Ya desde la semana pasada se vislumbraba la posibilidad de que el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, peso pesado para todo el socialismo y apoyo capital para el propio Pedro Sánchez, pudiera ser imputado. Pero la dirección del PSOE y la Moncloa restaban importancia a esa hipótesis. No creían que pudiera suceder. Pero sucedió. Este martes. El exjefe del Ejecutivo está investigado por tráfico de influencias, organización criminal y falsedad documental por el caso Plus Ultra. Una auténtica bomba que conmocionó y primero enmudeció al partido y al propio Gobierno y que después hizo estallar la ira contra la Justicia, deslizando una persecución contra una figura icónica para todos los socialistas.
"Trasladamos un mensaje de tranquilidad, respeto a la Justicia y defensa de la presunción de inocencia —indicaron fuentes de Ferraz a través de un comunicado oficial—. José Luis Rodríguez Zapatero fue presidente del Gobierno durante dos legislaturas marcadas por un ambicioso programa de ampliación de derechos, igualdad y protección social. Muchas de esas medidas fueron pioneras en Europa y hoy forman parte del consenso social de nuestro país. La derecha y la ultraderecha nunca le han perdonado esos avances. El que pueda hacer, que haga". La cúpula apuntaba así a una de las frases lapidarias que dejó otro expresidente, el popular José María Aznar, en el otoño de 2023, cuando llamó a oponerse, cada uno desde su trinchera, a la ley de amnistía que fue la llave de la segunda investidura de Sánchez.
Rebeca Torró, secretaria de Organización del PSOE, fue aún más rotunda en X: "El que pueda hacer, que haga', llevado a su máxima expresión. El presidente Zapatero tiene todo mi apoyo. Respeto absoluto a la presunción de inocencia y a la Justicia". La número tres marcaba así la línea de defensa cerrada con Zapatero, primer expresidente de la democracia investigado por la Justicia española. Lo que estaba sugiriendo la dirección era una acusación de lawfare.
También la portavoz de la ejecutiva, Montse Mínguez, dejó un mensaje en redes sociales en ese sentido: "No pararán". Ambas dirigentes arropaban así, sin fisuras, al expresidente. No eran las únicas. Desde el Gobierno, el ministro de Transportes y miembro también de la dirección socialista, Óscar Puente, hacía aflorar otro argumento que se escuchaba en la cúpula: que a otro expresidente del Gobierno, el popular Mariano Rajoy, no se le tocó "ni un pelo" ni en el caso Kitchen ni en la Gürtel. También arroparon a Zapatero otros dirigentes como el secretario de Política Municipal de la dirección, Juanfran Serrano, o Javier Alfonso Cendón, secretario provincial del partido en León, la tierra de militancia del propio expresidente. Ambos apelaron a la presunción de inocencia frente a "cualquier intento de linchamiento político o mediático" y le expresaron su "apoyo" y "amistad".
En el PSOE, el shock era absolutamente brutal. Varios dirigentes indicaban que no querían creérselo. Que no podían creérselo. Porque Zapatero no es un dirigente más. No solo es venerado en el partido por su condición de expresidente, por las conquistas sociales de su Ejecutivo, como reseñaba el comunicado oficial, sino porque ha sido un activo fundamental para Sánchez y un anclaje crucial en las últimas campañas. En las generales de 2023, su contribución fue decisiva para animar a las bases, porque espoleó su orgullo.
El exlíder socialista defendió públicamente y con convicción las medidas del Ejecutivo, incluso las más polémicas, como la ley de amnistía o antes los indultos, y en esta complicada legislatura ha ejercido de puente con Junts —junto con Santos Cerdán, hasta que fue imputado y encarcelado provisionalmente por presunta corrupción— y de interlocutor con Carles Puigdemont hasta la ruptura del pasado octubre. Aunque en las primarias de 2017 se alineó con Susana Díaz, en cuanto ganó Sánchez aquella pugna interna recondujo su relación con él y se convirtió en una de sus personas de confianza y siempre ha mantenido una absoluta relación de lealtad con él. Era el contrapunto del otro expresidente socialista, Felipe González, muy alejado de Sánchez, del Ejecutivo y de Ferraz desde hace años.
Zapatero ha participado en prácticamente todas las campañas desde 2023, reclamado por la dirección y por las federaciones como un reclamo clave para despertar el voto. De hecho, en el camino hacia las andaluzas del pasado domingo, el expresidente se implicó a fondo del lado de la candidata, María Jesús Montero, a quien acompañó por última vez el pasado jueves en Cádiz. El viernes, último día de campaña, protagonizó otro acto, ya sin la exvicepresidenta, en Motril (Granada).
Ante los medios, uno de los primeros en pronunciarse fue el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page. "Personalmente, me deja de piedra. Espero que pueda quedar aclarado por el bien suyo, de su familia y el buen nombre del PSOE", señaló el barón socialista, para quien la imputación de Zapatero es "una noticia telúrica". García-Page precisó, en una entrevista en Más de uno (Onda Cero), que la opinión que tiene del expresidente es por su etapa política, y que si bien siempre le ha considerado "capaz de mover cielo y tierra para ganar votos", no le ha visto "con neurosis" ni "obsesionado con el dinero", informa EFE. Y aunque lleva mucho tiempo sin tratar con él, confió en que todo pueda quedar "explicado", de manera que le vaya "bien y se pueda defender".
Quien se deslindó de la estrategia de defensa de Zapatero fue el presidente de la Diputación de Cáceres, el socialista Miguel Ángel Morales: "Lo que se exige es investigación hasta el final, y no hay más, que se clarifique todo y que prevalezca la verdad", sostuvo en Cope.
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