La crisis migratoria de Ceuta, que supera ya las tres semanas sin apenas novedades más allá del traslado de una buena parte de los migrantes que quedan en el territorio a espacios seguros limitados, adquirió esta semana una importante derivada electoralista. Después de una tensión contenida, Gobierno y oposición abrieron ampliamente un enfrentamiento a lo largo de esta última semana por las diferencias sobre el retorno de los aproximadamente 8.000-10.000 migrantes que aún quedan en la ciudad autónoma –y tras un giro de criterio de varios ministros–, y por el relato sobre el nivel de implicación de las administraciones para la prevención, la gestión y la resolución de la crisis.
A pesar de que esta contienda es una importante antesala de unas generales clave, y pese a que todos los actores políticos afirman alejarse del interés electoralista y estar centrados en el interés de los ceutíes, en Ceuta se juega una importante batalla política que puede ser esencial de cara a las próximas municipales, especialmente cuando el dominio de los populares desde 2003 es claro. El presidente autonómico, Juan Jesús Vivas, acumula seis legislaturas a sus espaldas.
La situación es más compleja. El PSOE nacional intenta situar el debate en el eje entre el respeto a la ley y la defensa de los derechos humanos, frente a las posiciones de PP y Vox, a las que acusa de endurecer el discurso migratorio incluso de mantener actitudes racistas. Pero las fisuras dentro del propio núcleo socialista ceutí hacen que un núcleo de críticos acuse al Gobierno de Pedro Sánchez de seguir un interés electoral y no el ciudadano en el municipio. Hay una competencia por promover una reformulación de las siglas de cara a esos comicios.
¿Quién sale a priori más favorecido de la crisis migratoria en términos políticos? No hay encuestas locales recientes, pero sí nacionales en el que se aprecia un sostenimiento o reforzamiento ligero de PP y Vox, mientras que la crisis migratoria desgasta al PSOE un par de escaños. En el debate ceutí, hay una buena parte de corrientes políticas y por ende de representantes públicos, que coinciden en la ausencia de implicación del Gobierno central en la resolución de esta crisis y la dotación de medios. Son PP, Vox, parte del PSOE, y partidos locales progresistas como el Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MDyC). La cúpula del PSOE ceutí, dirigida por el también delegado del Gobierno de la ciudad, Miguel Ángel Pérez Triano, y el partido Ceuta Ya! coinciden en arremeter contra Vivas por no verlo implicado desde el principio.
Hay que añadir que en esa competencia interna del propio PSOE, los críticos alertan del peligro electoral –aunque priorizando la situación de Ceuta– que supone no dar respuesta a los problemas de los ciudadanos. Prevén que la actitud del partido bajo tutela de Ferraz puede fomentar la desaparición de las siglas en la región, incluso.
Aunque no contemplan esta crisis, sí hay encuestas de finales de 2025, como la de SyM Consulting de noviembre, que se dan después de un notable crecimiento de la presión en la frontera; de un aumento del 33% de las entradas irregulares por la frontera en comparación con el año anterior. Esta elevaba en un escaño y un par de puntos porcentuales el voto de PP y Vox respecto a los comicios de 2023. Los episodios menores desde entonces hasta finales de 2024 ya advertían al cierre de ese año de un crecimiento de Vox. Tanto al cierre del 2024 como en 2025, en esas encuestas, se refleja que la presión migratoria deja al PSOE ceutí salía damnificado. De 6 a 5 escaños en 2024, y de 6 a 4 representantes y cuatro puntos menos de voto en noviembre.
Los sondeos de finales del año pasado ya alertaban de un desgaste del PSOE y un ligero crecimiento de PP y Vox
La tendencia en paralelo a momentos complicados en materia migratoria deja entrever beneficio electoral para las derechas. Los partidos localistas mantienen la misma representación que en 2023. Ocurre a nivel nacional, y se ha dado en periodos previos, como la crisis canaria comentada, o con el anuncio de la regularización extraordinaria de migrantes pactada por el Gobierno a principios de año. Como viene haciendo Vox, el PP está priorizando el discurso migratorio como gran tema de debate electoral.
