León XIV visita España

Opinión

EL GOLPE

El papa es sanchista

El papa es sanchista
El Papa León XIV firma el libro de honor del Congreso, durante su visita al Congreso de los Diputados | Europa Press

León XIV casi parecía en el Congreso un apóstol desmembrado en una plaza o un Cristo zarandeado en Sevilla, entre sanedrines, romanos, mirones y saeteros. Todos querían repartirse al papa, llevarse un poquito del papa como un poquito de milagro o de salvación (el papa, tan de blanco, tiene algo de heladero de la salvación por la calle, por las pérgolas y por los palacios como hoteles de la costa). Todos querían llevarse algo del papa, de su discurso, que tenía algo de borbónico y navideño, o de su figura, que tiene algo de bola de helado moral o de carrito de los postres de Dios. La izquierda veía su estampa de pobres, migrantes y mercaderes del templo (esa izquierda que suele decir en estos casos, apretando el puño como con una medallita heredada dentro, que Jesucristo fue el primer comunista). La derecha, por su parte, veía valores y familia, que suena como a ahorritos del señor Banks de Mary Poppins. Los indepes veían la posibilidad de que el papa les legitimara la nación tribal plantando una cruz colombina con tedéum catalán. Y el sanchismo, claro, sólo veía más sanchismo. El papa en realidad es sanchista, nos venía a decir Bolaños, que es como el vestidor de santos de la Moncloa. Sánchez podría compartir con el papa el Nobel de la Paz, el trono mundial y hasta la heladería de Dios. Al menos, si no lo imputan (a Sánchez o a un papa sanchista).

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Bolaños, convertido, pentecostal, iluminado por el blanco nuclear de Dios, se ha dado cuenta de que el papa sólo viene a repetir con coro de ángeles lo que él y Sánchez ya decían con coro de la prensa del Movimiento. Ha recordado Bolaños, que es como ese niño que lee una Carta a los corintios sin entender nada, ni siquiera lo que es un corintio, que suena a pájaro pescador; ha recordado Bolaños, decía, como el que recuerda un versículo mal recordado, una rima mal aprendida, que el papa ha venido a decir poco menos que polarizar es pecado. Y que eso, ese pecado, que además es un agravio a este papa que se ha posado en las cornisas de España y del Congreso como ángel de buena voluntad; ese pecado mortal de la polarización es justo en el que está cayendo la oposición por usar la corrupción contra el Gobierno. Bolaños se ha equivocado de profecía o de religión, porque parece no entender que lo malo es la corrupción, no nombrarla, y que lo que polariza, y cabrea, es la existencia, la amplitud y la impunidad de la corrupción, no señalarla; que no puede ser un pecado perseguir el delito y a los delincuentes, ni puede ser anatema exigir responsabilidades a los que tienen precisamente las responsabilidades. Ellos, que llaman fascista y ultra a todo el que chiste o a todo el que tiene ojos (“el que tenga ojos...”) no polarizan, sino que seguramente sólo polinizan, como abejitas de la verdad, esas abejitas de Dios.

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Todos quieren ser papistas, que parecía que la Iglesia ya no tenía influencia, que sólo le quedaban las monjitas africanas para sostener la fe de Occidente, pero el papa ahora ya parece el influencer o el reguetonero de Dios. Así que los creyentes y los no creyentes, los tontos y los listos, Bolaños y el propio Sánchez buscan refugio bajo las alas de cornete del Espíritu Santo un poco como algunos lo buscan en la casita de Bad Bunny (esa casita es la metáfora más perfecta del mundo ahora, es como la balsa de la Medusa de nuestra decadencia). El sanchismo hace ya mucho que intenta escapar de lo suyo agarrándose al primer ángel que pase, el ángel de la paz, en ángel de la muerte, el ángel con trompeta que llama a los reyes y a las naciones, el ángel sólo de pluma que posa en las fuentes, o el que sea. Y el papa trae el mayor ángel de todos, él mismo, que es como el señor canoso que cuida todo el palomar de ángeles. Todos los buenos sentimientos, los buenos deseos, los tiernos suspiros, los villancicos limpios y necios y absurdos; todos los niños del coro, todos los frailes de borriquillo y todas las puras vírgenes, que así dicho suena a aceite, vienen con el papa. Es como si a Sánchez le hubieran traído el circo celestial a casa y se hubiera subido a él. O se hubiera subido encima del propio papa como encima del abuelo, para usarlo como jaca o fantasía.

Lo que ocurre es que al sanchismo no le importa la paz, ni piensa en los inmigrantes, ni defiende nada que no sea su supervivencia mefistofélica

El papa quiere la paz como Sánchez, piensa en los inmigrantes como Sánchez, defiende el diálogo como Sánchez, el papa está “alineado” con este Gobierno, han llegado a decir aprovechando esa dulcería de los ángeles y ese aleteo de las monjas alrededor del papa. El papa incluso vuela o rueda entre algodones, igual que Sánchez, así que no es que Sánchez sea papista, sino que el papa es sanchista. Lo que ocurre es que al sanchismo no le importa la paz, ni piensa en los inmigrantes, ni defiende nada que no sea su supervivencia mefistofélica. El sanchismo tiene más que ver con sus pozos de pocero, con sus instituciones enmierdadas, con esa corrupción de funcionarios esbirros, de mafiosos con garfio, de barraganes de mesón, de horteras de discoteca, de señoritas de salón de uñas y hasta de grandes duquesas con lámpara de araña en el cuello, todos intercambiándose joyas, pelucas, juergas, perversiones, chistorras, extorsiones y fidelidad. Hacer esto, y enterrar que hicieron esto haciendo otra vez esto, eso es el sanchismo, muy lejos de las religiones arcangélicas o confiteras.

A León XIV lo aplaudieron 7 minutos, un récord como de tenor, hasta que casi empezaron a desconcharse las poncheras del techo o del propio Cielo. Esa unanimidad o casi unanimidad parecía mágica, milagrosa, teniendo en cuenta que nuestro Congreso es un anfiteatro o una gallera de fieras, carniceros y apostadores con todas las alegorías ya espantadas tras las molduras. Lo que pasa es que la religión es ambigua como la política, por eso se pueden intercambiar salmos y piropos. El discurso del papa fue compasivo, conciliador, humanista y sólo cristiano, me parece a mí, en cuanto a la superstición de las almas (el supuesto sufrimiento de las almas por encima del cierto sufrimiento del ser humano es algo a lo que no pueden renunciar porque es lo que distingue lo suyo de otros negocios). Fue, como decía, un discurso borbónico, navideño, ecuménico, emotivo y emocionante, casi cocacolero. Era ese discurso que la gente de buena voluntad aplaude enseguida y que la gente de mala voluntad aplaude aún más porque le sirve de disfraz perfecto, como el disfraz de pastorcillo de belén de Zapatero. Sánchez, que se escondía en las islas desiertas o en la Gran Muralla china, como cuando se escondían Mortadelo y Filemón, ya siente que sólo puede esconderse entre la colada o las cocinas de Dios, como un diablillo huido. Ya no tiene mucho más. Ahora van a llamar a declarar a Cristina Narbona, la presidenta del PSOE, que debe de ser que ya están conspirando, o polarizando, los propios dioses.

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