El ex presidente de Ciudadanos durante un acto de campaña en Sevilla. EFE

Política

Así terminó Ciudadanos con la ilusión de sus votantes

La abstención fue la principal bolsa a la que fue a parar la sangría de votos de Ciudadanos, al que lastró la gestión de su relación con Sánchez, los pactos territoriales o la imagen desgastada de su líder

La historia de Ciudadanos tras los resultados de las elecciones generales del pasado domingo es la de un partido que pudo tenerlo todo pero que, finalmente, se quedó sin nada. Sin nada porque de casi tocar el cielo el pasado mes de abril, con 57 diputados y al borde del sorpasso al PP, una cadena de «errores estratégicos», apuntan destacados dirigentes del partido, terminaron por soterrar las aspiraciones de un líder que soñó con ser el Emmanuel Macron español.

La repetición electoral terminó llevándose por delante a Albert Rivera, que precipitó a la formación que había gobernado durante 13 años al vacío: convenció al 6,79% de los votantes -nueve puntos por debajo de lo cosechado el 28 de abril- y perdió 47 escaños, dejando a la mayor parte del grupo parlamentario de la pasada legislatura fuera de juego.

Muchos son los factores que entran en juego para explicar un naufragio sin precedentes en la democracia española, teniendo en cuenta que entre unas generales y otras apenas han pasado siete meses.

Y las primeras circunstancias obedecen a móviles técnicos. El equipo de Albert Rivera había centrado los debates electorales y los últimos días de campaña -cruciales para el partido con el votante más heterogéneo y volátil del mapa político- en activar al 2% de su electorado, según cábalas internas, podría haber supuesto entre 10 y 20 escaños más para salvar al menos la barrera del 7%. Pero erró.

Ciudadanos no logró atar en corto a los indecisos. Perdió 2,5 millones de votos respecto al 28 de abril y se cumplieron en mayor o menor medida los análisis prelectorales, en los que había consenso en situar a los de Rivera como principales surtidores de abstencionistas: el 25% de los votantes de abril no acudió a votar, según apunta la empresa demoscópica ‘Sigma Dos’ para el diario El Mundo, que sólo erró en un 1,2% de media por partido en su pronóstico para las generales.

Ciudadanos tiene el votante más desmovilizado, el que más tarda en calentar»

Las políticas y la estrategia del proyecto liberal acabaron con la ilusión del electorado naranja, que se desangraron sobre todo por la derecha. De hecho, 900.000 personas que en abril eligieron a Rivera, optaron el 10 de noviembre por introducir su papeleta en la urna a favor de Pablo Casado. Cifra importante también la del trasvase a Vox, que se alimentó de unos 387.000 votantes naranjas (9,5% del electorado de Ciudadanos); y, en menor medida, al PSOE, que abrió la puerta a la entrada de 203.000 sufragios liberales (5% de los votos).

«Ciudadanos tiene el hándicap de contar con el votante más desmovilizado, el que más tarda en calentar. Tiene que hacer el doble de esfuerzos para levantarle del sofá, y esta vez se ha quedado muy lejos de lograrlo», ratifica el politólogo y profesor en la Universidad Carlos III de Madrid, Pablo Simón, quien también apunta a «una cadena de errores históricos desde abril» para explicar la -casi- sentencia a muerte a Ciudadanos, de los que el aparato del partido, salvo algunos dirigentes territoriales, aún no ha hecho autocrítica más allá de la dimisión «responsable y ejemplar» de su presidente.

De partido bisagra a hegemonizar el centro-derecha

Ciudadanos ha experimentado una caída de vértigo en menos de dos años. En 2018 algunos sondeos le daban incluso la primera posición en el fragmentado mapa político que ya había dejado atrás el bipartidismo. El auge del independentismo, las rebeliones internas en el PSOE -Pedro Sánchez ni si quiera tenía escaño en el Congreso- o la corrupción del PP fue una alineación de astros perfecta que llevó a Albert Rivera a soñar con la Moncloa.

Pero la retirada del apoyo al Gobierno de Mariano Rajoy abogando su función de partido regenerador que aprovechó Pedro Sánchez para su moción de censura comenzó a lastrar las aspiraciones de Rivera que, no en vano, logró en abril el mejor resultado de su historia, pulverizó las encuestas y casi supera a Casado en el segundo puesto del ránking: 57 diputados y casi el 16% de los apoyos.

