España

Estalla la olla a presión de Ceuta

Golpeada por graves pérdidas económicas, la ciudad roza el colapso operativo, la falta de transparencia y la sensación de inseguridad

Manifestación para protestar por la situación provocada por la llegada masiva de migrantes
Manifestación para protestar por la situación provocada por la llegada masiva de migrantes | Marcos Moreno / Europa Press

La crisis migratoria ha saltado los muros de la frontera para golpear la espina dorsal de Ceuta. Lo que empezó hace semanas como un drama contenido en la costa, rodeado de incógnitas, se ha transformado en una realidad llena de certezas: comercios a medio gas, grupos ultras de distinto signo tensionando las calles y un vecindario que alza la voz ante una situación que percibe como ingobernable. La emergencia ya no se concentra en la línea que divide España y Marruecos; sino que llega a cada rincón de la ciudad autónoma mientras la sanidad roza el colapso y en los despachos donde se toman las decisiones siguen sin llegar respuestas claras para una ciudad que no para de esperar. Ceuta, sencillamente, se asfixia.

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Marina tiene miedo

Para Marina, una 'caballa' de 29 años, la crisis se ha convertido en una decisión diaria: cuándo salir de casa y cuándo se está mejor dentro: "Te encuentras en el portal a gente llena de cortes y enfrentándose a cuchillazos", relata. Desde que comenzaron las llegadas masivas, sus tres hijos permanecen "confinados en casa". Cuando Marina se ve obligada a desplazarse por la calle, dice que lo hace "acompañada y con un spray de pimienta en el bolsillo".

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"Tenemos miedo y nos preocupa la vuelta al cole". Marina también relata cómo el colapso de la red de acogida de la ciudad autónoma obligó a habilitar de forma improvisada varios centros educativos como alojamientos de emergencia para personas recién llegadas. La ceutí ha decidido encabezar a un grupo de familias que exige aplazar el comienzo de las clases. "Las madres y padres sentimos miedo de que nuestros hijos entren en el colegio y se encuentren con 15 o 20 personas allí durmiendo y haciendo sus necesidades", denuncia, al tiempo que observa con frustración cómo los recursos públicos se concentran en responder a la urgencia mientras la población local se siente desatendida: "¿A nosotros quién nos ayuda?", se pregunta.

Grietas en la paz de Ceuta

La perturbación de la normalidad ceutí ha venido acompañada de una escalada de episodios de inseguridad y violencia en distintos puntos geográficos de la ciudad: por un lado en Benzú, donde un grupo de migrantes atacó a pedradas a una patrulla de militares que circulaban en vehículo no blindado; un incidente que obligó a los efectivos a abandonar el coche y huir a pie, dejando un balance de cuatro militares heridos y doce personas detenidas. Mientras por otro lado, en El Chorrillo, una persecución policial terminó con la detención de un individuo acusado de una presunta agresión sexual a varias jóvenes en plena vía pública.

Ceuta ya es marroquí. Los españoles ya se van...

La violencia que se está viviendo en Ceuta tampoco entiende de procedencias. El juez Antonio Pastor ha confirmado en declaraciones para Cuatro la existencia de al menos 16 investigaciones judiciales abiertas por agresiones sexuales en la ciudad autónoma desde que comenzó el episodio de entradas masivas. La mayoría de las víctimas, según señaló, son mujeres migrantes en situación de extrema vulnerabilidad.

A esto se suman otros problemas que empiezan a hacerse visibles sobre el terreno: en las inmediaciones de las zonas más saturadas han comenzado a detectarse pequeños trapicheos de droga en los que estarían implicadas personas cuya edad aún está por determinar, según explican fuentes cercanas a la zona. Precisamente, saber quién es menor y quién no se ha convertido en otro de los quebraderos de cabeza de la emergencia. Para ello se recurre, en algunos casos, a pruebas radiológicas de muñeca de cuyo resultado depende que una persona entre en el sistema de protección de menores o quede sujeta a la vía penal de adultos.

Los mensajes de odio se multiplicaron por tres

El clima de crispación se ha trasladado de forma simultánea al espacio digital. Datos del Sistema FARO del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones revelan que los mensajes de odio en redes se multiplicaron por tres en apenas 48 horas a finales de julio, registrándose cerca de 10.000 interacciones en ese breve espacio de tiempo.

Tenemos derecho a que nos protejan

Mientras tanto, la anarquía de las redes ha dado paso a vídeos atribuidos a jóvenes marroquíes en los que se lanzan mensajes provocadores y en los que se llega a proclamar la ocupación de la ciudad: en darijá, claman: "Hermanos, como veis hemos ocupado Ceuta. Actualmente Ceuta ya es marroquí. Los españoles ya se van, como veis, se van fuera. Venga, Marruecos precioso". Al otro lado, grupos ultranacionalistas procedentes de la Península se han desplazado también hasta Ceuta para tratar de movilizar protestas hacia zonas especialmente sensibles.

Frente al avance de la polarización, vecinos como Enrique Ávila apelan al equilibrio y citan una máxima de Ortega y Gasset "No es eso, no es eso" para frenar una espiral de indignación incontrolable: "Nos hemos ganado el apoyo de la práctica totalidad de los españoles y lo vamos a tirar por la borda si seguimos por este camino; sobran los agitadores que, micrófono en mano, llaman a la violencia. Nuestros vecinos musulmanes no se pueden sentir amenazados por el mero hecho de practicar su religión. Hay algo muy fuerte que nos me une: somos españoles".

