El PSOE no se lo cree. No se lo quiere creer. No puede creérselo. Lo niega una y mil veces porque, como verbalizan con frustración muchos dirigentes, no les cabe "en la cabeza". No conciben que José Luis Rodríguez Zapatero pueda ser el "vértice" de una "estructura organizada y estable", "orientada al ejercicio ilícito de influencias ante autoridades nacionales y extranjeras" y a la "obtención de resoluciones administrativas y ventajas económicas en favor de terceros". No pueden ni quieren creer que el expresidente del Gobierno, un auténtico referente moral y político de absolutamente todo el partido, un tótem para los cuadros y para las bases, pueda caer acusado de presunta corrupción. Porque Zapatero se erigía hasta ahora como el icono más poderoso para el PSOE, el dirigente leal a las siglas y al actual presidente, Pedro Sánchez, incluso en los momentos de zozobra. El hombre que salvó la empinada campaña de las generales de 2023 y que fue decisivo para animar a la militancia y espolear el voto en aquellas elecciones en las que Sánchez pudo conservar la Moncloa. El alma enérgica de toda la izquierda, más allá incluso de las siglas de su partido.
Este 19 de mayo fue un día muy largo para los socialistas. Aún no recuperados del golpe en las elecciones andaluzas del domingo, se vieron obligados a digerir un río incesante de titulares desde primera hora de la mañana, cuando el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama levantó el secreto de las actuaciones que llevaba pilotando en una investigación impulsada por la Fiscalía Anticorrupción y con la participación de la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales (UDEF) de la Policía Nacional. El magistrado autorizaba varios registros y llamaba a declarar como imputado a Zapatero el 2 de junio. Horas más tarde se conocía su auto, un relato minucioso y detallado de 88 páginas en el que sitúa al exlíder socialista en el "vértice" de esa presunta trama criminal, en la que por tanto él ejercería "el liderazgo estratégico" y matendría "los contactos institucionales y empresariales de alto nivel". Zapatero se convertía así en el primer presidente imputado de la democracia española. Una bomba nuclear que, de confirmarse, convienen varios mandos consultados, sería "un palo terrible", "un golpe terrorífico", letal para el partido y para el Gobierno. Un terremoto para la política española.
El auto sitúa a Zapatero en el "vértice" de una presunta trama criminal, en la que él ejercería "el liderazgo estratégico" y mantendría "los contactos institucionales y empresariales de alto nivel"
Sánchez dio la orden a su ejecutiva de defender el "buen nombre" del expresidente, incluso en estos "momentos duros". Salir con "orgullo y entereza", reivindicarlo, enarbolar su legado, su etapa de "transformación social". Miembros de la dirección, del Gobierno, salieron en redes sociales, uno tras otro, a hacerlo. Y Ferraz lanzó un comunicado especialmente duro, en el que deslizaba la idea de una persecución judicial, en el que aludía, sin nombrarlo, a la sospecha de lawfare. Tras trasladar un "mensaje de tranquilidad, respeto a la Justicia y defensa de la presunción de inocencia", incluyó en su nota esa acusación implícita: "La derecha y la ultraderecha nunca le han perdonado esos avances. El que pueda hacer, que haga". "El que pueda hacer, que haga', llevado a su máxima expresión", completó la secretaria de Organización, Rebeca Torró. La referencia conducía a la frase que empleó el expresidente José María Aznar en el otoño de 2023, cuando animó a todos aquellos en contra de Sánchez a hacer lo posible, cada uno desde su espacio, para tumbarle políticamente. En aquel momento se estaba negociando la ley de amnistía.
El Gobierno se quedó un paso por detrás que el partido, pero en el fondo venía a decir lo mismo: confianza total en la "inocencia" de Zapatero, sin fisuras y confianza en que "la Justicia haga justicia". Con coda final: el recordatorio de que el "origen" de la causa estaba en una denuncia de una organización "ultra", Manos Limpias. En realidad, aquel escrito instado por el pseudosindicato supuso la apertura de un caso que se acabó sobreseyendo en enero de 2023 de forma provisional, pero la Fiscalía Anticorrupción, en 2024, pidió la reapertura tras recibir dos solicitudes de cooperación internacional, de Francia y Suiza, para indagar una presunta "organización criminal" que blanqueaba fondos opacos procedentes de Venezuela haciendo un "uso indebido" del rescate de Plus Ultra, aprobado por el Gobierno de Sánchez en 2021 por 53 millones de euros. Las pesquisas acabaron con detenciones en diciembre de 2025 y con el paso definitivo dado por Calama este martes.
