España ENTREVISTA | DIPUTADA POR BARCELONA Y EX PORTAVOZ DEL PP EN EL CONGRESO

Cayetana Álvarez de Toledo, sobre los indultos: "La segunda parte del 'procés' empieza ahora"

Cayetana Álvarez de Toledo posa en la calle tras una entrevista sobre la manifestación de los indultos

Cayetana Álvarez de Toledo posa en la calle tras una entrevista sobre la manifestación de los indultos Ignacio Encabo

«No hay nadie sensato en este país al que no le hayan llamado facha». Cayetana Álvarez de Toledo (Madrid, 1974), como Isabel Díaz Ayuso, también considera que está en el lado bueno de la historia. Recibe a El Independiente en su despacho del número 40 de la Carrera de San Jerónimo, en el que ejerce sus labores como diputada rasa por Barcelona tras su salida como portavoz parlamentaria del PP. Se sumó a la concentración de este domingo en Colón antes incluso de que estuviese convocada. Insta a salir con fuerza a la calle contra los indultos, que «condenan a Cataluña a seguir en la decadencia»; y contra Pedro Sánchez, «el vanidoso útil de esta mutación constitucional». Y hace un llamamiento a hacerlo «sin complejos». Ni con Vox, ni con nadie.

Asegura que apenas ha tenido contacto con Pablo Casado desde su cese. Al líder del PP recomienda «persistir» en la estrategia que llevó a Ayuso a ganar las elecciones en Madrid, y que incluye dar «la batalla de las ideas» sin «miedo» y «sin pensar en el qué dirán». Es la única posibilidad, dice, que tiene el PP de volver a ganar unas generales. Reconoce además sin atisbo de duda que le gustaría volver a la primera línea política porque «es un privilegio». Pero insiste: la vie est ondoyant.

Pregunta.- La concesión de los indultos a los presos del ‘procés’ parece inminente. ¿Qué piensa cuando escucha a Pedro Sánchez pedir «magnanimidad» a la sociedad española?

Respuesta.- Que nos está pidiendo que le indultemos a él por lo que ha hecho y lo que pretende hacer. Lo que hizo fue pactar el Gobierno de España con unos golpistas. Y lo que pretende hacer es pactar su continuidad en el poder a cambio de una mutación constitucional que liquidaría la soberanía común. Los indultos son, además, una condena para Cataluña. La condenan a seguir en la decadencia; a seguir atrapada en un bucle identitario; a seguir hablando de un asunto bizantino, divisivo, visceral y narcisista; a seguir en la ficción adolescente de que la independencia es posible, cuando no lo es. Cataluña necesita entrar en una etapa nueva, distinta. El Gobierno dice que los indultos son necesarios para pasar página, pero es exactamente contrario. Lo que hacen es dejar a Cataluña atrapada en la misma política que nos ha traído hasta aquí, la del apaciguamiento, la claudicación y el repliegue del Estado democrático frente al avance nacionalista.

P.- ¿Cree que existe ya un acuerdo para un referéndum pactado?

R.- Un acuerdo cerrado no, pero una voluntad común de avanzar en la dirección de un referéndum, sí. Es importante que todos los españoles entendamos con claridad lo que está pasando, porque las terminales de Moncloa harán lo imposible por sembrar la confusión. El proceso sigue vivo. La diferencia es que antes lo impulsaban los separatistas en solitario, y ahora lo promueven los separatistas con el Gobierno del PSOE. El 1 de octubre el nacionalismo lo intentó por las bravas, y fue derrotado. Ahora lo van a intentar por las mansas, es decir, por Pedro Sánchez, al que consideran su principal activo. Sánchez es el vanidoso útil del separatismo, la llave de los golpistas, su gran esperanza para liquidar la España del 78.

El separatismo ha tenido suerte. Ha dado con el aliado perfecto: un hombre sin escrúpulos y sin principios

P.- ¿Qué consecuencias ve que puede tener esta decisión para el conjunto de España?