Fue a finales de 2018 cuando el partido comenzó a abandonar una centralidad que no volvería a recuperar. Entonces comenzó a gestarse en el seno naranja el discurso de ‘Sánchez y su banda’ y a levantar su negativa a avalar a un Gobierno sostenido por un líder «dispuesto a vender su alma» con tal de seguir en Moncloa. Y olvidó entonces uno de sus principios fundacionales: el de vencer al independentismo, llegando a pedir públicamente al PSOE que cerrase ya su presunto pacto con estas fuerzas en lugar de evitarlo.

«El electorado de Cs es más pragmático que ideológico, y si ve que su voto no es útil se queda en casa o vota otras opciones», señala José Pablo Ferrándiz, investigador principal de Metroscopia. «El empecinamiento de Rivera en la misión fallida de sustituir a Pablo Casado le ha hecho perder su marca de nacimiento, su razón de ser: conformar mayorías desde el centro».

El dimitido Rivera «podría haber sido el vicepresidente eterno de este país, gobernando con PSOE unas veces y con PP otras, pero su estrategia de liderar la derecha le salió mal», explica el experto.

El empecinamiento de Rivera con la misión fallida de sustituir a Casado le hizo perder su marca de nacimiento»

La falta de visión en la gestión de su relación con Sánchez es un «motivo de peso» para explicar el desapego del electorado de Ciudadanos ya que, tal y como señala Simón, «casi el 60% de los votantes quería ese pacto con el PSOE según múltiples encuestas pese a lo mantenido en campaña, y vieron a un líder que ni si quiera hizo el amago de escucharles», zanja.

Ambos expertos apuntan al bandazo de última hora como la «estocada final» a Ciudadanos. «A los votantes no les convenció que levantase el veto a Sánchez a última hora, cuando ya no servía casi para nada, más bien les volvió a distanciar del líder en que habían confiado hace unos meses», señala el politólogo.

Los pactos tras el 26-M

Los expertos consultados coinciden en señalar el 26 de mayo como fecha clave en que las encuestas comenzaron a caer para los naranjas, a tenor de su decisión de extender el veto al ‘sanchismo’ al ámbito territorial y autonómico. «Muchos votantes estaban confusos, no entendieron que un partido que venía a regenerar terminase perpetuando a Gobiernos que llevaban décadas en el poder», como pasó en Castilla y León con Francisco Igea; en Murcia con Isabel Franco; y en Madrid con Ignacio Aguado.

Todos ellos son vicepresidentes de ejecutivos regionales dirigidos por el PP; todos ellos cumplieron con el guion que marcaba la dirección de Ciudadanos. Y todos ellos obviaron que, por primera vez, tendrían que gobernar apoyados desde fuera por Vox, factor que crispó no sólo a sus potenciales votantes, sino también a destacados dirigentes y cargos que decidieron abandonar el partido ante la deriva conservadora marcada por el búnker del líder. De hecho, esa imagen de descomposición interna también se apunta como lastre electoral.

Imagen del líder dañada

Pablo Simón también se atreve a señalar como síntoma de la desmovilización la caída en picado de la imagen de Albert Rivera, un líder que «pasó de ser el mejor al peor valorado», desencanto que se trasladó también a sus votantes. A diferencia del mes de abril, «el debate dejó de ser un arma a utilizar por Rivera», y su discurso no convenció a un votante que ya estaba desencantado: fue el claro perdedor del cara a cara televisivo, según la mayoría de sondeos publicados.

El experto de la Carlos III apunta que, «pese a lo que se pueda pensar», los ‘memes’ o la utilización de elementos como el perro Lucas en campaña no son una causa del hundimiento, sino más bien «una consecuencia de la desesperación que ya presentaba el partido.

Monocultivo territorial y campaña insulsa

Rivera apretó los últimos días ya consciente de los sondeos y de la malas perspectivas. Y utilizó la campaña para retomar sus principios fundacionales y volver a pronunciar el discurso de la regeneración, del desbloqueo y de la necesidad de implantar soluciones reales en Cataluña, foco principal de sus intervenciones.

Pero, a ojos de los expertos, la campaña fue insuficiente y «no ha logrado atraer electores de ninguna opción política», señala Ferrándiz. Uno de los errores fue, precisamente y siempre según estas fuentes, centrarse «demasiado» en la crisis catalana, lo que le llevó a «perder la sensibilidad de otros votantes que no veían como Ciudadanos podía atender a sus problemas».

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