Albert Rivera e Inés Arrimadas, en una fotografía de archivo. EFE

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Ciudadanos ya no es Albert Rivera

Política

Ciudadanos ya no es Albert Rivera

Arrimadas ha marcado perfil propio respecto a su antecesor, desmarcándose de la foto de Colón y sin vetos al PSOE, con el que ha pactado las dos últimas prórrogas del estado de alarma | Marcos de Quinto ha sido el último exponente del 'no' a Sánchez

Bajo la dirección de Albert Rivera, «jamás» se hubiese llevado a cabo un pacto como el que ha habido entre Inés Arrimadas y Pedro Sánchez. Por lo tanto, «es evidente que hay un vuelco estratégico, un giro muy radical» en Ciudadanos. Estas palabras las pronunció Juan Carlos Girauta en una entrevista para ABC a principios de mayo, cuando decidió prescindir de su carné de afiliado minutos después de conocerse la alianza entre la dirección liberal y la socialista para alumbrar una cuarta prórroga del estado de alarma.

De puertas para adentro, en la formación naranja reconocen que es «evidente» que el papel significativo que está teniendo Ciudadanos, con 10 diputados, dista mucho del rol que jugaba en la política española hace justo un año, cuando el cordón sanitario de Albert Rivera a Pedro Sánchez era más firme que nunca y los escaños naranjas ascendían nada menos que a 57. Pero «es la misma hoja de ruta que marcó Albert Rivera en su etapa final», sostienen. «Se consolida el último giro de Rivera», reconoce otro dirigente.

En efecto, el ex presidente de Ciudadanos inauguró el deshielo de las relaciones con Pedro Sánchez el 16 de septiembre de 2019, cuando apenas restaban 48 horas para la disolución de las Cortes y para la convocatoria electoral, la que le costó a Albert Rivera 47 escaños y su propio cargo. En la sede del partido, propuso una abstención conjunta a Pablo Casado para investir al actual jefe del Ejecutivo y evitar otros comicios, el primer acercamiento de posturas con el socialismo tras meses cumpliendo lo prometido en campaña, el «no es no» a Sánchez y «su banda». Entonces, PSOE y Ciudadanos sumaban 180 escaños, mayoría absoluta.

Rivera terminó por romper esa ‘línea roja’ un mes después, en octubre del año pasado. Casi por primera vez desde el pacto del abrazo, el ex presidente de Ciudadanos se abría a «acuerdos de Estado» con Pedro Sánchez para escapar del bloqueo político que de nuevo auguraban las encuestas. Pero mantenía al PP como socio prioritario para formar Gobierno en caso de que hubiese sumado con él también.

Pero ni con uno, ni con el otro. Los naranjas pasaron del casi sorpasso a la casi desaparición. Rivera firmaba su salida y, con él, varios perfiles de su núcleo duro abandonaban la dirección – como Juan Carlos Girauta, José Manuel Villegas o Fernando de Páramo-. Previas primarias, Arrimadas heredó los restos de un partido que ha colocado ahora en primera línea de fuego. Se enfrentó al sector crítico, liderado por Francisco Igea, que se presentaba como alternativa al continuismo que, a su juicio, representaba Arrimadas. Y hoy los propios críticos celebran que la dirigente haya puesto, de facto, punto y final al riverismo en Ciudadanos.

La diferencia respecto a los últimos días de Albert Rivera al frente de Ciudadanos, no digamos con la etapa anterior, radica no sólo en la relación con Sánchez, sino también con el PP. Aunque la interlocución entre ambas formaciones es «fluida» y «continua» por los gobiernos autonómicos que tienen en común, en el Congreso Arrimadas ha pasado de tener al lado a Casado a ubicarse justo en frente: mientras los populares se posicionan en el frentismo y en el ‘no’ rotundo a Sánchez sin posibilidad de negociación, con la vista puesta ya en la ruptura del Gobierno de coalición y una convocatoria electoral, los liberales, con sus 10 diputados, se han ubicado en el ‘sí’ para que el Ejecutivo extendiese la situación de excepcionalidad, logrando ser decisivos y relegando al PP a la irrelevancia.

