El verano siempre ha sido el mes favorito de los gobiernos para adjudicar o legislar asuntos mediáticos. En agosto de 1989, Felipe González concedió los tres primeros operadores de televisión privada; en el último Consejo de Ministros antes del verano de 2005, el Gobierno de Zapatero concedió el canal en abierto Cuatro a Prisa; y en agosto de 2009, el mismo Gobierno de Zapatero concedió la TDT de pago a Mediapro. Pero el Gobierno de Pedro Sánchez no ha querido esperar al icónico mes. No faltarán malpensados que se lo atribuyan a la necesidad de que, cuanto antes, su "plan B" televisivo se ponga en marcha de cara al nuevo curso político.
La 'segunda oportunidad' de Contreras
La crisis económica que marcó la salida del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y la entrada de Mariano Rajoy coincidió con la muerte de dos operadores de televisión privada: el operador Sogecable (Cuatro) y el operador La Sexta, cuyos activos fueron absorbidos por Telecinco y Antena 3, que se renombraron como Mediaset España y Atresmedia, respectivamente. Era un severo varapalo tanto para Juan Luis Cebrián, en el caso de Sogecable, como para José Miguel Contreras, en el caso de La Sexta. Una muerte que habrían podido evitar si hubieran culminado el proceso de fusión Sexta-Cuatro, estudiado seriamente en 2009 y que fracasó por orgullos derivados de la llamada guerra del fútbol.
Durante un tiempo, Contreras optó por dar un paso al lado, mientras que Cebrián decidía volver a intentarlo. Tras fracasar la fusión plena Prisa-Mediaset, en parte reventada por el Gobierno de Rajoy al permitir la absorción de La Sexta por Antena 3 TV, saltándose el bloqueo de Competencia, el Grupo Prisa volvió a presentarse a un concurso. En 2015, el Gobierno de Rajoy convocó un concurso para conceder seis nuevos canales de televisión con la candidatura El País TV. Dos de esos canales se añadieron a la lista de Atresmedia y Mediaset. Pero los cuatro restantes eran para nuevos operadores. Pese a lo cual, ninguno de ellos fue para El País TV (se los llevaron la Iglesia, el Real Madrid, el Grupo Kiss y Secuoya). Lo cual, sumado a los operadores Net y Veo, concedidos por el Gobierno de Aznar, daba un total de ocho canales de televisión privada en abierto, a pesar de que gran parte de estas cadenas se han dedicado a la cuestionable estrategia de arrendar su señal a majors para que emitan sus contenidos enlatados.
Cebrián ya no tendría otra oportunidad de volver al sector de la televisión. La expulsión de Rajoy de La Moncloa se produjo casi al mismo tiempo que la de Cebrián y el felipismo de Miguel Yuste.
Recuperar el operador La Sexta... con Prisa
En diciembre de 2020, el fondo Amber, de Oughourlian, y Telefónica, donde tanto influía Javier de Paz, se hacían con el control del Consejo de Administración de Prisa. Ponían al frente a Miguel Barroso. Este, a su vez, nombraba a Carlos Núñez presidente de Prisa Media y a José Miguel Contreras como su director de Contenidos, además de convertirlo en uno de los tertulianos estrella de Hoy por Hoy, para rabia del cebrianismo. Pedro Sánchez se hacía fuerte en La Moncloa y, ahora, Barroso y Contreras podían recuperar su viejo papel de brujos visitadores de La Moncloa. El País dejaba de tener a Felipe González como referente editorial y pasaba a ocupar ese lugar José Luis Rodríguez Zapatero.
La operación era más ambiciosa e incluía una televisión. En 2022 hubo un cambio de capital en Prisa. Telefónica, siempre bajo la sombra de Javier de Paz, vendió sus acciones en Prisa a una nueva sociedad desconocida denominada Global Alconaba, a cuyo frente aparecía Andrés Varela, socio habitual de Contreras —ya lo fue en Globomedia— y vinculado por linaje a Prisa. Tras una junta extraordinaria de accionistas, Global Alconaba echaba a puntapiés a Roberto Alcántara del consejo para ocupar el lugar que le correspondía como principal accionista español de la compañía. Todas las fichas parecían estar en su sitio para dar el paso a la nueva televisión: la reaparición de un operador de televisión progresista con el nombre de Siete, que sus enemigos bautizaban como TelePedro.
La muerte que frustró la planificación
En enero de 2024 se produjo el punto de inflexión del proyecto: murió Miguel Barroso. Sus aliados, Contreras y Javier de Paz, lo despidieron con sendas emotivas tribunas en El País, "Querido Miguel" y "El Corazón de un Amigo". Pero era Barroso quien había logrado la confianza de Amber y la confianza de Oughourlian. Sin él, el delicado equilibrio entre accionistas extranjeros y españoles de Prisa quedaba desequilibrado. Nunca se sabrá qué hubiera pasado de seguir él al frente del proyecto.
El 16 de febrero de 2025, el Grupo Contreras lanzó su mayor órdago. Carlos Núñez, en su calidad de responsable de Prisa Media y de presidente de El País, usó su propio periódico para anunciar que el grupo volvería a aspirar a un canal de televisión en el concurso que convocara el Gobierno de Pedro Sánchez, a pesar de que este aún no estaba anunciado formalmente. Contreras sabía que hacer ese anuncio era un riesgo. Pero su baza era que, en su exposición, Núñez se comprometía a que TelePedro no supondría ningún gasto para Prisa, porque los gastos los cubrirían solo los accionistas españoles, es decir, Global Alconaba o el "Grupo Contreras". Si pensaban que eso suavizaría el cabreo del presidente de Prisa, se equivocaron.
