Política

"No se está avanzando: se mandan deberes, pero no estamos explicando el temario"

Las medidas que está tomando el Ministerio de Educación durante el estado de alarma están marcadas por la incertidumbre, el déficit de conocimientos, la brecha tecnológica y la falta de acierto

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"No se está avanzando: se mandan deberes, pero no estamos explicando el temario"

Un niño hace los deberes en su casa de Ferrol, Galicia, durante el estado de alarma. EFE

Resumen:

«En muchos centros están poniendo deberes en la web o por correo. Pero el hecho central es que a los alumnos no se les están explicando las cosas. Los deberes no están sirviendo para que los alumnos avancen, ni siquiera en un tanto por ciento muy pequeño, en comparación con cómo lo harían en una situación normal». De esta forma resume el presidente de la Asociación de Profesores de Madrid, Carlos Fernández, la situación que están viviendo los estudiantes durante el estado de alarma.

Los alumnos están desarrollando el tercer trimestre del curso de forma excepcional desde sus casas por la incidencia del coronavirus en España. Desde que se cerraron los centros educativos en nuestro país, los estudiantes se han visto obligados a trasladar el aula a su propio domicilio y, en muchos casos, «la docencia la estamos ofreciendo las familias», como afirma la presidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA), Leticia Cardenal.

«Los alumnos están trabajando con esperanza y con aplicación desde sus casas. Los padres están con los niños y han convertido el hogar en un aula virtual», afirmaba este jueves la ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, en una entrevista en Más de uno. Pero esta perspectiva ideal se aleja mucho de la realidad. Los padres se han encontrado con un «exceso de tareas que dificulta el día a día», como declara a El Independiente Leticia Cardenal. Y los hijos se encuentran en un extraño limbo en el que algunos profesores les «están mandando deberes de cosas que no han visto en clase, por lo que los alumnos en general tienen grandes dificultades».

Pero no sólo se puede culpar al coronavirus de lo que está ocurriendo con la educación. «Esta situación está sacando las vergüenzas de lo que algunos con recursos deberían haber hecho en los últimos años y no lo han hecho, como está pasando con la sanidad«, denuncia para este periódico Carlos Fernández. En el año 2020, la digitalización aún no ha llegado a la educación.

«Deberían haberse establecido hace mucho tiempo planes para estos casos, no porque ahora tengamos una pandemia, sino porque puede haber alumnos con enfermedades de uno o dos meses» que no puedan asistir a clase y seguir el curso de forma normal, evidencia Fernández. El presidente de la Asociación de Profesores de Madrid añade que una estrategia educativa multimedia con clases grabadas podría ayudar incluso a los estudiantes con problemas de aprendizaje a poder repasar lo que se ha explicado en el aula.

Desde el Ministerio de Educación recuerdan para este diario que el proyecto de la Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación (LOMLOE), que se llevó al Consejo de Ministros en la anterior legislatura y que se terminó aprobando el pasado 3 de marzo, «incidía en la necesaria digitalización de la enseñanza y en la atención individualizada a cada alumno».

La brecha tecnológica

La ministra Isabel Celaá afirmaba en Onda Cero que «probablemente un 10% o un 12%» de los alumnos se ven afectados por una brecha tecnológica que no les permite acceder a los recursos digitales por falta de dispositivos o de acceso a internet. En una entrevista posterior en TVE, la ministra hablaba de que este problema podía afectar incluso al 20% de los estudiantes.

«Para los alumnos que no tienen una tablet, un ordenador o WiFi en casa, esto va a suponer una cuesta arriba enorme», dice el presidente de la Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía (APIA), Javier Puerto. Según él, esta brecha tecnológica no afecta únicamente a los escolares: «Hay profesores que en su casa no tienen los medios adecuados para contactar con los alumnos con toda la eficacia deseable, como puede ser el caso de los profesores de Matemáticas o de Física y Química, porque lo tienen más difícil para dar con plenitud todos los contenidos».

‘Aprendemos en casa’, una solución que no convence

Para paliar este déficit, el Ministerio de Educación y RTVE crearon ‘Aprendemos en casa’, una serie de programas educativos para los estudiantes de Primaria y ESO que se emiten de lunes a viernes en Clan y en La 2, respectivamente. «Como complemento están bien, aunque no siguen la programación de las asignaturas», señala Puerto.

Sin embargo, Carlos Fernández se muestra mucho más duro con esta solución, más allá de los «errores que estén teniendo en la forma de hacer el programa, porque los errores los tenemos todos y en una situación repentina entran dentro de lo normal». Afirma que este contenido televisivo «lo que revela es la absoluta falta de intención de hacer nada decente». 

«Es una solución de urgencia que responde al estado excepcional que estamos viviendo y no pretende solucionar la brecha digital o la brecha social», afirma a este periódico una fuente del Ministerio.