R.- Primero, una clarísima erosión de la democracia y de sus instituciones. Segundo, el desamparo definitivo de los constitucionalistas en Cataluña, los grandes olvidados y las grandes víctimas de las política que se ha llevado a cabo en los últimos 40 años. Y tercero, la condena de Cataluña a una larga temporada en la decadencia. En la Transición, Cataluña era el centro de la libertad de España, el hub cultural y literario del mundo hispano, el motor económico del país. La marca Barcelona llegó a convertirse en un hito internacional. Cataluña era la california de Europa: moderna, cosmopolita, sofisticada, amable y abierta. De eso no queda prácticamente nada. Las últimas imágenes proyectadas desde Cataluña son las del golpe de Estado del 1-O, con toda su carga de populismo, radicalismo y visceralidad, y las de las marchas violentas, la Barcelona asediada por las barricadas y las llamas. Los nacionalistas catalanes no soportan escucharlo, pero es así: Madrid ha sustituido a Barcelona como centro de la libertad. Como foco del interés exterior, de la inversión y de la efervescencia cívica y cultural. Madrid ha puesto la autonomía al servicio de la libertad de las personas, y no de la identidad del territorio. Cataluña ha hecho exactamente lo contrario.

P.- Oriol Junqueras ha marcado la pauta al independentismo renunciado expresamente a la vía unilateral.

R.- Junqueras es un gran cínico y un gran hipócrita. Bien lo sabe Puigdemont. Y su carta tiene párrafos absolutamente soberbios, como cuando dice que seguirá trabajando para que todos los catalanes se sientan cómodos «piensen lo que piensen y vengan de donde vengan». Él, que se ha dedicado a aplastar los derechos de la mitad constitucionalista. Ahora dice, o sugiere, que renuncia temporalmente a la vía unilateral, sí. Pero es un repliegue táctico para rearmarse con la impagable ayuda del PSOE. El problema es que el socialismo está dispuesto a caminar de su mano en la segunda parte del ‘procés’, que empieza ahora. Y cuando la vía Sánchez fracase, que fracasará, el separatismo intentará retomar la vía unilateral. Lo que han hecho los socialistas con los golpistas del 1-O merece un hueco en los anales de la perfidia política. Les han convertido en socios preferentes, les van a indultar a pesar de sus amenazas, les han comparado con Mandela. Es decir, les han llamado presos políticos y, por tanto, al Estado y a los constitucionalistas, represores. Es un espectáculo lamentable.

P.- Pero ha dicho que el separatismo ya fue derrotado.

R.- Sí. Puigdemont, Junqueras y compañía fueron derrotados gracias a la ejemplar actuación de la Policía y de la Guardia Civil, al impresionante discurso del Rey y a la emocionante movilización cívica de millones de españoles en Cataluña. Y gracias a la sentencia del Supremo que condenó a los golpistas a prisión. Pero entonces llegó Sánchez y rompió el tablero. Sánchez nos hurtó a los demócratas la victoria y se la regaló a los golpistas. O dicho al revés: ahorra a los golpistas su derrota y nos la inflige a los demócratas. El separatismo ha tenido suerte. Ha dado con el aliado perfecto: un hombre sin escrúpulos y sin principios.

P.- ¿Existe una alternativa constitucionalista sólida capaz de hacer frente al secesionismo?

R.- No existe y debe existir. Es lo que no hemos sido capaces de construir en 40 años. Y lo que yo seguiré trabajando por construir.

P.- ¿Cómo se gana esa batalla?

