España

Los efectos de una jornada de alta tensión en el Congreso, a punto del choque con el TC

La tregua del TC alivia al PSOE a las puertas de un año de "clima asfixiante"

Los socialistas sienten que un debate que podía haber sido un viacrucis por la tramitación de la sedición y la malversación se giró a su favor al fracasar, por ahora, la estrategia del PP para "amordazar" al Parlamento | La maniobra apretó las filas del PSOE, unió a los socios de coalición y galvanizó al bloque de investidura

MADRID, 15/12/2022.- La ministra de Hacienda, María Jesús Montero y el diputado socialista Rafael Simancas (i) durante el pleno extraordinario del Congreso de los Diputados celebrado este jueves en Madrid para votar una amplia reforma impulsada por el Gobierno para eliminar el delito de sedición y rebajar las penas del de malversación, que también implica cambios en el Poder Judicial. EFE/ Kiko Huesca

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, junto al secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, Rafael Simancas (i), y el secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, este 15 de diciembre de 2022 durante el debate de la reforma del Código Penal en el Congreso. EFE / KIKO HUESCA

Sobrevuela en el PSOE una sensación de victoria. De punto ganado. Pero a la vez de cierta amargura. «Esto no es agradable para nadie», señala una ministra a la salida del pleno, pasadas las seis y veinte de la tarde, con el rostro demudado y acusando el cierto cansancio tras una jornada de fortísima tensión en esas paredes del Congreso.

Esa mixtura de alivio y vértigo la describen y suscriben varios diputados socialistas. Porque creen que el debate ha acabado girando a su favor, porque un pleno que se preveía muy complicado, en el que tenía que defender la rebaja de la malversación —además de la derogación de la sedición—, que no es plato de gusto de casi nadie en el PSOE, se da la vuelta y gira en torno al «atropello sin precedentes» que el Tribunal Constitucional podría haber cometido de haber dado la razón al PP. Al final, el choque institucional se evita, pero en muchos pervive la convicción de que esto es el preludio de un año electoral con una tensión creciente, de un «clima asfixiante«, como manifiesta un parlamentario. Como aperitivo de una batalla absolutamente campal entre los dos grandes partidos, sin ningún puente de conexión entre ellos y con un pulso ya institucional llevado al límite.

El Congreso vivió otra jornada de excesos, de acusaciones cruzadas de «golpe», de palabras gruesas. PP, Cs y Vox intentaron impedir el debate, Batet lo rechazó

Ese era el regusto que dejó otra jornada de excesos en el Congreso, de acusaciones cruzadas de «golpe» de la derecha a la izquierda y de la izquierda a la derecha, de «insoportable aroma a febrero, a febrero de 1981«, como decía el portavoz de Compromís, Joan Baldoví, o de «momento crítico», en palabras de la popular Cuca Gamarra. De «complot burdo» de la «derecha y la ultraderecha» para intentar «amordazar» al Parlamento, lo definió, ya por la noche y desde Bruselas, al término del Consejo Europeo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

La Cámara baja vivió toda la mañana pendiente de la decisión del TC, a quien el PP recurrió para que decidiera si paralizar la tramitación de las dos enmiendas promovidas por PSOE y Unidas Podemos en la aceleradísima reforma del Código Penal —iniciativa convertida en un baúl de modificaciones legislativas de muchísimo calado—. Enmiendas redactadas para desbloquear sí o sí la renovación del propio Constitucional. Cerca de las tres de la tarde, los grupos que sostienen al Ejecutivo y sus socios pudieron respirar: el tribunal de garantías, que tiene a un tercio de sus miembros con el mandato vencido, aplazaba su pleno hasta el lunes, así que la sesión en el hemiciclo, y la votación de la reforma podía proseguir.

PP, Ciudadanos y Vox intentaron impedirlo, aduciendo que había que esperar al pronunciamiento de los magistrados. Pero la presidenta del Congreso, la socialista Meritxell Batet, rechazó la petición, porque la Mesa no había recibido ninguna notificación del TC ni había ningún impedimento para continuar con la sesión. Los diputados de la ultraderecha, con Santiago Abascal a la cabeza, se marcharon del pleno y dejaron vacíos sus escaños, aunque su diputado Javier Ortega Smith sí subió a la tribuna para advertir de un «golpe de Estado».