Un viraje a la derecha de décadas
Después de una victoria inicial de independientes en las primeras elecciones ceutíes, el PSOE dominó los dos procesos de los ochenta, aunque siempre con gobiernos en minoría. Una carambola en el socio minoritario, el Partido Nacionalista Ceutí, llevó a una coalición conservadora a mediados de la década al poder y frustró los planes de Francisco Fraiz. Él, junto a sectores socialistas fundó un nuevo partido, Progreso y Futuro para Ceuta (PFC) con el que ganó las elecciones casi por absoluta y requiriendo de sus excompañeros y Ceuta Unida, liberal-conservadora. A principios de los noventa pese a la victoria del PP, el PFC revalidó el gobierno con la misma alianza. Hasta la fecha, el voto progresista destaca sobre el conservador. Aunque sobre todo tienen protagonismo los partidos independientes o localistas –con el 40-50% del voto– sobre el bipartidismo que predomina a nivel estatal.
Ese apoyo a localistas se repite en las elecciones de 1999, pero hay un importante viraje a la derecha: las candidaturas de esta tendencia suman casi el 70% del voto. Gana la candidatura del Grupo Independiente Liberal (GIL), partido creado por Jesús Gil para concurrir en Marbella y que se extiende por otras provincias malagueñas y la ciudad autónoma, aunque una coalición entre populares, socialistas y otros independientes y localistas impide que gobierne y dan al PP su primer mandato. Ese impulso de las tendencias conservadoras se mantiene y consolida una sucesión de mayorías absolutas del PP a partir de 2003 con Vivas ya al frente.
Cuatro absolutas y dos gobiernos en solitario de Vivas
En esas elecciones los populares logran más del 63% del voto y 19 escaños de los 25 que reparte la Asamblea (13 para la mayoría absoluta). El resultado del conservador Partido Democrático y Social de Ceuta (PDSC) repite esas cotas de voto en el bloque próximas a los 70 puntos. Por la izquierda, el PSOE ceutí viene tiempo siendo perjudicado por los partidos locales. Desde los casi 32 puntos alcanzados en 1987, atraviesa un proceso de pérdidas que les lleva a los 12 puntos de media en los noventa y a empezar el siglo en poco más del 8%. Además del impulso del PP como alternativa bipartidista, los socialistas padecen a un competidor recién fundado en 2002, la Unión Demócrata Ceutí (UDCE), por encima del 10%, y el Partido Socialista del Pueblo de Ceuta, rozando el 5%.
En 2007 la derecha mantiene su fuerza y la Asamblea torna a un tripartito. El PP de Vivas mantiene sus escaños, gana un 2% del voto y la UDCE se consolida ganando seis puntos extra de voto en coalición con IU, convirtiéndose en partido de la oposición. Tras la crisis económica, en 2011, Vivas conserva las cifras de votos, el 65%, pero pierde un escaño que no repercute en su absoluta. Sí se recupera ligeramente el PSOE superando el 11% con la UDCE en el 14%, segundo y ahora integrado dentro de la coalición Caballas.
Al mismo tiempo que el bipartidismo se rompe a nivel nacional, Ceuta sufre un nuevo cambio en su sistema de partidos en 2015. Vivas se hunde hasta el 45% del voto y queda en los 13 escaños necesarios para conservar el poder de forma autónoma. Y aunque el centroderecha se mantiene ligeramente con la irrupción de Ciudadanos con un escaño, la izquierda empieza a recuperar peso. El PSOE vuelve a la segunda plaza con un 14%, con algo más del 13% Caballas en tercer lugar, y entra con cuatro escaños una escisión de la formación, afín a Podemos y los movimientos sociales de izquierdas, MDyC, superando el 11%. El balance, sin contar a otros partidos más pequeños, es de un 51% para PP y Cs y de 38,5% para el centroizquierda.
Entrada de Vox a la Asamblea
El panorama vuelve a configurarse en 2019, con un viraje a la derecha de la sociedad ceutí. Vox irrumpe por primera vez con 6 representantes y el 22,3% de los votos, arrebata a Vivas (31%) buena parte de sus votos, mientras que otra pasa de nuevo al PSOE, que mantiene la segunda plaza con el 25,6%. El localismo, por primera vez en mucho tiempo, pasa a un plano secundario, con MDyC y Caballas en torno al 6% cada uno y con 2 y 1 representantes. Vivas, en todo caso, busca acuerdos en solitario con los socialistas para continuar al frente, algo que se repite tras las elecciones de 2023. Vivas gana algunos votos a costa de Vox, que pierde un escaño, y MDyC duplica sufragios a costa del PSOE, aunque la situación no cambia. Por entonces, su líder, Fátima Hamed se había vinculado a Sumar y a Yolanda Díaz.
