Opinión

EL GOLPE

Zapatero, padre cruel

Zapatero, padre cruel
El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, | EP

Después de la carta pidiendo confianza y cinco duros (va a necesitar mucho más que la peseta rubia o morena de Lola Flores que decíamos ayer), Zapatero no sólo no ha conseguido convencer al juez Calama, sino que ha visto cómo imputaban también a sus dos hijas y a su secretaria, la fiel Gertrudis, que va con adjetivo como una secretaria de tebeo. A las hijas de Zapatero las hemos infantilizado y esculturizado demasiado en esa imagen de gárgolas adolescentes con los Obama, con su goticismo de edad del pavo (el pavo ya es un animal gótico de por sí, todo como de pluma de encaje negro y lóbulos de sangre en la cabeza y los ojos). Pero las hijas de Zapatero son ya dos mujeronas a las que el goticismo ha convertido, como a Robert Smith, el cantante de The Cure, en señoras de pueblo con cementerio de pueblo, que ya no es el cementerio de las portadas de los discos. Las dos hijas, por tanto, son susceptibles de ser investigadas en la Audiencia Nacional y hasta de ser crucificadas en la plaza del pueblo, junto a una cruz de mayo, por las vecindonas. Lo que pasa es que las dos señoras, con luto de señoras, sí siguen siendo niñas para el padre, y es lo que no entiende uno, que Zapatero haya metido a sus hijas en este jaleo, siquiera lateralmente.

PUBLICIDAD

Lo de Zapatero va pintando muy mal, aunque ni la Moncloa ni el PSOE, que son lo mismo, quieran o puedan bajarse (no pueden, es verdad) del discurso de la confianza y la presunción de inocencia, de la alta nube o del frondoso guindo. Parece evidente que Zapatero no estaba tan enfocado en convencer al juez como en pedirle fe al público, que no dedicó tanto tiempo a su declaración y a su defensa como a redactar su comunicado, su carta a la ciudadanía, su lamento tan desmayadamente sanchista, y que era como la tarjeta que reparte el que pide en el metro, con el acordeón como un braguero o el violín como una manquera. No era muy buena señal ésa, llegar ante el juez con menos papeles que un regularizado por Sánchez, con menos respuestas que Begoña Gómez en la Selectividad, y fiarlo todo al juramento ante una ermita o un roble. En realidad, en una trama tan compleja como la que dibuja la investigación, uno piensa que hubiera bastado con cortar un hilo o dos para, si no desmontarla por completo, sí generar o despejar alguna duda. No fue capaz Zapatero de hacer nada de eso, al contrario, lo empeoró, dando al juez motivos para imputar a su entorno ya íntimo, a la secretaria aún con todas las llaves y a las hijas aún con todas las chinchetas. Parece torpeza o crueldad pero yo diría que, simplemente, Zapatero nunca pensó que pudiera llegar este momento.

PUBLICIDAD

Zapatero no creo que haya sido nunca ni el abate de cordoncillo, ni la alegoría de la democracia ni el hippie con campanilla que algunos aún creen que es. Desde la negación de la crisis a la negociación con una ETA moribunda, que de hecho le otorgó una segunda vida blanqueada; desde su apuesta por un nuevo guerracivilismo embozado de buen talante (la polarización antes de la polarización) al invento de la política meramente simbólica (el relato antes del relato), y por último desde Venezuela a China, Zapatero ha sido ladino, ambicioso y aciago. Si la impresión entre los creyentes o entre algunos ingenuos es todavía la contraria es porque también él inventó lo de darle la vuelta a la realidad con palabras lentas, satinadas, genéricas, vacías, mágicas, curativas sólo por su sonido (el propio talante, el diálogo, la paz, la democracia…), mientras las negaba con las intenciones y con los hechos. El sanchismo no es otra cosa que el perfeccionamiento del zapaterismo, Zapatero no era tanto el “faro moral”, como dicen los del farero Feijóo, sino el autor intelectual, el creador de todas estas trampas que Sánchez ha convertido en virguería. Zapatero nunca fue ese santo ni esa luz, pero sí estaba seguro de que los demás lo veían así. Como Sánchez (o su espejo Trump), yo creo que terminó pensando que podía hacer cualquier cosa. Hasta ahora.

Parece torpeza o crueldad pero yo diría que, simplemente, Zapatero nunca pensó que pudiera llegar este momento

Zapatero ha conseguido que imputen a sus propias hijas, que ya son señoras pero hasta los demás las seguimos mirando con ternura, con aquella modita adolescente que ahora sería coreana o así; con sus cascadas negras en la ropa y en los ojos; con sus peluches, aunque fueran peluches con los ojos sacados; con su diario íntimo y tribal (algo así como el diario de Leire), con su infantilismo de chicle que todavía se reflejaba en ese corazón rosa que tiene el logo de su empresa o empresita. Zapatero ha conseguido que las imputen, o al menos no ha podido evitar que las imputen, y ahora el personal se pregunta si ha sido más torpe o más malvado, si ha sido crueldad o descuido de mal padre, mientras sus hijas, como dos bebés de tiranosaurio, ya han llegado a la adultez del señor juez, que aún impresiona más que la del señor cura.

Yo diría que Zapatero se creyó tres cosas. Primero, que su personaje había sido realmente creído, aceptado y santificado como mesías moral, con el Espíritu Santo sobre la cornisa de sus cejas. Segundo, que por talento o por beatitud, por lugar o por oportunidad, todo lo que consiguiera se lo merecía, que de alguna manera el destino se lo debía y por eso se lo pagaba con reverencias, dignidades, dinero o incluso collares como espadones del Cid. Y tercero, que era intocable, no ya por símbolo o por dios sino sobre todo por Sánchez; que nadie podría acercársele siquiera con Sánchez en la Moncloa y el sanchismo penetrando o poseyendo todo el Estado o todo el país, desde la Fiscalía a las cloacas pasando por los medios (aún se siente esa convicción, poderosísima). Quedarse con joyones de reina mora, mediar en concesiones o rescates (económicos o humanos), comerciar con la paz, con la vida o con la muerte, todo podría ser posible y nada podría pasarle, ni a él ni a los suyos. Meter a sus hijas ahí sería poco más que meterlas en la piscina. Se creyó impune, como corresponde a los dioses o a los necios. Ahora, no sale de su sorpresa y por eso anda balbuceando y mendigando igual ante el juez que ante la calle.

Comentarios

Normas ›

Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.

Regístrate para comentar

Te puede interesar

Lo más visto