Internacional

El sacerdote cismático español que atentó en Fátima contra Juan Pablo II armado con una bayoneta: "¡Abajo el Concilio Vaticano II!"

El papa Juan Pablo II durante su visita a Polonia en 1983.
El papa Juan Pablo II durante su visita a Polonia en 1983. | Bernard Gotfryd / Library of Congress

El 12 de mayo de 1981, el papa Juan Pablo II recibió varios disparos de Mehmet Ali Ağca cuando se encontraba en su papamóvil rodeado de fieles en la Plaza de San Pedro. El atentado contra Karol Wojtyła, pocas semanas después del que sufrió el presidente norteamericano Ronald Reagan, fue uno de los hitos del pontificado del polaco. Sin embargo, la historia olvidó (y el Vaticano trató de ocultar) que casi exactamente un año después de aquel día, el 13 de mayo de 1982 Juan Pablo II fue víctima de un segundo intento de asesinato, perpetrado esta vez por un sacerdote español. 

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Karol Wojtyła llegó al Santuario de Fátima en Portugal con el propósito de agradecer a la Virgen María, a la cual atribuía el haberle salvado la vida el año anterior. En ese momento, mientras el pontífice caminaba en la multitudinaria procesión de la vigilia mariana, flanqueado por un fuerte cordón de seguridad, se produjo el segundo atentado.

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El ataque

En esta ocasión, el terrorista no solo no era musulmán sino que vestía sotana. Juan María Fernández y Krohn, un sacerdote ultraconservador español de 32 años, se abalanzó sobre el papa empuñando una bayoneta de unos 35 centímetros de largo. Mientras lanzaba cortes al aire, vociferaba: "¡Abajo el Concilio Vaticano II!" y "¡Muera el comunismo!". 

Krohn, que había sido ordenado por el arzobispo cismático (no creía en la autoridad papal) Marcel Lefebvre, estaba convencido de que Juan Pablo II era en realidad un espía de la Unión Soviética infiltrado en la cúpula del Vaticano para destruir la fe desde dentro. Por ello, asesinar al pontífice era un acto de salvación para la llamada Iglesia Tradicionalista.

La sotana ensangrentada

La seguridad reaccionó con rapidez, logrando derribar y desarmar al español antes de que asestara un golpe letal. Ante los ojos del mundo y de las cámaras de televisión, el incidente no pasó de un forcejeo y el papa, sin alterar el gesto ni mostrar signos de dolor, continuó con la liturgia de manera normal, bendiciendo a los feligreses como si la hoja no lo hubiese tocado.

La versión oficial de la Santa Sede sostuvo que el atacante había fracasado rotundamente, pero tuvieron que pasar veintiséis años para que la verdad saliera a la luz. En 2008, el cardenal Stanislaw Dziwisz, secretario personal e íntimo colaborador de Juan Pablo II, reveló que el papa sí resultó herido. La hoja de la bayoneta logró alcanzar el cuerpo de Wojtyła, que exigió a su círculo íntimo que el ataque se mantuviera en un estricto secreto para no alarmar a los fieles ni robar el protagonismo a la Virgen de Fátima. Al regresar a su habitación tras la ceremonia, su sotana blanca estaba manchada y el pontífice sangraba profusamente por uno de los cortes que le asestó el sacerdote.

El destino de Fernández y Krohn

Incluso después del ataque, Krohn no mostró el menor arrepentimiento. Durante su juicio en Portugal, aprovechó el altavoz del estrado para seguir proclamando sus postulados anticomunistas y su rechazo al papado moderno. Finalmente, fue condenado a más de seis años de prisión.

Tras cumplir tres años de condena en una cárcel portuguesa, fue expulsado del país ibérico y abandonó el sacerdocio. A pesar de todo, su vida continuó ligada a la polémica, protagonizando incidentes menores e intentos de boicot en distintos actos públicos de Europa a lo largo de las décadas siguientes. Afincado en Bélgica, mantiene un blog en el que vuelca sus controvertidas opiniones.

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