirige la magistrada Rodríguez-Medel la decisión de apartar a Pérez de los Cobos. «Ni este ministro, ni nadie del Ministerio, ni nadie de la Dirección General de la Guardia Civil ha solicitado al señor Pérez de los Cobos ni el informe ni el acceso al contenido del informe», defendió el viernes en el Senado.

Ninguneo al escalafón

Los reproches al titular de Interior tienen también que ver con la forma en que ha tratado de cerrar la crisis abierta en el instituto armado. No sólo ha purgado a uno de los cuatro tenientes generales -el valenciano Fernando Santafé, número tres del Cuerpo como Jefe del Mando de Operaciones y la persona que teóricamente estaba llamada a suceder a Laurentino Ceña en la DAO cuando éste pasara a la reserva- sino que ha optado por promocionar a dos generales de división en lugar de respetar el escalafón.

En la Guardia Civil existe una norma no escrita por la que los ascensos se llevan a cabo atendiendo a criterios de antigüedad y rango. Grande-Marlaska ha ignorado esa tradición, lo que ha agrandado el malestar en buena parte del Cuerpo. Así, el nuevo Director Adjunto Operativo será Pablo Salas, máximo responsable del Servicio de Información desde octubre de 2014. Y Félix Blázquez dejará la Autoridad Nacional de Coordinación de las actuaciones para hacer frente a la inmigración irregular en la zona del Estrecho de Gibraltar, mar de Alborán y ayudas adyacentes para convertirse en el próximo jefe del Mando de Operaciones.

No se conocía una situación de zozobra igual desde el ‘caso Roldán’. Sólo estamos al servicio de la ley», sostiene la asociación Aprogc

Según el ministro del Interior, esta reestructuración responde a un «proceso natural de sustitución de los equipos directivos» y obedece «única y exclusivamente» a la voluntad de dar un «nuevo impulso» a la Guardia Civil, iniciado el pasado mes de enero con la sustitución de Félix Azón por María Gámez: la primera mujer que dirige el Cuerpo en sus 176 años de existencia.

«Teníamos claro que, antes o después, se iban a producir cambios. Pero las formas no han sido las mejores porque se ha dado la sensación de que está vinculada a esta situación de crisis», expone un capitán. «Nos preocupa la imagen que se pueda generar y que parezca que se nos utiliza políticamente. Nos habíamos salvado hasta ahora de que se nos viese como ‘policía patriótica’ y esto puede provocar que entremos en contienda política y que se nos utilice como arma arrojadiza», advierte.

El relato que hace el ministro del Interior para tratar de explicar que todo estaba planificado y dar normalidad a la situación tiene varios puntos débiles. No ha dado una explicación convincente para explicar por qué ha adelantado su marcha Ceña, con el que -según ha reconocido- había pactado que permanecería en el puesto de DAO hasta el 2 de junio. El teniente general asturiano cumplió los 65 años el pasado 23 de marzo y aceptó continuar primero hasta el 13 de mayo -cuando terminaban los actos conmemorativos del 175 aniversario de la fundación del Cuerpo- y después hasta principios de mes de junio dado el estado de alarma. «Esto demuestra que Ceña dimite por sorpresa y sin esperárselo el ministro», apunta un mando de la Guardia Civil.

¿Y el sustituto de Pérez de los Cobos?

Si todo estaba planificado, tampoco se explica que tenga que llevar a un próximo Consejo de Ministros los ascensos de Pablo Salas y Félix Blázquez -de general de división a teniente general- para que puedan ocupar las nuevas responsabilidades para las que han sido elegidos. Ni que no se haya anunciado los nombres ni de los mandos que relevarán a aquéllos en sus funciones actuales ni el del coronel que, a partir de ahora, estará al frente de la Comandancia de Madrid tras dejar caer a Pérez de los Cobos.

El cese se ha producido días antes de que el Gobierno alcanzara un acuerdo con ERC -partido que ha aplaudido con entusiasmo la destitución del coronel, coordinador del dispositivo policial del 1-O y cuyo testimonio en el juicio contra los dirigentes independentistas apuntaló las posiciones de las acusaciones- para que se abstengan cuando se vote la próxima semana la sexta prórroga del estado de alarma.

Grande-Marlaska se siente fuerte y respaldado por Pedro Sánchez, pero su forma de gestionar la crisis ha causado «preocupación» en compañeros de gabinete

El malestar no es sólo con Grande-Marlaska. Las críticas también alcanzan la actuación de María Gámez, a la que se critica que haya estado «desaparecida» durante la pandemia. «Nos gustaría que la directora general diera la cara por nosotros como ha hecho Laurentino Ceña. Ahora bien, no somos ingenuos y somos conscientes de que ella es política y que quien la ha puesto en el cargo es el ministro. Cuando tenemos un problema, los guardias civiles queremos que nos los resuelvan, que den la cara por nosotros y dejar en buen lugar al Cuerpo», señala el presidente de la Asociación Escala de Suboficiales de la Guardia Civil (Asesgc), José Francisco Silva Nieto.

En opinión de este sargento primero, es «muy grave» que se haya querido utilizar a la Guardia Civil «como herramienta para cargarse la separación de poderes» y recuerda que el Cuerpo «no es la Policía del Gobierno», sino que está «al servicio de los intereses generales de los españoles». «Nos gustaría que esto no nos afecte y recibiremos con los brazos abiertos al futuro DAO y al Jefe del Mando de Operaciones, con hojas de servicios intachables. Hay que mirar al futuro», opina.

En un intento de eclipsar la crisis, el Gobierno anunció sorpresivamente el pasado martes el desbloqueo de los 247 millones de euros correspondientes al pago del tercer y último tramo del acuerdo de equiparación salarial con el que Interior tratar de recortar la brecha salarial con los Mossos y la Ertzaintza. Con todo, se desconoce aún en qué nómina cobrarán este complemento los policías nacionales y los guardias civiles y qué porcentaje le corresponderá a cada Cuerpo en el reparto.

La oposición se ha apresurado esta semana a exigir la dimisión de Grande-Marlaska por la crisis que ha provocado en la Guardia Civil. El ministro no va a cesar. Él se siente fuerte y plenamente respaldado por Pedro Sánchez, aunque entre algunos de sus compañeros de gabinete ha causado «preocupación» y «sorpresa» la forma en que ha gestionado el incendio que con sus decisiones ha provocado en el instituto armado.

‘Ni pena ni miedo’

Este jueves, el día que se publicó su cese en el Boletín Oficial del Estado (BOE) como Director Adjunto Operativo después de 667 días en el cargo, Laurentino Ceña acudió al Ministerio de Defensa a «despedirse oficialmente» de su titular. Más allá de la cortesía protocolaria, fue también una manera de marcar distancias con Grande-Marlaska, ministro que libra en la sombra un pulso con Margarita Robles.

De momento, el juez en excedencia que tiene como lema en la vida ‘Ni pena ni miedo’ -verso del poeta chileno Raúl Zurita que él tiene tatuado en su muñeca derecha- ha salido indemne de la situación que ha generado en la Guardia Civil por su falta de experiencia política. El tiempo dirá cuántos pelos se ha dejado en esa gatera y qué factura le pasa.

Comentar ()