La Prensa del Movimiento ha sacado a Rufián en su entrevista como apoyado en un quicio o en una farola, entre el malevaje porteño y vender clínex. Yo creo que Rufián está así ahora, es un canallita profesional que podría acabar en el paro o con un españolísimo pelotazo, y cuyo destino parece que lo va a decidir una moneda o una racha de viento, que no es algo romántico sino sórdido y desesperado. Rufián era el infiltrado indepe, con cara de extremeño o de maño, que tenía la misión de endulzar el egoísmo y el supremacismo del catalanismo y de iberizar su lenguaje y su presencia, como si en realidad todos fuéramos indepes que aún no lo hemos descubierto. Todo esto, además, nos despistaba de la relación conflictiva que siempre ha tenido la izquierda con el nacionalismo, tan burgués (la izquierda se hace nacionalista, o identitaria en general, cuando la patria o las identidades ya venden más que la clase y hasta que el hambre). Con Rufián se podía ser indepe, de izquierdas, republicano, cani y como manchego, todo a la vez. Quizá este perfil un poco caótico, catastrófico o sólo cubista, con los dos ojos al mismo lado de la nariz, es lo que lleva a pensar a algunos, y también a él, apoyado en el quicio, que podría ser el líder de la nueva o eterna izquierda unida o desunida. Luego, me parece a mí, lo han devuelto al quicio, a que mire pasar señoritas y trenes (bueno, trenes no).
Rufián, al principio, traía al Congreso aperos y atrezo, siempre con fondo justiciero y lastimero, como una comparsa gaditana. Luego ya se dedicó sin más a dar guantazos políticos sobrados, guantazos como tufos de pachulí, que se le ven venir como se ve venir el pachulí. Rufián, en realidad, es un ventajista. Sólo se mete con poderosos ambiguos o lejanos, como nibelungos, que en realidad no le pueden tocar (meterse con el Poder catalán ya es otra cosa). Y sólo es valiente con quien tiene dominado, como Sánchez, dándole leña al mono, como se decía antes, porque es de goma, o meciéndolo porque nuestro presidente es como un muñeco descoyuntado, entre Pinocho y dummy de pruebas. A los pobres y proletarios, tan abstractos como sus poderosos, Rufián les trae un menú de estrofillas, mocos, mendrugos y patria (a veces parece un cabo furriel franquista), tan excesivos y en el fondo inútiles como las impresoras o serruchos o lo que fuera que traía antes, como un barbero de la demagogia con sus cosas. Todo lo demás lo hace con caras, cejas y pausas que parecen de billares a medianoche o de telenovela turca. Hasta su imagen es de telenovela turca. Claro que las telenovelas turcas tienen mucho éxito, así que yo creo que esto lo anima bastante con el nuevo proyecto de esta izquierda que también parece, o ha parecido siempre, una telenovela.
A Rufián algunos lo están descartando muy pronto, pero no sé yo qué decir después de verlo en la Prensa del Movimiento, esperando en el quicio el porvenir, a la novieta, al mentor o al camello, como si llevara toda la vida así, como si estuviera hecho, ciertamente, para eso. En el programa Polonia, de TV3, le han hecho una imitación poniéndolo, me parece a mí, de Bad Bunny (o a lo mejor era Sergio Ramos, que uno no distingue esa música, esos meneos ni esas gafotas). Pero era un Bad Bunny (o un Sergio Ramos) que al final se queda sin show, sin público y hasta sin chatarra. Yo creo, sin embargo, que eso no le pasaría a Rufián, que es precisamente todo show, público y chatarra. Rufián ha ido de político a influencer (en sus tuits se nota la dedicación, la concisión y la inverosimilitud de Marie Kondo), y ahora quiere volver a ser político pero sumando followers a los votantes, que no es lo mismo y a veces incluso es lo contrario. Yo creo que Rufián está monetizando mentalmente lo suyo, como el que hace magdalenas de colores en Instagram (uno no es mucho de Instagram, por eso me parece que todo son magdalenas de colores y siempre pongo eso). Pero a lo mejor también Sánchez está monetizando mentalmente a Rufián, ahora que intenta monetizar cualquier cosa.
Rufián, en realidad, es un ventajista. Sólo se mete con poderosos ambiguos o lejanos, como nibelungos, que en realidad no le pueden tocar
Rufián podría liderar la izquierda unida / desunida más o menos como cualquier otro, y quizá mejor. Es cierto que es un nacionalista, por lo tanto siempre insolidario, burgués e incluso xenófobo y aristocrático. Y es un republicano que no cree en lo público (lo común) ni en una ley para todos, sino en contratos entre señores y aparceros. Y es un supuesto killer que sólo remata a puerta vacía y como con casco de tupé. También es cierto que un independentista encabezaría la izquierda nacional, aunque seguramente lo llamarían izquierda plurinacional, que queda más de izquierda y hasta más nacional. Pero, la verdad, la izquierda unida / desunida siempre ha sido contradictoria o caótica, y cuanto más contradictoria o caótica más pura se ha visto a sí misma, o sea que todo esto es ideal para combatir a la ultraderecha. El frente Rufián, con nombre ya de guerra, sería una opción temporal mientras se para al fascismo y se divide por fin a los ciudadanos en tribus y caseríos. Ya, luego, que cada cual se vaya a su sitio, también Rufián a su quicio.
Los analistas, los parodistas y hasta a veces el mismo Rufián, con la prudencia de los ambiciosos, parece que lo descartan, pero yo sí lo veo. Entre la cosa turca, la cosa fan, la cosa cañera y la cosa sanchista (salir en la Prensa del Movimiento como si fuera el Julio Iglesias de la izquierda, o al menos un hijo suyo, dice mucho), a lo mejor no hace falta mucho más. Yo creo que Rufián lo seguirá intentando, que su tiempo glorioso en el Congreso se acaba y puede terminar de concejal o de macarra de Gran Hermano VIP. Ahora, Rufián va a tener algunos contactos, reuniones o posados para ese proyecto que parece un proyecto para reparar a Humpty Dumpty pero no tiene por qué ser eso. A lo mejor no tienen que estar todos, aunque echen de menos a los de Bildu para parar el fascismo y traernos la libertad, como antaño. A lo mejor basta con otro Sumar y otro ministro de fotocol, flequillo vaporoso y frasquito de perfume con perilla. Yo he visto a Rufián en la entrevista, ahí en el quicio, y enseguida he pensado que esperaba a Sánchez con ramo de flores, peine en el bolsillo, chicle de menta y pecho de lobo. Un poco Bad Bunny, un poco telenovela turca.
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