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PP y Cs, dispuestos a aliarse frente a los independentistas en las catalanas

Las dos formaciones ven posible sentarse a negociar tras las elecciones del 12 de julio | Arrimadas amenazó con frustrar la alianza en Cataluña tras la negativa de Feijóo a concurrir con los naranjas en las autonómicas gallegas

Pablo Casado e Inés Arrimadas, en una fotografía de archivo.

El próximo domingo, en la localidad vizcaína de Guernica, se producirá una fotografía casi excepcional. Pablo Casado e Inés Arrimadas protagonizarán un mitin conjunto para respaldar al candidato de la alianza PP+Cs en las autonómicas vascas, Carlos Iturgaiz, una alianza inédita que sólo cuenta con el precedente navarro. Las encuestas no deparan un resultado halagüeño para el centroderecha en Euskadi el próximo 12 de julio, y se prevé que el tirón que pueda tener Iturgaiz, pese a haber presidido el PP vasco durante los ocho años en que José María Aznar estuvo al frente del Gobierno y de lograr en 1998 el mejor resultado electoral de la historia de los populares en este territorio, no será suficiente ni tan si quiera para superar el resultado que obtuvo el PP en solitario en 2016.

Pero los resultados que obtenga la alianza de Casado y Arrimadas dentro de nueve días, mejores o peores, no serán decisivos para preparar el siguiente escenario electoral: Cataluña. Fuentes de ambos partidos consultadas por El Independiente ratifican la predisposición de sentarse a negociar un eventual matrimonio también para las catalanas, una vez haya pasado el terremoto electoral en Euskadi.

En el PP catalán afirman que, por el momento, «no hay movimientos» y que lo ideal «es esperar para iniciar las conversaciones» y «no condicionar las elecciones en País Vasco», aunque niegan que un mal resultado de la coalición el 12-J pueda limitar también sus aspiraciones a concurrir con Ciudadanos en Cataluña, porque «es un escenario diferente» y el objetivo es «combatir la amenaza independentista». «Sería una fórmula de éxito que tendría aceptación, funcionaríamos mejor juntos que separados, pero hay que ver por dónde van las conversaciones y cómo se concreta todo», explican.

Es Ciudadanos quien podría tener mayores reticencias a la coalición con los conservadores. En el mes de febrero, antes de que la pandemia diluyese la importancia de todo lo que no tenía que ver con el coronavirus, los naranjas amenazaron con echar el cerrojo a la alianza en Cataluña después de que Feijóo lograse imponer su criterio sobre Génova y se negase a concurrir con los de Inés Arrimadas. Galicia es el feudo del barón gallego, pero Cataluña sigue siendo el fortín de Ciudadanos, por lo que la dirección liberal entendió entonces que, si no había pacto en una, iba a ser muy complicado sacarlo adelante en la otra.

Pero ni Ciudadanos es el que era en el mes de febrero ni los retos son los mismos ahora que entonces. Y los naranjas, encabezados ahora por Edmundo Bal durante la baja por maternidad de Inés Arrimadas, están también dispuestos a negociar. «Tenemos en la cabeza sentarnos a hablar, pero no hay que olvidar nunca cuáles son las razones que nos llevan a ello», señalan fuentes solventes de la dirección. «No se trata de oportunismo electoral, no se trata de tacticismo, se trata de actuar juntos contra el nacionalismo».

Aún no se manejan fechas exactas sobre cuándo se celebrarán exactamente las autonómicas en Cataluña, aunque se prevén para el próximo otoño. Por tanto, tampoco se contemplan aún sondeos sobre cómo ha reforzado o lastrado la pandemia a cada una de las formaciones en el escenario político catalán. Pero el centroderecha, y especialmente Ciudadanos -que ganó las elecciones en 2017 y perdió mucho fuelle el 10N-, se enfrenta a un reto mayúsculo habida cuenta del retorno de Carles Puigdemont, aunque con carácter simbólico como candidato a la presidencia de la Generalitat, con un nuevo partido que plantará batalla a ERC, mientras estos sueñan con el sorpasso en el Parlament.

La ruptura definitiva de Puigdemont con el PDeCat implica una arriesgada división del voto nacionalista, una baza que el constitucionalismo podría aprovechar presentando una candidatura conjunta para aglutinar el voto no soberanista. Por el momento, lo único seguro es que la oportunidad se estudiará tanto por parte de PP como de Cs, y aunque aún no se han concretado movimientos en este sentido, las conversaciones podrían comenzar muy pronto por el decidido paso adelante del ex presidente de la Generalitat.

España Suma, misión imposible

Aunque reconocen que fue «egoísta» de parte del PP oponerse a la coalición en Galicia, porque «no les hubiera costado nada plantear la misma situación que en País Vasco», Ciudadanos está dispuesto a dejar atrás el resquemor que provocó el ‘no’ de Feijóo en sus filas y abrirse a un nuevo acuerdo por el «interés común».

Ambas formaciones insisten en señalar la «buena salud» de la que goza la coalición en País Vasco, donde la relación es fluida, hay entendimiento y, en resumidas cuentas, «está funcionando», señalan desde PP y Cs. Tampoco es un secreto la buena sintonía y la constante interlocución que mantienen los líderes de ambos partidos, Pablo Casado e Inés Arrimadas, por los acuerdos de Gobierno que mantienen en distintos territorios de la geografía nacional.

Como hicieron en su día, a lo que sí dan portazo los liberales es a toda posibilidad de fraguar una alianza a nivel nacional para unas eventuales elecciones generales, una propuesta que ideó el propio Pablo Casado bajo la denominación ‘España Suma’ y que no tendrá ninguna oportunidad pese a los acuerdos territoriales entre PP y Cs. «Las coaliciones y alianzas son una solución excepcional para determinados territorios en que existe un peligro evidente por el auge del nacionalismo», argumentan desde las filas naranjas.

«Somos un partido diferente al PP, discrepamos en muchas cosas y se ha demostrado en innumerables votaciones». Se refieren en Ciudadanos al evidente giro pactista en la política nacional, en que se han convertido en los socios eventuales de Pedro Sánchez con los que negociará incluso las cuentas públicas. Ahora, los de Arrimadas están abiertos a todo tipo de propuestas «sensatas»: para los Presupuestos, «veremos». Para la candidatura conjunta en Cataluña, también.

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