El cierre del Estrecho de Ormuz tiene en jaque a la economía mundial. Cuanto más tiempo esté bloqueado o amenazado el paso de materias como el gas y el petróleo, más duro será el impacto sobre la inflación en el resto del mundo. Si el cierre es corto, los efectos sobre la economía serán limitados, pero si Irán quiere usar este enclave geográfico como arma arrojadiza contra EE. UU. y sus aliados, la situación puede alargarse. Para conseguirlo Irán cuenta con una fuerza naval singular: la flota mosquito.
“Prenderemos fuego a cualquier barco que intente cruzar el Estrecho de Ormuz”, amenazó este lunes el general de brigada iraní, Ebrahim Yabari, en una entrevista en la televisión estatal iraní. Esta advertencia ya ha surtido efecto y las aseguradoras de las navieras han advertido de que no cubrirán los costes en caso de ataque. Según el conteo del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de la Universidad de Tel Aviv, ya se han producido media docena de ataques a barcos comerciales por parte de Irán.
Un escenario de cierre duradero del estrecho implica un choque militar entre EE. UU. e Irán en esta vía estrecha de mar que conecta las petromonarquías con el mercado internacional. Donald Trump ya ha anunciado que se han destruido once barcos de la armada iraní. La armada estadounidense es muy superior a la iraní, pero no es la armada convencional en manos de fuerzas militares convencionales iraníes la que preocupa a los expertos.
La armada iraní se divide en dos ramas: la armada convencional (IRIN), con buques grandes como fragatas y submarinos para operaciones de alta mar, y la Guardia Revolucionaria (IRGCN), que opera de manera independiente de la IRIN desde cinco regiones navales y se estima que cuenta con hasta unos 20.000 efectivos.
La Guardia Revolucionaria comanda la flota mosquito, compuesta por cerca de miles de lanchas rápidas y el cometido de llevar a cabo tácticas irregulares usando minas, misiles costeros y enjambres de lanchas rápidas. Una guerrilla marina con bases en islas y costas para emboscadas que puede hacer mucho daño a armadas convencionales superiores sobre el papel. Es una fuerza que se adapta como un guante a un entorno que les favorece, como es el Estrecho de Ormuz, un paso congestionado de entre 30 y 90 kilómetros de ancho y que en la parte más angosta y navegable, la profundidad efectiva es menor, rondando los 50-60 metros, lo que lo hace vulnerable a emboscadas, minas, misiles y ataques desde islas iraníes.

La flota de los mosquitos está formada por lanchas rápidas de bajo tonelaje (menos de 10 toneladas), optimizadas para ir a mucha velocidad (50‑100 nudos) y con más maniobrabilidad que embarcaciones mayores en aguas de baja profundidad, por lo que pueden salir desde cualquier punto de la costa. No está claro cuántas lanchas componen esta flota, pero se calcula que existen entre 1.500 y 5.000. Llevan por nombre el de algunos de los "mártires", los soldados iraníes caídos en combate o liquidados en operaciones de EE.UU. e Israel.
Lanchas contra buques de miles de millones. "Esta asimetría es la equivalente al uso de los drones ahora mismo en Ucrania ya también en la guerra de Irán. Se están utilizando medios muy baratos, drones muy baratos que lo que permiten es desgastar al enemigo. Estas lanchas se pusieron en marcha hace muchísimo tiempo y son pequeñas en lanchas muy rápidas, armadas con 2 3-4 misiles cada una nada más", explica Ángel Gómez de Ágreda, coronel del Ejército del Aire y del Espacio en la reserva, y especialista en ciberseguridad, inteligencia artificial y autor de Un mundo falaz (Ariel)
Las embarcaciones rápidas también son versátiles en cuanto a sus capacidades. Las hay que portan ametralladoras pesadas (DShK 12,7 mm), lanzacohetes (107 mm), torpedos (Peykaap I), misiles antibuque (Noor / C‑802, Nasr, Ghader / Qader, Zafar) y lanzagranadas. Según la información publicada en medios iraníes algunas pueden lanzar misiles ASCM de 200‑300 km.
Los ataques en enjambre, además, con apenas una decena de lanchas, confunden a los radares de los grandes buques y a sus sistemas de defensa. Si estos ataques se combinan con misiles desde tierra, drones aéreos y navales kamikazes, su efecto disuasorio es muy grande. "Lo que hacen es obligar a atacar a muchos blancos, por lo tanto, hace muy difícil el contrarrestar esta amenaza. Saturan las defensas. Eso es lo mismo que los drones, es mandar enjambres de tal manera que tú uno lo neutralizas, dos también, 3 también, pero si te han mandado una docena al final, recibes varios impactos", explica Gómez de Ágreda.
Juan Rodríguez Garat, almirante retirado de la Armada española, considera que la capacidad naval de Irán ya es casi nula y la capacidad de la flota de los mosquitos es en la acción militar iraní no sirve para atacar grandes buques pero sí cree que su capacidad de poner minas y la capacidad para mantener cerrados el estrecho si Irán quiere.
En este sentido se refiere al caso de los hutíes. "Con todo su poder, EE.UU., Gran Bretaña e Israel, no consiguieron que los hutíes dejaran de disparar a los mercantes en el Mar Rojo", asegura el militar español. "Esto es mucho más complicado todavía. Piensa, por poner un ejemplo, que basta con que Irán tenga un vehículo con cuatro misiles antibuque aparcado en un sitio donde no le puedan disparar; eso es suficiente para que ningún buque mercante pueda aventurarse a cruzar el Estrecho de Ormuz. No es una cosa fácil levantar ese bloqueo", señala.
El estrecho es una zona bajo dominio iraní y ya tiene experiencia en combate en estas aguas. Lo hizo contra Irak en los años 80, cuando atacaba petroleros de aliados iraquíes. Además de incidentes con petroleros, también ha tenido varios encontronazos con barcos estadounidenses. En 2021, 13 lanchas de la Guardia Revolucionaria acosaron a seis buques de la armada de EE. UU., y en junio de 2022, tres lanchas acosaron al USS Sirocco y al USNS Choctaw County, acercándose a 50 yardas.
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