«Descarga de orgullo» con Sicilia

La atmósfera se fue calentando progresivamente. Hasta llegar al clímax con la intervención del socialista Felipe Sicilia, muy aplaudida por los suyos, que la acogieron como un bálsamo, como una «descarga de orgullo»: «Hace 41 años la derecha quiso impedir un pleno y la democracia. Lo hizo con tricornios… —decía, mientras la bancada conservadora estallaba en gritos—. Debe de ser que Tejero era de izquierdas… Y hoy lo han querido hacer con togas«. Gamarra reprochó a Sicilia que asimilase a los suyos con Tejero. «¡Qué vergüenza si les escucharan tantos socialistas que se sentaban en esa bancada!», espetó. «Aunque no hayan dejado agujeros aquí arriba —abundó el presidente del grupo de Unidas Podemos, Jaume Asens—, están intentando perforar la democracia con un golpe silencioso».

Al final la estrategia del PP nos ha salido bien», indica un diputado. «En vez de hablar de la malversación, hemos hablado del atraco que quieren perpetrar en el TC», apuntala un alto mando de Ferraz

La votación, tras una jornada de altísima tensión, fue explícita: 184 votos, mayoría absoluta holgada, a favor de la reforma —rebaja de la malversación, supresión de la sedición, nuevo delito de enriquecimiento ilícito, desbloqueo del TC…—, 64 en contra y una abstención. El PP, que sí había permanecido sentado en sus escaños, decidió no pulsar el botón para no avalar una votación que entendía que no debía producirse. No hubo fisura ninguna en la bancada socialista.

El debate fue «droga dura«, resumía un alto cargo del Ejecutivo. Por la dureza, por la tensión infernal, por la gravedad de la crisis institucional que se cernía y que todavía puede sobrevenir si el lunes el TC sí paraliza la tramitación de la reforma, que ya estará en el Senado. Pero, pese a todo, en el PSOE cundía la sensación de que al menos la sesión no se había vuelto en contra, sino lo contrario. «Al final la estrategia del PP nos ha salido bien«, indicaba un diputado. «De ser la lucha con el independentismo ha pasado a ser la lucha con la élite de la Justicia», resumía otra compañera de escaño. «En vez de hablar de la malversación, hemos hablado del atraco que quieren perpetrar en el TC», apuntalaba un alto mando de la cúpula federal. Y un responsable monclovita: «Ha pasado de ser un lío por la malversación a un lío constitucional de primer orden«.

La lectura compartida por parlamentarios, miembros de la dirección, del Gobierno y cargos territoriales consultados es homogénea: la escalada «trumpista» del PP, que no acabó, al menos este jueves, en un «atropello» del TC contra el Legislativo, sirvió, primero, para cohesionar las filas socialistas, para aparcar la preocupación y el malestar —que existen— por la revisión a la baja de la malversación y centrar las críticas en los conservadores. Barones que habían manifestado sus recelos en público y en privado reconocían que la situación había cambiado en apenas 24 horas. «Es evidente que lo del PP es alucinante«, «todos nosotros alineados otra vez», señalaban desde dos territorios.

Dos, sirvió también para unir a socialistas y morados: los discursos de ambos fueron parejos y los dos socios evitaron visibilizar otro choque más posponiendo la reunión de la comisión para abordar la ley de bienestar animal que les sigue separando. Y tres, galvanizó al bloque de investidura. Más País o Bildu, que en principio contaban con votar abstención en la reforma del Código Penal, al final giraron hacia el apoyo precisamente como gesto de cohesión frente al intento de «sabotaje» de la derecha, término utilizado por Íñigo Errejón.

