El rey Abdullah bin Abdulaziz Al Saud debió de ser un hombre dadivoso. Parece que, en su visita a España, en 2007, según dicen las fuentes cercanas a Rodríguez Zapatero, el rey saudí regaló al entonces presidente español una colección de joyas que conforman el grueso de lo encontrado por la UDEF en la caja fuerte de su despacho, y cuyo valor ascendería a 1,3 millones de euros.
Aclaremos antes de continuar que Zapatero no dijo nada de las joyas al juez Calama en su declaración el pasado miércoles. También hay que decir que el autoproclamado portavoz del ex presidente, Luis Arroyo (menudo papel para el presidente del Ateneo cuando tuvo que rectificar después de haber dicho que el valor de las joyas estaría "entre 20.000 y 50.000 euros"), aún no se ha pronunciado sobre ese punto, aunque, en un primer momento, descartó que se tratase de un regalo de algún jeque del Golfo. Pero lo que le ha dado credibilidad a esa tesis, más que el hecho de que haya sido difundida por el director del programa Mañaneros, Javier Ruiz, ha sido que el presidente del Gobierno le diera pábulo, al afirmar el pasado jueves en Bruselas que todos los presidentes han recibido regalos y que las cosas en España no son lo mismo ahora que en 2007 (supuesta fecha del regalo).
Hecha esta aclaración, sigamos con el relato.
Ese mismo rey saudí que supuestamente agasajó a Zapatero en su visita a Madrid, un año después, en 2008, regaló a Juan Carlos I unos 100 millones de dólares que este ingresó en una cuenta de la sociedad Lucum, que era de su propiedad. Aunque la Fiscalía del Supremo investigó ese dinero, que luego el rey transfirió a Corinna Larsen como "donación irrevocable", como una posible comisión por la adjudicación del AVE a La Meca, finalmente llegó a la conclusión de que, en efecto, se trataba de un regalo. Hasta el año de su abdicación, 2014, el rey era penalmente irresponsable, pero a partir de esa fecha, no. Sin embargo, ¡oh, fatalidad!, el delito fiscal que habría cometido por no haber declarado tan suculento premio había prescrito.
Bueno, pues eso, al parecer, es lo que pretende la defensa de Zapatero: que las joyas fueron un regalo hecho hace casi 20 años, lo que descartaría el delito de contrabando, y, además, esto es lo importante, conllevaría que el posible delito fiscal hubiera prescrito.
La inmoralidad no prescribe. Si Zapatero admite que las joyas fueron un regalo que no declaró, políticamente está muerto
Vamos a ver cuál es la explicación que da Zapatero cuando en unos días tenga que volver a declarar por este mismo asunto ante Calama. Lo que podemos dar por hecho es que no admitirá que esas joyas son el pago por alguna contraprestación. Pero si el ex presidente afirma que se trata de un obsequio será el instructor, auxiliado por la UDEF, el que tendría que demostrar que no es así.
Dudo mucho que la monarquía saudí, ahora comandada por el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, esté dispuesta a colaborar con la Justicia española en este asunto. Tampoco creo que Zapatero pueda exhibir un cheque regalo, como si las joyas se hubieran comprado en El Corte Inglés. Ardo en deseos de conocer los documentos que Zapatero busca y rebusca desde hace un mes y que demostrarían la tesis del regalo.
El abogado del ex presidente, Víctor Moreno Catena, está en su obligación de buscar el delito menor que encaje con los hechos ya conocidos. Otra cosa es que eso le sirva a su cliente para salir del atolladero en el que se ha metido.
Políticamente, la imputación del ex presidente por el rescate de Plus Ultra y las "dichosas joyas" (expresión que utilizó Calama en su interrogatorio) sólo tiene una salida digna para él: el archivo de la causa por falta de pruebas, o porque se demuestre que no ha incurrido en ningún ilícito penal.
Sin embargo, esa salida digna ahora es ya imposible. Primero, porque Zapatero ha mentido reiteradamente al afirmar que no hizo ninguna gestión en favor de Plus Ultra (la llamada a Juan Manuel Cendoya, vicepresidente de Banco Santander, para que recibiera al CEO de la compañía es una gestión encaminada a favorecer a la aerolínea), y, en segundo lugar, porque la declaración de Pedro Sánchez, dando por hecho que Zapatero recibió un valiosos regalo que no comunicó a Hacienda, es como si estuviera poniendo la venda antes de que veamos la putrefacta herida.
¿Acaso piensa Sánchez que Zapatero saldrá indemne políticamente después de haber admitido la comisión de un delito fiscal por mucho que esté prescrito? ¿Acaso creen Sánchez y Zapatero que el PSOE no sufrirá un daño irreparable si el considerado "faro moral" del partido admite que no comunicó al Fisco un incremento patrimonial de 1,3 millones de euros?
Una figura pública tiene, además de la obligación de cumplir la ley y pagar sus impuestos, un deber moral con el resto de los ciudadanos. Su comportamiento debe ser ejemplar.
Por mucho que la Fiscalía del Supremo estimase prescrito el delito fiscal en el caso de don Juan Carlos, el daño a su figura estaba ya hecho desde el momento en que reconoció que los 100 millones de dólares que le dio a Corinna, procedentes del regalo del rey saudí, no los había declarado en España. Algo parecido le sucede a Zapatero. Asumir que se ha quedado con las joyas, en lugar de entregarlas a Patrimonio, sin decirle nada a Hacienda, es desastroso para su imagen, esté o no prescrito el delito.
La inmoralidad no prescribe. Cuando uno ha presumido de ética, de no haber tenido nunca una sociedad porque eso sería como eludir el pago de impuestos, enriquecerse y no cumplir con el Fisco es lo peor que se puede hacer. Si, finalmente, Zapatero admite que las joyas fueron un regalo, la única manera que tendría el PSOE de amortiguar el golpe sería expulsándole del partido. Pero Sánchez no dará ese paso nunca, porque él y su pana Zapatero han unido su destino.
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