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Albert Rivera se juega su futuro político a una única carta: el 10-N

Política

Albert Rivera se juega su futuro político a una única carta: el 10-N

Hasta ahora, el líder de Ciudadanos había paliado la crisis interna reforzando su búnker; ahora, serán las urnas las que midan el éxito de su estrategia, con cada vez más voces críticas preparadas para rebelarse contra el mando tras las elecciones

«Nosotros ya sabíamos que era incorregible, pero por si había alguna duda, todos los españoles han visto ya que Pedro Sánchez ha abandonado el constitucionalismo». Este es uno de los enunciados de un comunicado interno de Ciudadanos difundido esta misma semana y al que he tenido acceso este medio, en el que se ponen los cimientos sobre los que se asentará toda la campaña electoral de los liberales: la ofensiva sin cuartel contra Pedro Sánchez, su «plan» y su «banda» que cierre toda posible fuga del electorado naranja más progresista.

Aunque extraoficialmente, la campaña ya ha comenzado. Y los liberales se enfrentan a ella volviendo a la casilla de salida, con la misma doctrina defendida desde el mes de febrero y mantenida hasta el 16 de septiembre: un cordón sanitario al PSOE y la mano extendida al PP. Con esta estrategia, Albert Rivera no solo se enfrenta al reto que conlleva para cualquier líder de peso someterse a unas elecciones, si no jugarse personalmente el todo o la nada a lo que dicten las urnas.

La responsabilidad de Rivera en las dimisiones de peso que se ha cobrado, según los críticos, la deriva conservadora del partido, los acuerdos con Vox para gobernar en diferentes autonomías, el abandono de la «responsabilidad de Estado» y del centro político por perseguir el liderazgo del bloque de la oposición, y el candado a pactar una mayoría estable con el PSOE se pondrá a prueba el próximo 10 de noviembre.

Hasta ahora, el presidente de Ciudadanos había paliado los estragos de la crisis interna más importante de la historia del partido blindando su liderazgo, con una Ejecutiva renovada y ampliada con 22 nuevas incorporaciones como golpe de fuerza interno. Así, ante un mermado sector crítico, Rivera fue fortaleciendo su particular cámara acorazada, compuesto entre otros por José Manuel Villegas, Inés Arrimadas, un reforzado Marcos de Quinto -que continúa imparable su crecimiento dentro del partido- o Juan Carlos Girauta.

El 10 de noviembre no solo es una fecha clave para discernir el futuro de Ciudadanos, sino la prueba de fuego para evaluar las estrategias del «férreo presidencialismo» naranja. Ni si quiera su búnker podría librar a Albert Rivera de que, ante una defenestración en las urnas, el partido pida su cabeza. Tal y como adelantaba El Independiente hace unos días, las voces críticas internas que exigirían responsabilidades ante el riesgo de perder el terreno ganado en el Congreso van en aumento. «Cada vez hay más afiliado anónimo que cree que si Ciudadanos pierde representación», el presidente deberá «dimitir y convocar una Asamblea para que elijamos a una nueva dirección» porque «una quinta candidatura ya no sería aceptable», aseguraban.

Si Rivera fracasa, los críticos se moverán por toda España para «recabar un tercio de las firmas de los afiliados para nombrar un nuevo Comité Ejecutivo»

Pero ahora, el órdago va más allá y ante la proximidad de los comicios, algunos críticos ya no esconden su intención de rebelarse contra el mando. Es el caso de Juan Carlos Bermejo, un dirigente naranja que compitió con Ignacio Aguado en las primarias de la Comunidad de Madrid y que ahora está dispuesto a llegar hasta el final para exigir las responsabilidades pertinentes tras el 10-N. De confirmarse el fracaso, según ha adelantado El Plural y ha confirmado este medio con el propio Bermejo, el crítico se moverá «por toda España para recabar un tercio de las firmas de los afiliados para convocar una Asamblea General y nombrar un nuevo Comité Ejecutivo».

El último ‘as’ en la manga de Ciudadanos

Nadie lo esperaba. Ni sus socios, ni en Ferraz, ni si quiera muchos de su propio partido. El pasado lunes, previa reunión de su Ejecutiva permanente, Albert Rivera rompía los guiones de los últimos meses y leventaba parcialmente el veto a Pedro Sánchez, planteando una abstención «conjunta» con el PP -que posteriormente se desvincularía- para sacar adelante la investidura del líder socialista y, por tanto, evitar el retorno a las urnas.