R.- Para empezar, debemos otorgar a la mitad demócrata de Cataluña cuatro cosas que jamás ha tenido: presencia, prestigio, presupuesto y poder. Ahora tiene lo contrario: está invisibilizada, desamparada y excluida de los cauces de promoción social. La televisión pública catalana se dedica a insultarles con sus impuestos. La Generalidad sólo representa a los nacionalistas, como si no existiera la otra mitad. Lo he dicho muchas veces. El Estado, los sucesivos Gobiernos, los partidos nacionales, las élites… unos y otros han contribuido a la legitimación del nacionalismo y a la erosión del constitucionalismo en Cataluña. Esto debe acabar. Tenemos que hacer una cosa, difícil pero crucial: asumir que Cataluña está rota, dividida en dos, y que eso no vamos a arreglarlo de la noche a la mañana. Debemos fortalecer a la mitad tolerante, que cumple la ley, que acepta el pluralismo y que ama la libertad, para que poco a poco comience a ensancharse. No vamos a poder erradicar el nacionalismo del todo, porque proviene del origen más tribal del cableado humano, ese que se expresa en la xenofobia, el odio y el miedo. Pero sí podremos reducir sustancialmente ese terreno.

P.- ¿Qué papel debe jugar el PSC en ese rearme del constitucionalismo?

R.- El PSC es el talón de Aquiles del constitucionalismo en Cataluña. Esa exquisita equidistancia que gasta entre la democracia y el golpismo, entre el separatismo y la Constitución… Ese punto medio no existe, como no existe un punto medio entre la libertad y la sumisión, ni entre el Derecho y la ilegalidad. Ahora tenemos el caso de Salvador Illa. Es un hombre de talante, amable… y mire qué campaña ha hecho, cómo ha mentido y engañado. Calló sobre los indultos y negó el referéndum que ahora propone. Mucha gente de buena voluntad le votó pensando que era el alma constitucionalista del PSC. Pero el PSC ya no tiene un alma constitucionalista. Por tanto, no hay que intentar seducirle ni convencerle. Hay que dirigirse a los ciudadanos y ofrecerles una política distinta, una alternativa real.

P.- ¿Puede ser Colón un primer paso para ese objetivo?

R.- Lo prueban las movilizaciones contra la negociación de Zapatero con ETA, que impidieron su mayoría absoluta. Y la gigantesca manifestación del 8 de octubre de 2017, que pudo ser un punto de inflexión y que acabó siendo un destello en la noche sólo porque el socialismo traicionó su espíritu y su legado. Pero hay que seguir. Y salir a la calle unidos es un punto de partida.

Un aliado para el Gobierno no puede ser un apestado para la pancarta

P.- ¿Qué espera del 13-J?

R.- Bueno, ya es un hecho muy importante que los partidos hayan aparcado sus remilgos, sus reparos y sus reticencias y hayan decidido acudir. Espero que vaya mucha gente.

P.- Cuando habla de reticencias, ¿se refiere a las que han mostrado algunos miembros de su partido a aparecer en la misma foto con Vox?

R.- Me parecen incomprensibles. A mí Colón no me produce ninguna incomodidad. Respaldar una manifestación contra los indultos me parece un deber cívico. Y yo hubiera cambiado mi agenda todas las veces que hubiera sido necesario para estar presente. Y luego este asunto de las etiquetas… es ciertamente asombroso. Al parecer, lo moderado es no ir a Colón porque también va Vox. ¿Por qué te convierte en “moderado” ponerte de perfil ante algo así? La moderación es la etiqueta que la izquierda y el nacionalismo te colocan cuando te portas bien. Es decir, cuando haces lo que a ellos les conviene. Y luego hay otra consideración. No podemos ser cínicos. Un aliado para el Gobierno no puede ser un apestado para la pancarta. Si un partido te sirve para gobernar, tendrá que servirte también para protestar contra una agresión a la democracia. Y esto no significa que tú seas lo mismo que ese partido. Significa que compartes con él algunas convicciones básicas mucho más importantes que lo que os separa.

P.- Los barones del PP no han cambiado su agenda para asistir a la concentración.

R.- Les echaremos de menos. Sería estupendo que estuvieran.