Con respecto a la respuesta de la administración, Ávila también lo tiene claro: "Tenemos derecho a exigir al gobierno que resuelvan la situación. Que apliquen todas las medidas de todo tipo, que las hay y no entiendo por qué no se aplican. Tenemos derecho a que nos protejan. Y si la solución es impedir que las personas que nos han invadido circulen a su antojo, se impide. Como he dicho antes, hay herramientas legales para hacerlo. En la pandemia de COVID se usaron".

La asfixia económica del comercio y la frontera

La parálisis no se queda solo en la convivencia. La economía local también acusa el golpe y algunos negocios empiezan a ver el cierre como una posibilidad real. En el polígono industrial de El Tarajal, un espacio de naves ya muy castigado por la pandemia de COVID-19 —cuando apenas sobrevivió entre un 15% y un 20% de las empresas—, la crisis migratoria ha terminado por vaciar unas calles que dependen, en buena medida, del movimiento de clientes.

Un comerciante del sector del hogar que ha preferido permanecer en el anonimato explica el impacto directo en la actividad diaria: las mujeres, que representan el 80% de su clientela habitual, evitan acudir por temor a dejar sus vehículos en zonas donde transitan grupos desorientados sin rumbo fijo: "Pedimos un SOS, eso es lo que quiero que se transmita. Si esto sigue así, nosotros también tendremos que cerrar", advierte el empresario.

El drama humano bajo las lonas

La infraestructura de asistencia a los recién llegados ha superado de largo su capacidad máxima, generando una cadena de traslados e improvisaciones de emergencia. Tras la evacuación del campamento de Sidi Embarek a causa de un temporal de lluvias, el mando único de la crisis derivó a los migrantes hacia los terrenos cubiertos de la asociación Luna Blanca. Aunque el recinto ofrece un techo, carece por completo de aseos y duchas. Entre los acogidos se encuentran varias mujeres embarazadas, algunas a término, que dependen de las cerca de mil raciones diarias que reparte la ONG a pesar del paulatino agotamiento de sus propios suministros.

No quiero que mi ciudad se convierta en un foco de violencia, de pederastia

La presión sobre estos puntos de reparto ha degenerado en incidentes violentos, incluyendo agresiones a voluntarios, medios de comunicación, bloqueos a la distribución de alimentos y la quema intencionada de tiendas de campaña por parte de los sectores más hostiles. En barrios periféricos como Fuerte Almina, la saturación ha llevado a las asociaciones de vecinos a promover iniciativas ciudadanas en plataformas online para exigir el traslado del Centro de Estancia Temporal de Migrantes (CETI) fuera de la zona residencial, argumentando la sobrecarga estructural que sufren los servicios públicos locales.

En el asentamiento de Sidi Embarek, Abdellah Mustafa, presidente de la asociación de vecinos de la zona, también mostró su preocupación cuando, en declaraciones para El Faro de Ceuta, expresó el temor que se estaría extendiendo por parte del barrio: "No quiero que mi ciudad se convierta en un foco de violencia, de pederastia". La tensión, de este modo, se mueve en dos direcciones. Los recursos no alcanzan para quienes llegan y los vecinos sienten que tampoco alcanzan para quienes ya estaban.

Contención al límite de sus fuerzas

Sobre el terreno, la contención del escenario recae en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y en el Ejército, cuyos efectivos operan al borde del agotamiento físico y operativo. Desde la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), su portavoz en Ceuta, Rachid Shibi, ha instado a la ciudadanía a no tomarse la justicia por su mano y dejar actuar de manera exclusiva a las fuerzas del orden.

Las condiciones bajo las que operan los agentes se caracterizan por una tensión ininterrumpida con jornadas maratonianas en las que cuadros policiales e integrantes de las Fuerzas Armadas llegan a cubrir turnos de hasta 16 horas continuadas debido a las entradas intermitentes que no cesan en la línea fronteriza.

Además, organizaciones como la Unión Federal de Policía (UFP) y la Confederación Española de Policía (CEP) denuncian que las dietas resultan insuficientes para cubrir el coste real de vida en Ceuta y critican las precarias condiciones de alojamiento destinadas a los agentes desplazados desde la Península, que les lleva incluso a tener que adelantar dinero de su bolsillo para poder continuar trabajando.

Por otro lado, también preocupan los riesgos biológicos y sanitarios: La AUGC elevó ante la Dirección General de la Guardia Civil una comunicación formal de riesgo por la constante exposición de los efectivos a fluidos corporales durante cacheos y traslados. Esta vulnerabilidad se ha materializado en un brote confirmado por el Ministerio de Defensa que afecta a 24 militares del Grupo de Regulares nº 54, contagiados de sarna durante las intervenciones. El desgaste de quienes están en primera línea es, en cierto modo, el reflejo de lo que ocurre en el resto de Ceuta.

Casi un mes después, la crisis ha dejado de ser una imagen concentrada en la frontera. Se ha repartido por toda la ciudad. Está en los padres que no saben qué encontrarán sus hijos al volver al colegio. En los comerciantes de El Tarajal que miran cómo se vacían sus locales. En las lonas de Luna Blanca, donde una mujer embarazada espera bajo un techo que ni siquiera tiene duchas. En los vecinos que piden alejar el CETI de sus barrios. En Marina, que lleva un spray de pimienta cuando sale de casa. En los manifestantes que cruzan una línea cada vez más fina. En fanáticos de las dos orillas agitando el avispero. En los policías y militares que acumulan horas mientras intentan contenerlo todo.

Y también está en Enrique Ávila, que merece cerrar con su reflexión: "Ojo con entrar al trapo de quienes no buscan otra cosa que fractura social. En esta ciudad vivimos personas de diferentes creencias, e incluso ninguna, y debe seguir siendo así. De esta tenemos que salir más fuertes, más unidos, y con la cabeza muy alta". 

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