Sánchez tan sólo debía aceptar tres condiciones, consideradas «de Estado» por los naranjas: romper el acuerdo con Bildu en Navarra para volver al constitucionalismo; la vuelta al orden constitucional en Cataluña, con un compromiso expreso de no indultar a los líderes del ‘procés’ si son condenados y con una mesa para estudiar la aplicación del artículo 155; y una política económica que no implique subidas de impuestos.

La respuesta desde Moncloa no se hizo rogar demasiado. Los requisitos exigidos «ya se cumplían», rezaban los socialistas, y por tanto no había motivos para plantar la rúbrica de Sánchez en un documento conjunto con Ciudadanos. En Ferraz ya veían las elecciones como una realidad, y la propuesta de Rivera llegó como un escollo inesperado que saldaron con un espectáculo mediático mutuo en el que se sucedían las convocatorias de prensa, los documentos con tachados y sobrescritos y las llamadas telefónicas.

No solo las voces de la oposición tildaron el movimiento de «maniobra electoral». También algunos sectores de la militancia naranja fueron muy críticos con la decisión del presidente y mostraron su desencanto en chats internos a los que tuvo acceso este diario. «Se nos está viendo el plumero desde el minuto uno», lamentaban, tachando la propuesta de «farsa» y de «sobreactuada».

Otros tantos criticaban que la decisión se tomase «tarde y mal» y que, ahora, se diese la razón a lo que habían pedido críticos como Toni Roldán durante meses, cuestionando el peso que podían tener los sondeos electorales que auguran el descalabro de Ciudadanos el 10-N en esa propuesta in extremis.

Aunque desde la formación se justificó el giro de Rivera aludiendo a la «responsabilidad» del partido con los españoles «que no quieren volver a las urnas», la de la abstención con condiciones fue el último ‘as’ en la manga que le quedaba a Ciudadanos para no enfrentarse a unas urnas que podrían ser catastróficas para la formación. Según el sondeo DYM para El Independiente, menos de la mitad del electorado que eligió a Albert Rivera el 28-A repetiría ahora su voto, y la formación podría perder hasta 22 diputados si pasa de los 57 actuales a la cifra más baja de su horquilla, que se encuentra entre los 35 y los 40 escaños.

La campaña más determinante

A día de hoy, en Ciudadanos ya no dudan de cuál será el eje sobre el que girará una campaña especialmente vital para los naranjas. A falta de convocarse el Comité Ejecutivo en los próximos días para dirimir los flecos de la estrategia nacional, los de Rivera ya han decidido que su prioridad será mirar nuevamente a la derecha. «Si Ciudadanos y PP suman un escaño más que el PSOE en la noche electoral, llamaremos a Casado, formaremos un Gobierno y pondremos a España en marcha en menos de un mes», confirmaba el propio Rivera, quien desde que se confirmase la repetición electoral ha dejado atrás el perfil bajo que ha mantenido en los últimos meses multiplicando sus comparecencias públicas.

¿Y con Sánchez? Portazo definitivo. Fuentes del partido señalan que la hoja de ruta de cara el 10-N vuelve a ser la del 28-A y que, ante la posibilidad de encontrar tras los comicios un nuevo bloqueo político, Ciudadanos no volverá a negociar su abstención. «Es Sánchez quien se ha encargado de cerrar esa puerta», confirman.

Ciudadanos descarta volver a negociar su abstención con Sánchez, porque es él «quien se ha encargado de cerrar esa puerta»

A quien no da un portazo definitivo es a Vox ante la posibilidad de aceptar o no los votos de Santiago Abascal para sumar una alternativa al ‘sanchismo’, un escenario que aún no se ha discutido internamente. De llevarlo a cabo, en ningún caso se iría más allá de la fórmula ya acatada en Madrid o Murcia: Vox sí, pero «desde fuera».

Con las cartas encima de la mesa, el núcleo duro de Ciudadanos ya ha entrado en el ring y se ha lanzado a pedir el voto a los «moderados» y «descontentos del PSOE» que han visto como Sánchez lleva «bloqueando España durante cuatro años». Precisamente, será la baza de la culpabilidad por la repetición electoral -que utilizarán de manera unánime Iglesias, Casado y Abascal- la que aplicará Rivera para debilitar al socialismo y atraer votantes a la única formación que trató de «encabezar una solución para España».