Tal y como refleja un informe de Geca cedido a El Independiente, la programación orientada a los alumnos de Primaria está obteniendo buenas cifras de audiencia, especialmente en el rango de edad de 6 a 8 años, donde alcanza una media del 20,2% de cuota de pantalla entre el 23 y el 26 de marzo.

Pero los contenidos que La 2 ofrece a los estudiantes de Secundaria no está teniendo gran acogida. De media, la audiencia sólo alcanza el 3,9% entre los chicos y chicas de 14 a 16 años, según recoge Geca. Y los porcentajes de share evidencian que a estos alumnos les han desilusionado los contenidos de RTVE: ha pasado del 10,1% de este lunes al 0,5% de este jueves (a falta de los datos del viernes).

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«15 o 20 días» de clases presenciales

Isabel Celaá mostró en su entrevista en TVE del miércoles que tiene la esperanza de que los alumnos «regresen a las aulas a finales de mayo o principios de junio», para poder dar de manera «15  o 20 días» de clases. «La ministra está intentando de buena fe que esto tenga la máxima normalidad posible y dé la sensación de que se va a terminar el curso, pero todo es incertidumbre», opina el presidente de la Asociación de Profesores de Formación Profesional (AP-FP), Pepe Reina.

Un niño sigue desde el televisor de su casa, la programación educativa del canal CLAN de RTVE . EFE

«De ninguna manera esas dos semanas van a permitir recuperar los dos meses o más de dos meses que los alumnos están dejando de asistir a clase», afirma Carlos Fernández, que justifica además que «los alumnos no son maquinitas: no es lo mismo lo que se pueden aprovechar dos semanas de clase cuando están en mitad de marzo, con el curso en marcha y los estudiantes están engranados con la dinámica del curso, a lo que se puede aprovechar en dos semanas cuando los alumnos vuelvan después de más de dos meses de no haber ido a las aulas».

Y el presidente de la Asociación de Profesores de Madrid da un ejemplo que ayuda a entender su argumento: «Cuando los alumnos vuelven de las vacaciones de verano, el rendimiento de las dos primeras semanas de clase es mínimo hasta que se centran y cogen el ritmo». «Si alguna vez estuvo [Isabel Celaá] en contacto con alumnos de Primaria o Secundaria, debió ser hace muchísimo tiempo», sentencia.

La incertidumbre que rodea a la EBAU y a la FP

Sin duda, los alumnos más perjudicados en esta educación a distancia forzosa son los de Bachillerato y Formación Profesional. Mientras que las evaluaciones de Primaria y Secundaria se han cancelado este año, la EBAU se ha retrasado y se celebrará entre el 22 de junio y el 10 de julio, tal y como anunció el Ministerio este miércoles.

Y la incertidumbre de cómo será este examen ronda la cabeza de los alumnos y profesores de segundo de Bachillerato y de los grados medios. Carlos Fernández plantea la posibilidad de que los estudiantes «no entren a una carrera a la que podrían haber entrado, o que entren, pero con un déficit de preparación que haga que su primer año en la universidad sea un fracaso», por no haber recibido totalmente los contenidos del tercer trimestre.

Además, los alumnos de los grados medios, superiores y de la FP se verían en serias dificultades para completar el periodo de prácticas que se les exige para obtener el título. La pregunta que plantea Pepe Reina, es «cuándo van a hacer las prácticas. Si son 220 horas, ¿en qué fechas las hacen?».

El tiempo se viene encima y, para minimizar este inconveniente, el Ministerio de Educación afirma que «se ha acordado reducir las horas de prácticas al mínimo que permite la ley» para que los alumnos puedan finalizar sus estudios y, en el caso de los de grado medio y superior, presentarse a la EBAU.

El examen de este año, según aseguró la ministra Celaá este viernes en Espejo Público, será más «flexible». «Se abrirá más opcionalidad, que no quiere decir que la prueba sea más fácil, sino que los alumnos no serán examinados de aquellos contenidos que lamentablemente no hayan podido recibir».

Según aclara la misma fuente del Ministerio de Educación, «se van a dar más temas para que el alumno elija, de forma que más o menos se garantice que pueden contestar a una parte del temario que han dado en clase». «Va a haber contenidos que hayan dado de forma presencial y a distancia, pero habrá más temas para que tengan más posibilidades de contestar», agrega.

El Ministerio «ha presentado a las comunidades autónomas un documento con varios modelos de examen» para que los analicen y hagan sus propuestas para adaptar las pruebas de cara a la conferencia sectorial de mediados de abril en la que se reunirán las consejerías de Educación de cada región con miembros del Ministerio.

Aun con todo, «hay alumnos a los que les va a costar muchísimo salir adelante», afirma Javier Puerto. «Esta crisis nos puede hacer ver a todos esas cosas que se han estado haciendo mal en los últimos años y que en el día a día parece que no las veíamos con la suficiente claridad», reflexiona Carlos Fernández.

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