P.- Con ocasión de la protesta de este domingo, el Gobierno ha vuelto a agitar la bandera de «las tres derechas radicalizadas y unidas contra Cataluña». ¿Moncloa puede sacar rédito de Colón?

R.- A mí no me dan ningún miedo las bravuconadas del socialismo. Creo que la foto de Sánchez y Junqueras en la mesa de negociación sí que va a ser para imprimir camisetas. Esa foto sí que me daría una profunda vergüenza. La de Colón no me da ninguna. No me impresiona cuando hablan de ‘trifachitos’, no me genera la más mínima inquietud. El mayor aliado del separatismo y del ‘sanchismo’ es la desmovilización de los españoles. El mayor aliado de Pedro Sánchez son los complejos y el miedo.

El mayor aliado de Pedro Sánchez son los complejos, el miedo y la desmovilización de los españoles

P.- Antes de que el PP se sumase oficialmente al 13-J, usted ya había pedido salir de nuevo a la calle. ¿Cabía esperar una respuesta más contundente por parte del principal partido de la oposición?

R.- Yo pedí que hubiera una manifestación y la dirección del PP ha decidido apoyar la manifestación que convocó Unión 78, entre otras cosas porque era lo único que podían hacer. Era lo único coherente, lo único decente y políticamente lo único razonable. Yo siempre digo que lo moral es lo eficaz en política. Y defender y apoyar una concentración convocada contra los indultos es lo moral y, además, lo electoralmente sensato. Nuestra base social rechaza los indultos, y mucha gente de otras sensibilidades políticas también. La oposición en el Parlamento y otras instituciones es perfectamente compatible con la movilización en la calle.

P.- Si la manifestación la hubiese convocado Vox o cualquier otra fuerza política, ¿defendería igualmente la presencia del PP?

R.- Por supuesto. Ayer hubo una concentración en Barcelona convocada por Ciudadanos, y si hubiera podido, habría ido. Alejandro Fernández también fue, es lo natural y lo lógico. Vox, en cambio, se desmarcó con el argumento peregrino de que no se adhiere a manifestaciones convocadas por otros partidos. Hay que ser generosos y patriotas. España debe estar por encima de consideraciones partidistas y complejos particulares. Es momento para las convicciones y no para los cálculos.

Cayetana Álvarez de Toledo posa en la calle tras una entrevista sobre la manifestación de los indultos
Cayetana Álvarez de Toledo posa en la calle tras una entrevista sobre la manifestación de los indultos Ignacio Encabo

P.- Está a punto de cumplirse un año de su destitución como portavoz del PP en el Congreso. ¿Echa de menos la primera línea?

R.- Sin duda, muchísimo. Tengo vocación política, y estar en primera línea es un privilegio.

P.- ¿Cree que tiene posibilidades de volver a jugar un papel relevante dentro del Partido Popular?

R.- No tengo ni idea. Eso no depende de mí. La vie est ondoyant, como decía Montaigne y repetía Pla. La vida va y viene, y nunca se sabe. En todo caso, lo importante, al margen de la posición que ocupes o de dónde estés, es que defiendas tus ideas con coherencia y convicciones. Y eso no he dejado de hacerlo nunca, lo que me da una cierta satisfacción y una cierta tranquilidad de conciencia.

P.- ¿Ha tenido algún reencuentro o conversación con Pablo Casado desde su cese?

R.- No. Bueno, cuando en ‘Libres e Iguales’ hicimos un vídeo en defensa del Rey, le pedí que, por favor, participara. Él me envió un vídeo con su testimonio y se lo agradecí. Es la única vez que hemos estado en contacto.

P.- Entonces no le pregunto por su relación con el secretario general, Teodoro García Egea.

R.- Nada de nada. Bueno, un día me mandó un mensaje diciendo que le había gustado una de mis entrevistas y yo le mandé otro a él felicitándole por el nacimiento de su bebé.

P.- ¿Es cierto que el partido ha vetado su presencia en los plenos?

