España

Fisuras en el gobierno piloto de Castilla y León

El choque con el PP aleja a Vox de una moción de censura "neutral" a Sánchez

La dificultad para encontrar un candidato de consenso y la proximidad de las elecciones municipales y autonómicas dejan a Abascal aislado y con la única vía de asumir individualmente la moción como en 2020

Rueda de prensa de Ignacio Garriga, secretario general de Vox, en la sede nacional de Bambú EFE

El protocolo de medidas antiaborto que anunció el pasado jueves el vicepresidente del Gobierno de Castilla y León, Juan García-Gallardo, ha complicado la relación de populares y ultraconservadores en el seno de la Junta. Sin embargo, Génova y Bambú, pese a la advertencia de revisión del pacto, rebajan cualquier expectativa de que vaya a darse una ruptura política que anticipe elecciones autonómicas. Los de Feijóo no niegan que hayan acordado ofrecer a las embarazadas que quieran o no continuar con la gestación opciones como ecografías en 4D o la escucha del latido fetal antes de la semana doce, servicios por los que se paga en la comunidad hasta 200 euros. Pero sí ven que Vox, que cierra filas con García-Gallardo, ha convertido estas medidas favorecedoras, que entienden que amplían los derechos de las mujeres, en propuestas provida, politizándolas bajo su ideario. Por ello, Génova instó el fin de semana al líder regional Alfonso Fernández Mañueco a sofocar el revuelo causado por ese anuncio, y fue éste el que marcó el paso después de horas sin pronunciarse: «No se obligará a los médicos a nada y a las mujeres embarazadas a nada. Serán ellas las que puedan exigir los recursos que tienen a su disposición». Un discurso que este martes replicaba el presidente nacional del PP Alberto Núñez Feijóo.

La aproximación hecha por los de García-Gallardo hacia el aborto y el rechazo generado en el PP, tal y como han replicado nuevas incorporaciones como Borja Sémper – es una cuestión de la que la nueva dirección popular huye tras el fracaso del intento de reforma llevado a cabo por el primer Gobierno Rajoy y del que Vox es consciente-, ha llevado a los de Santiago Abascal ha iniciar un señalamiento de viraje a la izquierda y aproximación al PSOE. Algo que movilice a los sectores más conservadores que aún siguen afincados a favor del dirigente gallego. Y ello, incluso ha llegado a incumbir a la moción de censura que Abascal lleva intentando tejer desde comienzos de diciembre con grandes dificultades.

En su última comparecencia desde la sede nacional, el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, certificaba que la intención de presentar una moción de censura contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sigue en pie. Pero alertaba por el enfrentamiento entre Mañueco y García Gallardo, de una «inquietud» en el seno del partido a cuenta de ese instrumento parlamentario: «de si va a acabar convirtiéndose en una moción de censura también para el PP; para evidenciar que comparten agenda, reparto del Tribunal Constitucional y entrega del poder judicial». Las conversaciones de Vox con el PP para proceder conjuntamente en el Congreso y plantear una moción anecdótica -dado que los números no dan- y como muestra de alternativa de oposición al PSOE y sus socios, sigue sin prosperar. De ahí las sensaciones de bloqueo que la falta de novedades que trasmiten los de Abascal suscitan, centrados ahora exclusivamente en la ofensiva jurídica contra el Gobierno, caso de la intención de llevar al Constitucional la reforma de sedición y malversación.

El PP apunta a la proximidad de las elecciones de mayo para dejar en el aire una abstención a la moción de Vox, que tampoco encuentra candidato independiente

Feijóo y los suyos persisten en su negativa a participar en su elaboración, incluso después de que se hayan meditado propuestas como ‘ceder’ al líder de los populares la elección del candidato «de consenso» y «neutral» para encabezar esa moción. Algo que se achaca desde el PP a las dificultades para encontrar un perfil dispuesto a presentarse y que sea ajeno al partido. Fuentes parlamentarias del PP creen que «la voluntad» de Feijóo «es acertada», e insiste en que «Abascal es libre de presentar cuantas iniciativas esté legitimado». «Si la presenta, se estudiará cómo actuar», aseguran, aunque no se niega que la cercanía con la campaña electoral de mayo dificulta hacer una concesión al principal competidor de bloque; ni si quiera una abstención, como se ha llegado a concebir internamente a mediados de diciembre. Y aunque se deslegitimaba el propósito de Vox, que consideraba que una vez registrada la moción en las Cortes, se frenaría la capacidad de legislara de Sánchez. «Solo aplaza la posibilidad de convocar elecciones, puede seguir legislando mediante reales decreto y enmiendas», aseguraban desde Génova.

Abascal habría sondeado hasta el momento sin éxito a «personalidades relevantes» como la exlíder de UPyD Rosa Díez, el expresidente de Vox, Alejo Vidal-Quadras, o el diputado navarro Carlos García Adanero. Este último, en cambio, si veía con buenos ojos apoyarla junto a su compañero de escaño Sergio Sayas, ambos sin adscripción después de su expulsión de la UPN. Pero el ‘fichaje’ por concurrir en listas conjuntas junto al PP de Navarra en mayo, aproximan a los dos a seguir el camino de Feijóo. Tampoco Abascal conseguiría el apoyo de Ciudadanos. Arrimadas, después de conversaciones con él, y Bal se abrían a apoyar una moción impulsada por el PP, tanto con Feijóo como con un independiente a la cabeza, y, ahora, ambos apartados de la dirección tras la refundación, cierran más la puerta a un respaldo desde Ventas: Patricia Guasp y Adrián Vázquez quieren marcar un perfil propio para las locales y autonómicas sin atender a nacionalismos ni a populismos. Además, Guasp ha mostrado una férrea oposición a la cuestión de Castilla y León, que considera, según lo explicado por García-Gallardo, de intromisión en la libertad individual de los españoles.

Hacia una moción de partido

A Vox se le hace complicado mantener el propósito de una moción «neutral» a Sánchez sin candidato externo, que esté dispuesto a asumir el foco de un fracaso previsto, y tenga una mayor o menor conexión al ideario de partido; y especialmente sin consenso con algunos grupos del hemiciclo. Por tanto, a Abascal se le plantean dos dilemas. El primero, es cesar en su intención, incumpliendo la promesa de moción, algo que no ocurrirá para no dar espacio al PP a las puertas de la primera prueba de fuego electoral del ciclo, que sigue insistiendo que la mejor censura al PSOE son las urnas. El segundo es insistir en la moción y optar por la misma vía desarrollada en octubre de 2020: presentarla en solitario y con él de candidato, justificando que se ha intentado. Concebir la moción como el mejor escenario preelectoral posible para encaminar su discurso contra los socialistas. Por el momento, desde Vox siguen insistiendo que la aspiración es que no sea Abascal el elegido. En diciembre lo descartaban.

El escenario que se plantea a cinco meses de las elecciones es similar al de septiembre de hace tres años. Abascal confirmaba en una entrevista a Vozpópuli que había tenido propuestas y había barajado candidatos para presentarse. «Hemos estado valorando a otros candidatos y, a día de hoy, no hay otra alternativa a que sea yo quien lidere la moción (…) con ánimo de convocar elecciones», dijo.

Te puede interesar

Comentar ()