Como en 2023, las últimas encuestas apuntan al fortalecimiento de PP y Vox, pero añaden una novedad inédita. Mientras las derechas ganarían votos en 2027, el PSOE volvería a cifras de 2015 sin que esas pérdidas electorales beneficien a los movimientos de izquierda musulmana o en favor de la diversidad cultural como venía sucediendo hasta la fecha. Volvería el MDyC a sacar dos diputados y uno Ceuta Ya!, la refundación de Caballas.
La inmigración como acelerador del voto a la derecha
Desde finales de los noventa y principios de siglo, el voto a la derecha ha predominado, por lo que no se puede decir que la principal consecuencia del crecimiento conservador sea la inmigración. Pero sí hay indicios de que la presión migratoria y fronteriza puede actuar como acelerador de ese crecimiento. En 2015, la izquierda avanza y Vox como en el resto de España es irrelevante. Pero la marca crece rápidamente entre 2018 –incluso gana en las generales– y 2023, en los peores momentos para la ciudad autónoma.
En julio y agosto de 2018 se produjeron dos de los grandes saltos hasta la fecha, muy violentos. El primero conllevó la entrada irregular de 602 migrantes subsaharianos en primera instancia. Resultaron heridos 132 y 22 agentes, de los cuales cuatro fueron hospitalizados. En agosto unos 300 migrantes intentaron entrar y la mitad lo consiguieron. Siete guardias civiles fueron heridos y uno hospitalizado. Junto al goteo de entradas, la cifra de entradas alcanzó las 1.400, casi tres veces más de las plazas de acogida general disponibles en su CETI.
En 2021 se superaron esas cifras notablemente. Entre el 17 y 18 de mayo entraron 8.000 personas bordeando el espigón del Tarajal por mar, fruto de la relajación de los controles de Marruecos poco después de que España acogiese al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, para recibir tratamiento sanitario. Hubo devoluciones en caliente calificadas de ilegales por el Supremo en 2024, y el asunto se saldó con la inhabilitación de la vicepresidenta ceutí y la delegada del Gobierno en Ceuta por prevaricación, en 2025.
Entre el 16 y 18% de los ciudadanos ceutíes vienen mostrando preocupación por la inmigración desde 2022
Ahora hay diferencias que pueden agravar la reacción hacia un voto crítico con los partidos del Gobierno, y es la beligerancia entre Gobierno central y ceutí, ruptura dentro del propio PSOE y sensación de abandono generalizada en las calles. ¿Cómo de importante es la inmigración para los ceutíes? Según los microdatos del último CIS disponible, el de junio, un 16,7% de los ceutíes considera la inmigración como un problema, mientras que uno de cada diez se refieren a los políticos y la calidad de los servicios públicos. El paro, la economía, la corrupción y la vivienda son las principales preocupaciones. Hay precedentes como la encuesta de NC Report de 2022 que recoge El Faro de Ceuta y que elevaba al 18,2% esa preocupación, poco después de esa gran crisis, solo por detrás de las preocupaciones económicas y el desempleo.
Según un sondeo de Sigma Dos del 8 de agosto publicado en El Mundo, la mayoría de los ceutíes exigen mano dura con la inmigración y las entradas irregulares en la ciudad. El 82% apoya militarizar la frontera con Marruecos, y lo piden el 72% de los votantes del PSOE. Según un estudio de Diáloga Consultores realizada para Ceuta Actualidad, un 36,4% de los votantes ceutíes se consideran de centro, un 5 en una escala de 0 a 10, y se aprecia una evolución menor pero al alza hacia la derecha que hacia la izquierda. Se retrata, por lo tanto, a un votante medio de centroderecha (5,85) que coincide con esa tendencia de voto comentada. Uno de cada diez se declara de extrema derecha. De media, los parados y estudiantes apoyan al PSOE y más a MDyC, y los jubilados y trabajadores a PP y Vox por encima del 20%. El voto a la derecha es más masculino que femenino tanto para PP como para Vox.
Ceuta llega así a nueve meses de las elecciones con un mapa político muy distinto al de hace dos décadas: la derecha ya no necesita disputar la hegemonía electoral, sino decidir hasta dónde puede ampliarla; y el PSOE afronta el reto de evitar que la crisis migratoria acelere una pérdida de espacio que arrastra desde hace años.
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