R.- Desde hace un año hay una cuota del 50% de asistencia al pleno como consecuencia de la pandemia. No sé si es un veto, pero no he sido incluida entre los invitados a asistir al pleno.

P.- ¿Por qué?

R.- No sé nada. A mí me encantaría volver e intervenir, como cualquier diputado. Es nuestra vocación y nuestra obligación.

P.- ¿Ha podido comprobar ya los límites de la libertad de una «diputada de base»?

R.- Estoy procurando ejercer mi libertad. Hay una reflexión de fondo importante que hacer en relación con la voz y el voto de los diputados. En España, nuestro voto pertenece a la dirección del grupo parlamentario, por así decirlo. No es como en Inglaterra. Pero por eso, con más motivo, la voz del diputado debe ser suya. No somos miembros de una secta, cada uno tenemos nuestra sensibilidad y nuestras opiniones, y yo he dado las mías con toda libertad. Por ejemplo, antes de la moción de censura de Vox, dije que en mi opinión convenía abstenerse y no votar que no. Y después del debate dije que el tono [de Pablo Casado] me había parecido un error en la medida en que podía provocar no la voladura de Vox sino la voladura de los puentes con los votantes de Vox. También expresé mi opinión sobre la estrategia del PP en las elecciones catalanas, en cuya campaña no pude participar.

P.- Entonces no sólo ha comprobado esos límites, sino que intenta ensancharlos.

R.- Ejerzo mi libertad porque creo que es mi obligación.

P.- En efecto, tras el 14-F aseguró que Pablo Casado es «incapaz de reconstruir el constitucionalismo» y que su liderazgo había quedado «desacreditado».

R.- Sí, esa era mi impresión y así lo dije.

P.- ¿Ve necesario un recambio en la dirección del partido?

R.- Si hubiésemos insistido en la estrategia de las catalanas, quizá podría haber sucedido. Algún barón con aspiraciones… . En cualquier caso, llegaron las elecciones de Madrid y dieron a la alternativa una oportunidad. Cambiaron totalmente la dinámica política. Es un regalo que nos hicieron involuntariamente Arrimadas y Sánchez con la moción en Murcia, y desde luego Ayuso convocando elecciones. Es curiosa la política. Sin este imprevisto, nuestra tendencia era declinante, mientras que la tendencia de Vox era ascendente. Debemos aprender las lecciones de Cataluña y Madrid. Hay una estrategia que no ha funcionado y otra que sí. Persistamos en la que funciona, ahora a nivel nacional.

Ayuso plantó cara a la izquierda con toda claridad, desde el coraje y las convicciones

P.- ¿Qué cambió con Isabel Díaz Ayuso?

R.- En Madrid dimos la batalla de las ideas contra Sánchez, sus políticas y sus aliados. Plantó cara a la izquierda con toda claridad, desde el coraje y las convicciones. Cuando no tienes miedo al qué dirán ni al qué te llamarán, te das cuenta de que tienes muchos más seguidores dispuestos no sólo a escucharte, sino a votarte.

P.- ¿Cree que el PP ha renunciado a la batalla de las ideas?

R.- La derecha en general casi nunca ha dado la batalla cultural e ideológica a la izquierda, y es uno de los grandes problemas que tenemos en España, y no sólo en España. Para mí es uno de los misterios de la política universal. Por qué los liberales y conservadores tienen tantos complejos frente a la izquierda. La izquierda, tantas veces fracasada, nos ha comido la moral. El resultado es lo que yo llamo ‘el tablero inclinado’, el hecho de que en España la izquierda y el nacionalismo siempre jueguen con ventaja. En Madrid se consiguió nivelar el tablero. Y eso puede contribuir a nivelar el tablero en todo el país.

P.- ¿Concluye que Ayuso sí ha dado esa batalla pero que Pablo Casado no?

