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Los líderes de los partidos cierran la campaña más crispada de la historia de la Comunidad de Madrid

Llamamiento generalizado a la movilización electoral este 4 de mayo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el acto de cierre de campaña de los socialistas.

Los partidos que concurren a estas elecciones autonómicas madrileñas han hecho un último esfuerzo por movilizar a su electorado en una de las campañas más duras, polarizadas y crispadas que se recuerdan en la región. Marcada por las amenazas de muerte que recibieron varios políticos, -entre ellos, dos de los candidatos a la presidencia de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso y Pablo Iglesias- los términos de la contienda electoral han distado mucho de estar pegados al terreno de las necesidades de los ciudadanos, los mismos a los que necesitan tener supermovilizados este martes.

El «comunismo o libertad» de los estrategas de Ayuso y el «fascismo o democracia» al que se sumaron los partidos de la izquierda, eso sí con entusiasmo irregular, han marcado el tono de la última semana de campaña, que saltó por los aires con el enfrentamiento entre Pablo Iglesias y la cabeza de lista de Vox, Rocío Monasterio, en un malogrado debate en la Cadena Ser. Una campaña más parecida a unas legislativas de la que, sin duda, habrá que extraer consecuencias el 5-M.

Una contienda en clave nacional

Superada la enorme sorpresa que provocó la decisión del líder morado de dejar el Gobierno de la nación para salvar a su partido de la desaparición electoral, todo apunta a una foto fija en la que el centro-derecha, limitado a PP y Vox, sumará mayoría absoluta mientras que la izquierda vuelve a quedarse sin la Puerta del Sol pesar de la foto de unidad que ofrecieron los tres candidatos de este bloque en la manifestación del Primero de Mayo.

Sólo el CIS de José Félix Tezanos apuntó en sentido contrario, posiblemente con el deseo de movilizar al electorado de la izquierda madrileña bajo la promesa de que el triunfo está al alcance de la mano. Tezanos se la vuelve a jugar. Si acierta, se encumbrará frente al resto de las empresas demoscópicas. Si falla, ahondará en el descrédito de un organismo público, otrora prestigioso, que ha seguido preguntando a los ciudadanos sobre su intención de voto incluso fuera de plazo.

Pedro Sánchez, que cerró el acto en lugar de hacerlo su candidato, criticó desde Entrevías la ejecutoria de los gobiernos del PP en la región con «presidentes robando con las dos manos», un tiempo que calificó «oscuro, lleno de trincheras y de odio». Con un tono mucho más beligerante que Gabilondo, en un claro reparto de papeles, insistió en que «el poder del voto es formidable» para sustituir 26 años ininterrumpidos de gobiernos regionales del PP.

Sánchez y Gabilondo eluden cualquier alusión a un tripartito de izquierdas

El presidente del Gobierno, que se la juega en estos comicios desde el momento en que toda la estrategia se ha diseñado desde Moncloa, criticó el clima de amenazas y de violencia verbal «y el maltrato con el que la derecha y la ultraderecha se dirige a la gente más vulnerable. La diferencia entre ellos y nosotros es que nosotros queremos una sociedad en la que caben todos. Nos quedan dos días, vamos a movilizarnos para hacer realidad un sueño que merece la pena».

Por su parte, Gabilondo prometió que «no os voy a fallar» para pasar a señalar que «estamos en una encrucijada. Ha llegado la hora ineludible de elegir».

El más moderado de los candidatos, que no huyó de consideraciones filosóficas en torno a la libertad o el éxito y sonó no pocas veces como una homilía, hizo un exordio a las urnas. «Son como una comunidad de voto. Ahí cabemos todos, es un espacio común de democracia. Votar al PSOE es votar por una Comunidad de todos. Vamos a gobernar porque vamos a votar masivamente, Estamos tocando la victoria». No quiere Gabilondo excluir «a nadie» y presentó a PSOE como el antídoto contra la exclusión y el odio, aunque no insistió en su mano tendida a Pablo Iglesias, cuestión de la que tampoco habló Sánchez.

Díaz Ayuso llevó a los suyos al Puente del Rey, tras evitar la Plaza de Felipe II, donde Ciudadanos colgó una enorme lona con los insultos que se han cruzado en estos días algunos de los candidatos. En un ambiente festivo, con todos los sondeos a favor, el líder del PP, Pablo Casado, comparó a su candidata, Isabel Díaz Ayuso, con Manuela Malasaña, «el momento en que el pueblo de Madrid se levantó contra una una invasión y siempre abanderó al libertad».

La «Manuela Malasaña del PP»

En una campaña regional pero de trascendencia nacional, Casado también se la juega y, como ya ha hecho en otros actos públicos incluso sacó a pasear a ETA, a Venezuela, al independentismo catalán, al CNI y al CIS. Tampoco dejó de pasar la ocasión de la arremeter contra subida de la renta a cuatro millones de españoles tras la supresión de las ayudas fiscales por las tributaciones conjuntas de IRPF o recordar las colas del hambre.

La «Malasaña del PP» arrancó su intervención con una larga retahíla de agradecimientos, muy especialmente para su director de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, que «además de mi jefe de gabinete es por encima de todo mi amigo y lo es todos los días». «Dejó atrás sus quehaceres -agregó- Es mi escudero, protector, compañero de aventuras, el que más me inspira y más me enseña. Te pido tiempo para poder contarte las cosas poco a poco».

