Política

Los retos de Casado para orientar a un desnortado PP

Fichajes controvertidos y falta de línea política en muchos debates lastran el papel del primer partido de la oposición

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Los retos de Casado para orientar a un desnortado PP

El líder del PP, Pablo Casado. EFE

Resumen:

La salida de pata de banco esta semana del portavoz de los populares en el ayuntamiento de Barcelona, Josep Bou, criticando la elección de Cayetana Álvarez de Toledo como cabeza de lista barcelonesa deja al descubierto un déficit en el Partido Popular que corre el riesgo de cronificarse. Lo curioso de esas declaraciones tan extemporáneas, fuera de la línea oficial, no sólo retrataban o pretendían retratar a la persona objeto de crítica, sino también al propio Bou, cuyo fichaje resultó controvertido y al que Génova acusa ahora de ser un electrón libre, incontrolable.

De fondo subyacen dos problemas que comienzan a preocupar a amplios sectores del PP, uno, la política de «fichajes» y composición de los equipos y, dos, la ausencia muchas veces de una línea política clara que unifique el mensaje, sin bandazos, e impida la proliferación de versos sueltos en un partido acostumbrado a la disciplina interna. No ha dejado de haber voces discrepantes en la filas populares, pero siempre suponían un riesgo controlado.

El que debería ser un periodo de cierta estabilidad política, sin un horizonte próximo de nuevas elecciones generales, puede ayudar a terminar de «ahormar» a un partido que se fue del poder en estado de shock; afrontó después un congreso que les dividió y preparó dos elecciones generales, una de las cuales pudo borrarles del mapa político. «Pasado todo eso, necesitamos un tiempo para reflexionar, ordenar las cosas que funcionan mal y ver estrategias», dice un destacado dirigente popular.

Génova ha circunscrito a Álvarez de Toledo a los estrictos límites del Congreso

Pablo Casado apostó por Álvarez de Toledo para la portavocía del Congreso en contra del criterio de muchos barones territoriales y no pocos cargos de Génova que alertaron tanto de la dureza de su perfil como de la ausencia de disciplina de partido en alguien acostumbrado a decir lo que piensa, sin filtros. Lo demostró en su enfrentamiento con el PP vasco cuando los acusó de tibios ante el nacionalismo y lo volvió a hacer al defender un gobierno de concentración con Pedro Sánchez.

Como resultado, Génova ha circunscrito el protagonismo de Álvarez de Toledo a los estrictos límites geográficos del Congreso de los Diputados, lo que provoca que muchas veces esté mediáticamente preterida, cosa extraña en un partido de la oposición que necesita echar mano de todos sus resortes. Nadie le puede negar a la portavoz ni valentía, ni formación, ni una dialéctica ágil, pero le recuerdan que la línea política se marca desde la planta séptima de la sede nacional, donde se ubican los despachos de Pablo Casado y de Teodoro García Egea.

No todo se reduce a Álvarez de Toledo. Uno de los últimos «fichajes» ha generado enorme sorpresa y bastante incomodidad. Se trata de Enrique López como nuevo responsable del área de Justicia e Interior del partido en sustitución del ex ministro Rafael Catalá. Los populares habían «rehabilitado» a López como consejero de Justicia de la Comunidad de Madrid, lo que no era poca cosa, pero su llegada a Génova ha levantado ampollas entre un sector del PP que entiende que «no es la elección más acertada» y al que consideran, como poco, «controvertido».

En el entorno de Catalá y García Tejerina aseguran que «no se contaba con ellos»

Son los mismos que preferían un perfil como el de Fernando de Rosa, actual senador, que parecía llamado a más altos destinos cuando decidió entrar en las listas electorales. En su momento apuesta personal de Casado y avalado por una de las «casadistas pata negra», la diputada Belén Hoyo, ha sido presidente de la Audiencia Provincial de Valencia y vicepresidente del CGPJ, órgano que llegó a presidir en funciones. Además fue consejero de Justicia del gobierno valenciano. En fin, un extenso currículo para alguien que sólo hace un mes pasó a militar en el PP con el aval de García Egea, lo que parecía allanar su entrada en Génova.

De hecho, muchos daban por descontado que él sería el sustituto de Catalá. Se equivocaron. Casado cambió de caballo en el último momento y optó por López para tapar un hueco abierto en un área importantísima, Justicia e Interior, habida cuenta la deriva de la legislatura.