R.- Insisto. El resultado en Madrid es pedagógico: dar la batalla de las ideas es electoralmente eficaz. En Cataluña hicimos justo lo contrario: perfil bajo e, incluso, pedir perdón. Y lo siento profundamente, porque el principal perjudicado fue Alejandro Fernández, que es un político brillante. La estrategia que siguió Génova fue profundamente equivocada. Creo que nació de aquella frase de Pablo Casado de que «un partido no puede pretender que una sociedad se parezca a él, sino que debe parecerse lo más posible a la sociedad y caminar junto a ella». Yo no comparto esta idea. La impugno. Entre otras cosas, porque llevaría al PP a hacerse nacionalista en Cataluña, y mejor no hablar del País Vasco. Lo que debemos hacer es presentar una alternativa nítida desde las ideas de libertad. En Madrid lo hicimos. Y ahora tenemos una extraordinaria oportunidad de cara a las elecciones generales. Hace falta capacidad de persuasión, carisma… Y sobre todo ningún complejo.

P.- ¿Cuenta Pablo Casado con todos los atributos que menciona?

R.- Es la persona que lidera el PP en un momento crucial, y tiene una magnífica oportunidad y una obligación. Podemos ganar las elecciones. Pero tenemos que persistir en la misma dirección que marcaron las elecciones madrileñas.

P.- ¿Existe un proyecto lo suficientemente sólido como para ganar unas generales?

R.- De momento lo que tenemos es una gran oportunidad. Ahora hay que mantenerse firme en la batalla de las ideas y ahormar un gran proyecto de Gobierno. Para eso, teóricamente, hay una convención en octubre.

P.- ¿Espera una invitación?

R.- Hombre, si fuera vetada, le avisaría. Nunca se sabe.

P.- Si la tesis de la dirección pasa por unir todas las voces liberales, socialdemócratas y conservadoras en torno a las siglas del PP…

R.- Es lo que he defendido siempre. El PP debe ser el eje de la reconstrucción de todo el espacio de la razón.

P.- Según las encuestas, Casado necesitará a Abascal para gobernar. ¿Debe rectificar su estrategia de ruptura con Vox?

R.- Evidentemente. Ojalá podamos sacar mayoría absoluta, pero de momento no parece probable.Pablo Casado va a necesitar ahormar una mayoría. Necesitamos 176 escaños. ¿Quién te los va a dar? ¿El PSOE? Asumir el principio de realidad es fundamental en política. Las encuestas dan mayoría absoluta, sí. Pero con Vox. De ahí que no tenga mucho sentido contribuir a su demonización, porque es una forma indirecta de autodemonizarte. Otra cosa es que expreses con total naturalidad tus discrepancias con este partido. Pero no querer hacerte una foto con los que hoy te apoyan en Gobiernos autonómicos y a los que mañana probablemente vas a necesitar para llegar a Moncloa… no me parece que tenga mucho sentido. Y una última consideración: ni Sánchez ni Podemos, que gobiernan con golpistas y con Bildu, están en condiciones morales de decirnos con quién tenemos derecho a pactar y con quién no. A mí éstos no me van a dar ni una sola lección de moral.

P.- ¿Cuál diría que ha sido su mayor logro político?

R.- Llamar a Pablo Iglesias por su nombre. El equívoco fundacional del que nacen casi todos los despropósitos españoles es la idea de que todo antifranquista fue un demócrata ejemplar. El antifranquismo es el gran cheque en blanco para operar en la política española, la fuente de la superioridad moral. La inmensa mayoría de antifranquistas fueron demócratas, claro, y contribuyeron a la Transición, pero hubo otros que no lo fueron, que trabajaron por la ruptura, contra la reconciliación e, incluso, con violencia. ETA, el FRAP… De ahí vienen Bildu y Podemos. Y con ellos pacta y gobierna el PSOE, que luego va y reparte carnets de demócrata.

P.- Intuyo que se alegra de la salida de Pablo Iglesias de la política.

R.- Ah, muchísimo. Era un político profundamente tóxico. Ahora se respira un aire mucho más limpio.

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