Opinión

P.S. es Paquita Salas y Marlaska es Millán Salcedo

El misterio de P.S.

Leire Díez podría haber escrito en las pirámides, o en un recetario del seguro, o podría ser la autora del manuscrito Voynich, que nadie ha descifrado aún. El caso es que no somos capaces de imaginar qué puede ser “P.S.”, eso que escribió ella varias veces en su libreta un poco nigromántica o extraterrestre. “Reunión con P.S.”, “hermano de P.S.”… Ni siquiera podemos alcanzar a imaginar a qué puede referirse todo lo que hay allí, cómo encaja, qué sentido tiene ni qué misión cumple, si son anotaciones de una mafia, de una mercería o de un marciano trompetero. “Puede ser Paco Salazar, Pedro Solana…”, aventuraba en Malas Lenguas Loreto Ochando, tirando de navaja de Occam o de gafa gorda. Incluso podría ser “Paquita Salas”, llega a decir en otra ocasión la misma periodista, especie de ogro trotaconventos de la profesión (sigan sus ecos sobre los deneíses de Peinado o la bomba lapa contra Sánchez), y que yo veo especialista en los misterios sin misterio, en las conspiraciones de lo evidente y en otros espiritismos y sospechas siempre alrededor del interés del Gobierno. Es verdad que en ese momento la pararon: “No, Paquita Salas no, vamos a ser serios”, la cortó Jesús Cintora, que con esa cosa suya de zagal con zamarra de La hora chanante terminó haciendo de esto lo más cómico y absurdo de la conversación.

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Yo creo que todo esto tendrían que pasárselo a la Nave del Misterio de Iker Jiménez, ahora en Horizonte, que ya no busca fantasmas en los relojes de péndulo sino en el sanchismo, que tiene más. Por ejemplo, los 61 periodistas de la cuerda que menciona Jacobo Teijelo. Aunque alguno de ellos, como Mateo Balín, ya se nos descubrió cerrando el círculo de la cloaca: las grabaciones de Villarejo en las saunas del suegro de Sánchez, compradas por la trama, fueron explicadas por Balín, también en Malas Lenguas, como maniobras parapoliciales contra Sánchez ya en aquellos primeros tiempos, haciendo pensar o malpensar en una UCO patriótica en pañales o con albornocito. Pero la verdad es que no hay tanto misterio. Si uno mira la agenda de Leire, y aquel manifiesto “contra el golpismo mediático y judicial”, o simplemente mira lo que tiene delante, limpiándose antes la gafa gorda, enseguida desaparecen casi todas las conspiraciones y telarañas.

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La polarización de Mr. Potato

Marc Giró es de chistera como María del Monte es de peineta, la lleve o no. Los dos, incluso, tienen su público acorde, uno con chistera imaginaria y otro con peineta imaginaria. Igual que María del Monte se coloca la peineta en casa, como un samurái sevillano, me parece que Marc Giró se puso enseguida la chistera, y la chistera de combate, nada más ver que el papa León XIV atacaba la polarización como a gorrazos de bonete. Con la chistera con cañonera ya puesta de casa, Mar Giró se fue luego a su programa como a la ópera (él va a su programa como a la ópera de él mismo, igual que Frasier) y se dispuso a ser el antipapa con chistera que defendería la polarización, que es buena y progresista, contra una loca iglesia de matices y boina. Yo nunca había visto a Giró en acción y me lo imaginaba entre Buenafuente y La Trinca, pero la verdad es que es más bien un Mr. Bean sin pilas, sin poderes de Mr. Bean, sin gracia y sin vida, un Mr. Bean congelado que más bien sería ya un Mr. Potato. La crítica y el humor se quedaban en una severidad expresada con asquito y en unas muecas que parecían su asfixia en una bolsa de plástico. Pero además las falacias le llegaban al copete, y así no hay posibilidad ni de humor ni de seriedad. Este Mr. Potato a cachos parece un infiltrado puesto ahí para que nos deshagamos del humor y de la inteligencia como de las orejas y los ojos.

