Política

Rivera escenifica su distancia con Sánchez en una reunión exprés de menos de una hora

Ante la cita con el Ejecutivo en funciones, las presiones llegan a Ciudadanos desde todos los flancos, tanto externos -PP, PSOE y banca- como internos, con una parte de las bases proclive a sumar con los socialistas

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Rivera escenifica su distancia con Sánchez en una reunión exprés de menos de una hora
Reunión de Pedro Sánchez con Albert Rivera en Moncloa.

Reunión de Pedro Sánchez con Albert Rivera en Moncloa. EFE

Resumen:

Dan las cuentas para una mayoría absoluta. Ciudadanos podría, si quisiera, gobernar con el PSOE con un total de 180 diputados si no fuera por las claras líneas rojas que han marcado los de Rivera desde el comienzo de la carrera electoral.

Son muchas las ocasiones en que Rivera dijo que «no» a Sánchez. «No habrá ni va a haber ningún tipo de negociación con el PSOE», zanjaba Arrimadas hace unos días, «ni para Gobierno ni para investidura». Ciudadanos ha mantenido desde el minuto uno un discurso crítico contra un Ejecutivo al que ha llegado a calificar de «peligro número uno de España». Y, con esta rotunda postura, Rivera y Sánchez se han visto las caras este martes. Pocas horas antes del encuentro, Albert Rivera ya había especificado que no se abstendrá para investir a Pedro Sánchez y se presentará en Moncloa como una «alternativa fuerte» para cuando el Ejecutivo socialista «se desmorone» y mientras el PP «se descompone».

El líder de Ciudadanos se ha reunido con el dirigente socialista -por primera vez desde 2017- para trasladarle una oposición «firme» y «con sentido de Estado». La reunión entre ambos ha durado menos de una hora, un gesto en el que Rivera ha escenificado la distancia que ha mantenido -y va a mantener previsiblemente- con Sánchez de cara a un posible pacto o abstención de investidura, que se estima imposible por parte de los naranjas.

La cita de Rivera ha estado enmarcada en un claro clima de tensión: por un lado, con el aún incierto escenario de pactos agravado por el inminente inicio de campaña del 26 de mayo; y, por otro, por las continuas presiones desde todos los flancos que ha recibido -y sigue recibiendo- Ciudadanos para dar su brazo a torcer y facilitar la investidura.

El bipartidismo ha sumado fuerzas, al menos en lo que a pedir la abstención de los naranjas se refiere. Y a ambos les sobran los motivos. Casado porque, ante el batacazo electoral del 28A en que Ciudadanos se quedó a unas décimas del sorpasso y en el que registraron su mínimo histórico (66 escaños), trata de mantener su liderazgo en la oposición ante un reforzado Rivera (que gana 25 asientos respecto a 2016), y lucha por mantener la hegemonía del centro-derecha; y Sánchez secunda el discurso de los populares, claro está, para tratar de gobernar en solitario y reafirmar que no necesita de Podemos ni de fuerzas nacionalistas para mantener su sillón en Moncloa.

Pablo Casado, en su reunión de ayer con el Ejecutivo, dejó claro que ni se abstendrá ni «facilitará» un Gobierno socialista. Pero sí ha deslizado que «hay otras sumas, otros partidos con los que Sánchez ya ha pactado anteriormente», instando directamente a los de Rivera a que cambien de opinión y sí se abstengan. Ya en 2016, el líder de Ciudadanos llegó a pactar un acuerdo de investidura con el PSOE, finalmente fallido por contar con la oposición de Podemos.

En el cara a cara con el Ejecutivo, el líder popular pidió directamente a Pedro Sánchez que no dependiese de los independentistas y que presionase a las fuerzas constitucionalistas para formar Gobierno, en una velada alusión a Ciudadanos.

El consejo envenenado del PP no tardó en calar en las filas socialistas. El número 3 del PSOE, José Luis Ábalos, volvió a pedir en la tarde de ayer un ejercicio de «coherencia» a los de Rivera en aras de la estabilidad del país, invitando nuevamente a los naranjas a abstenerse en la segunda votación de investidura de Pedro Sánchez, como ya lo hicieran en la proclamación de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno en 2016, cuando «se presionó mucho con el argumento de la estabilidad para que el PSOE se abstuviera».

Pero poco o nada parecen afectar las presiones al pulso de Albert Rivera. Fuentes internas de la formación aseguran que la decisión de la formación es firme -aunque no extrapolable a las autonómicas y municipales- y, de cara a la reunión con el presidente en funciones, mantienen su rígida posición de vetar a Sánchez en el Congreso y su predisposición a actuar como «dique de contención» ante el «sanchismo, el populismo y el nacionalismo».

Presiones internas

Las presiones a los naranjas, tanto para gobernar en coalición como para facilitar la investidura, no solo vienen por parte de socialistas y populares. Y es que dentro de las propias filas de Ciudadanos existe también cierta inquietud por la consecuencia directa del veto a la izquierda: abocar necesariamente a un gobierno con Unidas Podemos e independentistas.

La dura campaña contra el PSOE no se corresponde, sin embargo, con el sentir de una parte de las bases, proclives a sumar con los socialistas o, al menos, a la abstención. «El ‘no’ a Sánchez fue un error», confiaba a El Independiente una persona bien relacionada con la dirección de Ciudadanos, una opinión compartida con algunos de los grupos de trabajo del partido en Telegram. «Diría que hay opiniones divididas al 50%», explicaba uno de los participantes. «Unos sí están a favor de pactar con el PSOE sin pronunciarse si entrando en el Gobierno o, simplemente, pactar la investidura y cerrar acuerdos puntuales por aquello de la ‘altura de miras’ y ser partido de Estado».

Las presiones existían incluso antes de las elecciones. Fuentes del partido aseguran que ya en plena campaña varios grupos de militantes mostraban reticencias tanto al veto a Pedro Sánchez como a la predisposición a pactar con la derecha. Y miembros de la Ejecutiva incluso preferían un gobierno con el PSOE antes que con un moribundo PP. Pero la dirección ya cerró filas ante los posibles disidentes y, según pudo saber este medio, el partido censuró que tales discrepancias se hiciesen públicas tras los comicios generales.

Pero hay más. Los de Rivera deben aguantar presiones también por parte de la banca. Desde el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, quien apostaba bien por un «Gobierno monocolor», bien por uno de coalición entre PSOE y Cs como la mejor opción para España desde el punto de vista de los mercados; hasta el Banco Santander, una entidad que afirmó que un pacto entre los socialistas y los naranjas «sería mejor recibido que el populismo de Unidas Podemos».

Y las voces empresariales no se quedan ahí, ya que al menos una decena de bancos internacionales (Morgan Stanley, Deutsche Bank, Barclays y HSBC, entre otros), ya se han pronunciado sobre la necesidad de la suma del centro-izquierda, que sería «el escenario soñado por los inversores» para garantizar la buena sintonía de la economía española.

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