En la dirección creen que Feijóo «ha intentado otra jugada de alto riesgo y no le ha salido» y «se ha visto su desprecio a los tres poderes del Estado»

En Ferraz miraban hacia Alberto Núñez Feijóo. «Ha intentado otra jugada de alto riesgo y no le ha salido. Pero lo peor es que se ha visto su desprecio a los tres poderes del Estado. Al Gobierno, porque le dedica insultos diarios. A la Justicia, porque mantiene bloqueos nunca vistos en democracia. Y al Congreso, porque ha intentado acallarlo en una maniobra inédita y al que querido deslegitimar no votando al final el dictamen de la ley. En el PP están echados al monte«, sostienen desde el cuartel general socialista. Para la dirección, es peligrosa la «deriva» del jefe del PP, por el «cambio de marco» que supone su «cuestionamiento de los pilares básicos de la democracia».

«La democracia y la Constitución prevalecerán»

«Estamos ante un intento de atropellar nuestra democracia por parte de la derecha política y judicial, jaleada por la derecha mediática, y es inaceptable. Reclamo prudencia, respeto», aseguró Sánchez con gravedad en su comparecencia posterior al Consejo Europeo. «De todo lo vivido hoy en el Tribunal Constitucional y en el Congreso de los Diputados hay una conclusión: que la democracia y la Constitución prevalecerán«, mandó como mensaje de «tranquilidad» a los ciudadanos.

Estamos ante un intento de atropellar nuestra democracia por parte de la derecha política y judicial», pero «la democracia y la Constitución prevalecerán»

PEDRO SÁNCHEZ, PRESIDENTE DEL GOBIERNO

En el Gobierno y en el PSOE prefieren no hacer apuestas sobre qué puede ocurrir el lunes en el TC. «Hay que ir día a día», resoplan en Ferraz. Pero en la Moncloa hay quienes creen que los magistrados, muy divididos, tendrán difícil paralizar el trámite en el Senado, porque la presión para que la institución no acuda a la colisión con las Cortes será muy alta, porque las consecuencias serían imprevisibles. «No sé si se atreverán a llegar tan lejos. Se montaría la mundial», advierte un ministro.

En el partido son conscientes de que las formas utilizadas por el Ejecutivo para forzar el desbloqueo del Constitucional, a través de dos enmiendas en el seno de una reforma del Código Penal ya de suyo muy sensible, no son las «ortodoxas», pero defienden en Ferraz que había que «poner remedio a una maniobra de bloqueo del Poder Judicial por parte del PP». «Liberar las instituciones del secuestro al que las tiene sometidas», como dijo Sicilia. «Ante situaciones extraordinarias, medidas extraordinarias«, resumen en la dirección. Sánchez recordó simplemente que es una tramitación que «es acorde al reglamento» del Congreso, por lo que no puede haber «excusas».

Si 2022 acaba sumergido en una mayúscula bronca, presumen los socialistas que 2023 será aún peor. Que se entrará en un «clima asfixiante» porque se entra en el año final de la legislatura y se acercan dos citas electorales: las municipales y autonómicas del 28 de mayo y las generales de diciembre, si no hay adelanto. Los números de PSOE y PP están muy justos y cada uno necesita tensionar y movilizar a los suyos, «y sucede que la marca Feijóo está peor que la marca de su partido», según interpreta Ferraz.

En el partido y en la Moncloa no aventuran qué puede pasar el lunes. «No sé si atreverán a llegar tan lejos, se montaría la mundial», observa un ministro

«Sí, esto va a ser un preludio de lo que nos espera —conviene un diputado—, pero paso a paso. Al final, cada semana saltamos un nuevo obstáculo, y el caballo sigue cabalgando. La próxima semana será muy dura también«. Y es que a fin de cuentas, el «alivio» de este jueves puede ser un espejismo, porque queda la resolución del TC, una doble sesión de control en Congreso y Senado el miércoles y la tramitación de la reforma del Código Penal de manera ultrarrápida en el Senado: ponencia y comisión el martes y pleno el jueves 22. Y punto. El Gobierno quiere que pase el cáliz cuanto antes y cerrar el año con el tercer paquete anticrisis y, si acaso, con una sesión escoba en las dos Cámaras para rematar la tramitación legislativa de lo que quede pendiente y esté ya desatascado. La convulsión política, sin embargo, no tiene pinta de que vaya a evaporarse en un año competido como pocos.

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