No ocultan en las filas del partido que la última jugada de Pedro Sánchez les ha descolocado. El propio portavoz adjunto del partido, Edmundo Bal, que ha cogido las riendas de Ciudadanos por la baja por maternidad de Inés Arrimadas, tachaba de «inmoral» lo que de puertas para adentro calificaban como el «enésimo engaño» de Sánchez: un pacto para aprobar, en un principio, la derogación íntegra de la reforma laboral del PP, lo que choca de plano con los principios económicos liberales y también con sus valores morales. El PSOE, al que habían exigido transparencia a cambio de su apoyo, pactó a escondidas con los proetarras de EH Bildu, a sabiendas que ello podría dinamitar los puentes que había tejido Inés Arrimadas.

Ciudadanos no romperá con Sánchez pese al pacto con Bildu y piensa ya en los Presupuestos

Pero no habrá ruptura. Ciudadanos ha dado esta semana un paso decisivo: romper definitivamente la foto de Colón y también con los postulados de Albert Rivera, quien en Twitter ha manifestado una postura radicalmente en contra de la sostenida por Inés Arrimadas sobre la prórroga del estado de alarma.

Y seguirán en la estrategia de la «moderación» y de la «política útil», tratando de velar en este caso por «los intereses de los españoles» e intentando desplazar no sólo a ERC, sino diluir también el peso de Podemos en el Gobierno de coalición habida cuenta de la falla interna en Moncloa. Arrimadas comenzó a marcar perfil propio desde el comienzo de la crisis del coronavirus: ya en marzo comprometió su apoyo para unos Presupuestos de Emergencia Nacional, lo que ya diluía la dependencia del Ejecutivo al independentismo.

Ciudadanos tiene los ojos puestos ya en esas cuentas amparados en que Bruselas exija a España una serie de medidas económicas para paliar los efectos de la crisis que dinamiten de nuevo la confianza de los socios de coalición y arrinconar, en este caso, la influencia morada.

Ciudadanos se resiente por el lado derecho

Si hace un año los cimientos de Ciudadanos temblaban tras la salida de importantes dirigentes del ala socialdemócrata del partido que renegaban del viraje conservador de la formación, cerrando la puerta a la izquierda y abriéndose, en algunos casos, a Vox, en la actualidad la dirección naranja se desangra por el lado derecho.

La última constatación del fin de la era de Albert Rivera se ha producido con el portazo de Marcos de Quinto, uno de los hombres fuertes del ex presidente de Ciudadanos y el último disidente de la estrategia actual del partido que, ahora sí, cierra filas en torno al pacto con Sánchez.

Lo hacía de una forma más delicada y menos abrupta que la salida definitiva de Juan Carlos Girauta, que ya había abandonado la cúpula del partido tras la salida de Rivera pero que, tras el decisivo acuerdo de Arrimadas y Sánchez para alumbrar la cuarta prórroga del estado de alarma, decidió volar todos los puentes que le unen con la formación liberal.

Tras el pacto por la quinta prórroga del estado de alarma, Girauta llegó a criticar a Ciudadanos por ser «la escobilla del váter de un autócrata». «Suerte que ya no esperaba nada del partido que levantamos con tanto riesgo, trabajo e ilusión», sentenciaba.

También abandonó Ciudadanos la ex diputada Carina Mejías, por no compartir el rumbo actual de la dirección naranja. «La decisión tomada ayer me resulta imposible de compartir, después de estos meses tan difíciles y de una gestión de consecuencias tan devastadoras para todos los españoles y he decidido no mantener mi militancia en el partido», escribía en Twitter.

Hace justo un año, el partido trataba de recomponerse de las bajas de destacados dirigentes, como Toni Roldán, Francisco de la Torre o Manuel Valls. Algunos de ellos han elogiado en las redes los pasos de Inés Arrimadas hacia el centro político y en la dirección naranja, aunque no manejan aún posibles fichajes, no cierran la puerta a «incorporar talento». Incluso entre los huidos de la era Rivera.

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