Ayuso volvió a buscar el cuerpo a cuerpo con Sánchez

La intervención de la persona llamada a la reelección, salvo que la izquierda consiga sumar los 69 escaños de la mayoría absoluta, jugó al enfrentamiento con el Gobierno central, que tan buenos réditos le da para atraer también el voto de la derecha populista. Tras recordar su gestión de la pandemia del coronavirus, proclamó que «no pienso cerrar Madrid porque no me da la gana ni nadie me chantajea. Nos llamaron peligrosos, asesina, sepulturera, pero los vecinos de Madrid dimos una lección al mundo». Pero su momento más aplaudido fue cuando replicó a Iglesias que «yo sonrío cuando quiero porque no soy de Podemos» en alusión a su enfrentamiento en el debate de Telemadrid.

Ayuso pidió una mayoría suficiente para gobernar en solitario, olvidando a sus antiguos socios de coalición, Ciudadanos, que se juegan el ser o no ser en estas elecciones. Edmundo Bal, arropado por Ignacio Aguado, Begoña Villacís e Inés Arrimadas, que también animó al voto -«que nadie se quede en casa, lo vamos a conseguir», dijo- está en una de las encrucijadas más difíciles para los naranjas, con riesgo cierto de desaparecer del panorama político regional. Admitió que han pasado «unos meses malos, pero no nos hemos rendido, no hemos bajado los brazos».

Bal confiesa que «me encantaría ganar a Iglesias para demostrar lo que es la convivencia»

Confesó Bal que «me encantaría ganar a Iglesias para demostrar lo que es la convivencia» y acusó tanto a Gabilondo como al líder morado de haber puesto sobre la mesa «la agenda del enfrentamiento». Su entrada o no en la Asamblea madrileña, que la mayoría de los sondeos descartan, le podría hacer de nuevo determinante para Ayuso, pero, lo que es más importante para Arrimadas, asegurar la supervivencia de las siglas.

El aliado parlamentario de Ayuso, Vox, eligió el que fue durante mucho tiempo un sitio emblemático para los populares, la Plaza de Colón. Tampoco ahorró en críticas al PP, su principal adversario en esta contienda, el que más daño electoral puede hacer a Santiago Abascal. Abascal denunció la, a su juicio, «equidistancia» del PP y burlado de las «curiosas» maneras en las que su candidata, Isabel Díaz Ayuso, había definido la libertad, informa Ep. Un enfrentamiento a todas luces con fecha de caducidad, porque si nada cambia, PP y Vox están condenados a entenderse para un nuevo gobierno presidido por la popular.

Por su parte, la persona llamada a ser una de las vicepresidentas de un hipotético gobierno de coalición de la izquierda, Mónica García, candidata de Más Madrid, partido con la previsiones al alza, hizo honor de su reconocida espontaneidad al afirmar que «Madrid es la hostia y nos lo están robando». Cerró campaña llamando a votar para «poner a latir» la región, cambiando «el odio por la convivencia». Con anterioridad, el líder de Más País, Íñigo Errejón, había instado a «reventar las urnas» y llamado a todos los trabajadores a «concienciarse» de la importancia de ir a votar aunque los comicios sean en día laborable, informa Efe.

«Tu jefe vota, los jefes votan siempre. Los trabajadores tienen que votar, la gente sencilla tiene que votar», avisó el diputado, que quiere mandar «a la oposición» a «los racistas», los que «llaman enfermos» a las personas LGTBI y los que «nos llaman vagos por querer llevar una vida decente».

Iglesias volvió a sus esencias para hablar de élites, de banqueros y de «paradigma keynesiano»

Pablo Iglesias, desde Vicálvaro, donde no intervino una, sino dos veces, -en un largo acto electoral que se solapó con el de Vox- tiró de épica y de emoción y volvió a su discurso sobre el fascismo y la defensa de la democracia, todo muy en clave nacional, sin ninguna alusión a cuestiones autonómicas. Vino a decir que está rodeado de «francotiradores» por desafiar al bloque de poder que existía antes de Podemos «y hacer eso tiene su precio».

A pesar de que los sondeos le ubican en el quinto lugar de las preferencias de los ciudadanos, ha recordado que su vocación es la de gobernar, aviso a Gabilondo que, por su parte, prefirió ignorarle en su discurso. El ex vicepresidente, quizá un poco a la desesperada, habló de banqueros, élites, establishment, de nuevo «paradigma keynesiano», de Trump, de los de «arriba» y de los de «abajo» y hasta afirmó que el PSOE echó a Sánchez sólo para que no pactara con él. Fue un Iglesias que retomó sus esencias, el discurso de los inicios de Podemos.

Tras afirmar que «la soberanía no descansa en el Rey de España, descansa en el pueblo español», cosa que, por otro lado, dice la Constitución, concluyó su intervención con un llamamiento para que «el día 4 haya colas, colas y colas interminables en los barrios y pueblos trabajadores, en orden, disciplinadamente, sin caer en sus provocaciones».

Este lunes es jornada de reflexión y la suerte está echada.

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