Marc Giró en 'Cara al Show' | E.I | E.I

Con coreografía de Rocky, para que doliera la cosa moral o lógica en el hígado, Mar Giró nos pretendía convencer de que la polarización es sólo seguridad y convicción, ese sí o ese no rotundos a las grandes preguntas, porque uno no se puede poner a matizar sobre el feminicidio, claro. Pero no, eso no es polarización, eso es binarismo lógico o un test de revista de la pelu. La polarización es otra cosa, es el conmigo o contra mí, es la construcción de un dualismo tribal por adhesión emocional y lealtad ciega; es que no hagan falta ni las preguntas ni las respuestas, ni la verdad ni el análisis porque basta la adscripción a una de las dos tribus. Pero incluso con dos boxeadoras por allí, americanas o goyescas, la cosa daba para poca sangre, así que Giró pisaba la cara de una actriz disfrazada de obrera para equiparar además el no polarizar con el silencio sumiso. Era como esas performances macabras de los indepes con harapos, antorchas y jubilados de la clase de expresión corporal. A lo mejor ése es su público.

La polarización es sólo la táctica de Sánchez para intentar salvar el pellejo dándole la vuelta a todo después de haber volado la democracia

La polarización no sólo no es la verdad, ni la convicción, ni la justicia, sino que es justo lo contrario. Ahora, en realidad, es sólo la táctica de Sánchez para intentar salvar el pellejo dándole la vuelta a todo después de haber volado la democracia (llegó a decir Giró que lo de Leire pasaría como lo del pequeño Nicolás, que aquí hay mucho Lazarillo, y yo creo lo decía que sin ironía, que no era posible la ironía en su congelación). El monólogo de Marc Giró también le daba la vuelta a todo para llevarte al final, como el test de la revista te lleva a la boda o a la dieta, hacia la trinchera de siempre. A un lado, machistas, asesinos, franquistas, terraplanistas y comedores de jamón, (¿la “fachosfera”?), y al otro lado, ellos. Ellos, quizá con un tal P.S. y hasta un Mr. Potato que vive en la congelación. Bueno, si a eso se le puede llamar vida, que peor que no tener orejas, ni ojos, ni cintura, ni sangre, ni chistera de verdad, es no tener humor ni dos dedos de frente.

Sánchez se pudre en otros

Pedro Sánchez ha estado de misa, de festivales, de manisero del progreso y de pintor de angelitos negros de Machín, y no le hemos notado ni más ni menos vivo ni muerto por Leire ni por Zapatero Romanov o Zapatero Nefertiti (las joyas “de escaso valor” del cajón de la abuela, que te sacaban en TVE como si fueran collares de picapica del carrito de las chuches, ya saben ustedes lo que valen). A Sánchez ya le hemos hecho la comparación con Dorian Gray, lo que pasa es que su retrato no es un retrato sino que la sombra y la podredumbre las va dejando por sus ministros, sus tertulianos y sus heraldos. Todo lo que no se le nota a Sánchez se le nota a Marlaska, por ejemplo, que colapsó el otro día cuando le preguntaron por las contradicciones en las reuniones sin reunión, sin importancia o sin tema de Leire con la directora de la Guardia Civil. Marlaska tartamudeando, Marlaska encasquillado en un glitch o en un tic, como si fuera Millán Salcedo, era algo que no nos imaginábamos en el ministro más longevo y quemado. Al tertuliano Pedro Vallín, que suele hablar como desde una tarimita o una farola de desprecio y condescendencia, también lo hemos visto temblar verdadera y físicamente, como el barbero de Al Capone, cuando Ferreras le volvió a sacar su foto con Leire.

El ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska

Y lo de Wyoming, el gran Gran Wyoming, que es como ese cura que hace él, pero de la izquierda conventual, es casi más espeluznante porque fue como si Wyoming renunciara a Wyoming. Al menos, cuando la UCO registraba Ferraz se permitía hacer gags de policías fardones registrando los ojetes a la gente. O nos decía que lo mejor para confiar en la justicia es “no ver lo que hacen ciertos jueces”. O, ante una foto de Aznar y Rato como si estuvieran en el monte Rushmore, nos sacaba eso de que “la derecha gestiona mejor las cloacas”. Pero luego dijo una frase con la que a mí me pareció que se derrumbaba, siquiera a su manera. “Un Gobierno progresista no puede ni debe responder al lawfare con las armas que tanto hemos criticado”. No era ya sólo que Wyoming asumiera el lawfare, que sabemos que lo hace, ni que admitiera que la trama Leire es del Gobierno. Es que era una frase totalmente seria. Era la decepción, la derrota, la muerte de tener que renunciar al humor, al personaje, a la máscara, al truco, a los policías del ojete y a las fontaneras de mocho enfrentadas a los James Bond de Colón. Sí, Sánchez está igual porque se pudre o se desmorona en todos los que le rodean. Wyoming serio era aún más descorazonador que Marlaska tartaja.

El Gran Wyoming en 'El Intermedio'

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