El Consejo de Prisa desautorizó al responsable de medios. El 26 de febrero de 2025, Oughourlian utilizaba un medio competidor, Expansión, para anunciar que "el Consejo de Prisa hará una reflexión sobre la continuidad de algunos directivos" y, ese mismo día, Carlos Núñez captó el mensaje y dimitió. También José Miguel Contreras fue fulminado sin que ni siquiera El País informara sobre su cese, y simplemente su voz "desaparecía" de las tertulias de Hoy por Hoy sin explicación alguna. El propio Gobierno de Pedro Sánchez, a través de Óscar López, haría un último intento de involucrar a Prisa usando a Javier de Paz: que Telefónica, ahora estatal, comprara la parte de Vivendi de Prisa para doblegar a Oughourlian. Al final, las gestiones resultaron infructuosas y, encima, fueron filtradas por la prensa francesa.
Al Grupo Contreras, aunque sean accionistas de Prisa, les tocaba presentar la candidatura de Siete sin el apoyo de Prisa y buscar los socios internacionales que permitieran llevar adelante el canal, si no querían ser meros arrendadores de señal a majors o teletiendas, como Veo, Net o Kiss. El escogido parece ser el argentino José Luis Manzano, exministro de Menem, y que, tras tantos años ejerciendo un papel secundario en los medios de Argentina con su socio, el no menos controvertido Daniel Vila, logró que su grupo Vila-Manzano alcanzara la segunda posición tras comprar Telefé (la televisión argentina que en su día controlaba Telefónica). El tiempo demostrará si es una alianza estable o si acabará tan "contento" con su inversión como los de Televisa, que, tras sentirse utilizados por Ansón en la era Aznar primero, y por Contreras en la era Zapatero después, no es probable que deseen volver a nuestro país.
Daños colaterales en Mediaset
En esta historia también ha jugado un papel Mediaset España, que se presentó a esta competición sin demasiadas esperanzas, dado que el concurso parecía convocado ex profeso para Siete y solo si la candidatura no hubiera cumplido las condiciones podría haber ido a parar el nuevo canal a la lista de Mediaset. Es curioso que, mientras que la última vez que Mediaset se presentó a un concurso sus medios de opinión parecieron querer rebajar el tono contra el Gobierno de Rajoy —que le pregunten a Jesús Cintora—, en esta ocasión no solo no han suavizado la crítica, sino que La mirada crítica, El programa de Ana Rosa, En boca de todos, Todo es mentira y, especialmente, Horizonte han sacudido al Gobierno hasta en el carnet de identidad, el mismo Gobierno al que sus jefes pedían un canal.
Y, lo que es más revelador, la presidenta de Mediaset España, la exministra de Zapatero Cristina Garmendia, dimitió de manera fulminante. En un operador como Mediaset España, donde la presidencia no es ejecutiva sino institucional —es decir, su mayor labor es la interlocución con instituciones, empezando por el Gobierno—, su perfil de ministra socialista parecía idóneo. Su desaparición de Mediaset España parecía evidenciar que la interlocución Moncloa-Mediaset entraba en una etapa de turbulencias irreconciliables.
¿Y ahora qué?
Siete ya está concedida y, de acuerdo con el pliego de condiciones, tiene que estar lista para iniciar emisiones en un tiempo pautado. El grupo Contreras ha conseguido aquello que no logró Cebrián en 2015: una segunda oportunidad. La Sexta nació como la cadena del humor y el fútbol, aunque luego pasara a ser la del "más periodismo". Polanco acertó en 1989 al comprender que era mejor apostar por una señal de pago, al entender que sería difícil penetrar en un mercado tan disputado. Y la etapa 2006-2009 evidenció que no había mercado para que convivieran La Sexta y Cuatro.
Y, si todo les sale mal, siempre pueden llegar a acuerdos con Discovery, Disney, Paramount, AXN o Teletienda, que se convierten en la opción idónea para los fracasos televisivos
¿Cómo puede Siete penetrar en el espacio de la televisión en abierto en un mercado mucho más saturado de lo que lo estaba hace 20 años? ¿Cómo puede ser viable económicamente en un sector con una tarta publicitaria centrada en el duopolio de Atresmedia y Mediaset? Sin olvidar que, desde la cúpula de Prisa, no van a dejar de mirar con desconfianza toda la evolución del proyecto televisivo de sus incómodos socios.
O han encontrado inversores dispuestos a perder dinero en balde o cuentan con otro tipo de compensaciones. Esto segundo justificaría la apuesta de ir a por un nicho ideológico muy concreto: el nicho actualmente centrado en RTVE. La utilidad de Siete no parece, por tanto, centrada en la audiencia que puedan lograr hoy, sino en ser el bote salvavidas perfecto para el equipo profesional de la televisión pública si fueran expulsados de Prado del Rey por un cambio de Gobierno. Desde Silvia Intxaurrondo a Javier Ruiz; desde Cintora, José Pablo López y sus productoras amigas, si consiguen afianzar a un público entregado de TVE, pueden vender su martirio en Siete si un cambio de Gobierno los extirpara de la televisión pública. No hay más que ver cómo han informado del caso Zapatero estos días, diferenciándose del estilo de El País o La Sexta. Su plan A seguirá siendo aguantar ahí todo el tiempo que puedan en RTVE, pero el plan B ya está listo. Contreras puede tener una segunda oportunidad y el sanchismo, una supervivencia mediática en la que, eso sí, ya no parece que puedan contar con Zapatero.
Y, si todo les sale mal, siempre pueden llegar a acuerdos con Discovery, Disney, Paramount, AXN o Teletienda, que, vista la vista gorda que parecen hacer los supervisores con los arrendamientos, se convierte en la opción idónea para los fracasos televisivos.
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