Un centro de poder cada vez más reducido

Sin embargo, fuentes populares aseguran que dos de los motivos que justifican la marcha tanto de Catalá como de Isabel García Tejerina, ambos ex ministros y con buenas ofertas profesionales en el sector privado, es la «falta de actividad del partido» y que «no se contase con ellos». Y es que el centro de poder de Génova se concentra en torno al equipo más directo de Casado, poco permeable a sus escalones inmediatamente inferiores, y eso incluye a su gabinete y a parte, que no todo, de su comité de dirección.

Incluso a la que parecía incontestable Élvira Rodríguez, sustituta de Tejerina en la vicesecretaría de Acción Sectorial, le ha salido algún detractor, y no tanto porque cuestionen la valía de la que fue ministra de Medio Ambiente y ex secretaria de Estado de Presupuestos y Gastos, sino por tener, según las fuentes consultadas, un flanco débil. Rodríguez pasó directamente en 2012 del escaño del Congreso de los Diputados a presidir la Comisión Nacional del Mercado de Valores, un organismo que, aún dependiendo de Economía, debe regirse por los principios de neutralidad política, justo lo que se está criticando de Dolores Delgado como nueva Fiscal General del Estado.

El controvertido «fichaje» de Rodríguez

Pero si ha habido en los últimos días un «fichaje» llamativo ese ha sido, sin duda alguna, el del Miguel Ángel Rodríguez, para dirigir el gabinete de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. En puridad, la elección escapa de la órbita de Casado, pero en el entorno de la presidenta autonómica están convencidos de que la elección viene «inspirada» por algunas personas del equipo del presidente nacional del partido.

El que fuera mano derecha de José María Aznar y secretario de Estado para la Comunicación se ha significado en los últimos meses por una defensa a ultranza de Díaz Ayuso, a la que asesoró en campaña autonómica. Y para ello ha arremetido, insultos mediante, contra el vicepresidente de la Comunidad, Ignacio Aguado, y contra los dirigentes de Vox Rocío Monasterio -que sostiene parlamentariamente al gobierno de PP y Ciudadanos- y su esposo y portavoz en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros. De todo aquello ha intentado borrar rastro vaciando su cuenta de Twitter pero hay amplia constancia en la hemeroteca.

Queda por responder la cuestión de porqué la baronesa madrileña ha escogido a una persona enfrentada con sus socios de gobierno, provocando, por vez primera desde que se coaligaron, que los consejeros de Ciudadanos expresaran su disconfomidad con una decisión de la presidencia, aunque carecía de carácter vinculante.

Lo cierto es que el nuevo PP empieza a recordar mucho al de Aznar con el regreso a primera línea política de otros dirigentes orillados o directamente defenestrados en la época de Mariano Rajoy. Al nombre de Rodríguez se unen el de los nuevos diputados Carlos Aragonés y Gabriel Elorriaga, miembros de los distintos gabinetes de Aznar en Moncloa y hasta Alfredo Timermans, que asesora al Grupo Parlamentario en el Congreso por elección de la portavoz, siendo una de las personas que pilotó la estrategia de los atentados del 11-M.

El «pin parental» puso a prueba la falta de unidad de mensaje en el PP

A todo ello se suma una deriva de falta de unidad del mensaje que se vio con especial crudeza en el debate sobre el «pin parental». Así, mientras Casado no sólo respaldaba tan controvertida medida sino que reivindicaba como propia, sus barones territoriales con mando en plaza se adelantaban a desmentir que en sus respectivas regiones se adoctrinara a los alumnos.

Volvía el líder del PP, con la técnica de la ducha escocesa, a ser acusado internamente de «legitimar el discurso de Vox», de permitir que la formación de Santiago Abascal marque la agenda política con la ayuda inestimable de un Gobierno deseoso de polarizar para tensionar a los populares.

Lo cierto es que, a diferencia de otras etapas, Pablo Casado ha sido mucho más permisivo que sus antecesores a la hora de facilitar el debate interno, lo que no deja de ser algo positivo. Y así, aunque los comités ejecutivos o Junta Directivas no se caracterizan por su nivel de confrontación de ideas o de propuestas, cosa muy distinta son los almuerzos que celebra con sus líderes territoriales, donde hablan todos y cada uno de ellos y Casado sobre todo escucha.

Muchos dirigentes del PP asumen que el primer partido de la oposición debe dejar de ser tan «reactivo a pasar a marcar la agenda política». Bien es cierto que la actualidad no da tregua, pero echan de menos una línea que «no nos convierta un día en primos hermanos de Vox y otro en centristas de nuevo cuño».

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