Sánchez da orden a los suyos de defender la inocencia del expresidente y reivindicar su legado. El exmandatario niega todas las acusaciones e insiste en que ha obrado siempre legalmente
El expresidente envió después un breve vídeo negándolo todo. De manera tajante. Toda su actividad pública y privada se ha desarrollado "siempre con absoluto respeto a la legalidad", sus ingresos y remuneraciones han sido "declarados vía IRPF con absoluta transparencia y legalidad", "jamás" ha realizado "ninguna gestión ante ninguna administración pública ni en el sector público" en relación con el rescate de la aerolínea Plus Ultra, y "jamás" ha tenido una mercantil "ni directamente ni a través de terceros ni en España, ni fuera de España".
"Que lo demuestren"
Con el paso de las horas, se fue conociendo el contenido de la resolución del juez, muy dura, en la que incluye atribuye al expresidente la orden para crear en Dubái una sociedad offshore para ocultar las supuestas mordidas. Un texto que apunta que él y sus hijas —estas, a través su empresa de comunicación y márketing, Whathefav, registrada ayer, como la oficina del expresidente en la calle de Ferraz— pudieron percibir 1,9 millones de euros en comisiones. Pero la dirección y el Gobierno no cambiaron de rumbo. "Una vez leído el auto, seguimos defendiendo a Zapatero, sí. Él ha dicho lo que ha hecho. Ha cobrado por ser consultor, no ha hecho nada que no esté declarado, no tiene empresas, ni en Dubái ni en ningún sitio, y quien le acusa de eso que lo demuestre", aseguraban a última hora del día desde el corazón de Ferraz.
Él ha dicho lo que ha hecho. Ha cobrado por ser consultor, no ha hecho nada que no esté declarado", aseguran en Ferraz. Sánchez debe dar la cara por él, esgrimen, porque antes lo hizo el expresidente
Esa será la línea que seguirá este miércoles, previsiblemente, el propio presidente en la sesión de control en el Congreso. El cierre de filas y la defensa total de Zapatero. Porque, como reflexionaba un alto cargo del Ejecutivo, Sánchez debe hacerlo, debe sacar la cara por el expresidente. La razón es simple: "En los momentos más duros" que ha atravesado el Gobierno y el propio Sánchez, Zapatero "siempre ha estado", sacando la cara por él. En las generales de 2023, con la ley de amnistía, manteniendo viva la interlocución con Carles Puigdemont, defendiendo las decisiones más controvertidas, apoyando en las campañas.
Bastaba mirar los rostros demudados de los diputados en el Congreso, la gravedad marcada en los miembros del Gobierno. Todos describían la misma sensación: estaban "mal, fatal", "en shock", incapaces de contener la conmoción. El impacto de la noticia había sido brutal. Automáticamente, todo quedaba viejo y pasaba a un segundo plano, como el batacazo de María Jesús Montero en Andalucía. "Yo me fío de Zapatero. Es que lo conozco, conozco a su familia. Me fío totalmente de él y de sus palabras y sé que esto va a quedar en nada. Parece que quieren acallarle. Inquietud ninguna, aunque daño al partido hay mucho", aseguraba un diputado que reconoce en Zapatero un padre político. "No me vale con lo que dice el juez ahí, es que quiero ver esas pruebas que tienen contra él", afirmaba otro miembro de la dirección del grupo, "pero sí que es verdad que si fuera así sería demoledor".
Es que no nos lo queremos creer. Todos tenemos un bajón emocional. Es que si fuera así, sería insostenible. Y cuando llegas al fin, no tiene sentido alargar", afirma una secretaria provincial
"Es que no nos lo queremos creer. Todos tenemos un bajón emocional. Es que si fuera así, sería insostenible. Y cuando llegas al fin, no tiene sentido alargar", completaba una secretaria provincial, aludiendo a un temor también muy presente en el partido: las consecuencias devastadoras que puede tener que la investigación continúe, que las pruebas acaben sepultando al expresidente. La sensación, también, de fin de ciclo y de convocatoria, tal vez, de elecciones anticipadas, un escenario que la Moncloa insistía ayer en que no maneja.
El recordatorio del 'caso Alquería'
El PSOE se instaló en la incredulidad. En la fase de negación de todo duelo. Los dirigentes recibían inputs de sus agrupaciones locales, de las bases, mensajes que expresaban la solidaridad con el expresidente y la convicción de que él es la pieza "de caza mayor" que la derecha codicia para destruir políticamente a Sánchez. "Es que no me lo puedo creer —señalaba con desazón a este diario un exlíder territorial que conoce mucho a Zapatero—. De la UDEF, de la UCO [de la Guardia Civil] ya he visto demasiado". Tanto él como Ferraz se remitían a un caso cercano en el tiempo: la imputación, en 2018, de Jorge Rodríguez, entonces presidente de la Diputación de Valencia y alcalde de Ontinyent por el caso Alquería. El PSOE lo echó y él acabó siendo absuelto cinco años más tarde, en 2023. "Pasó una noche en la cárcel. Registraron todo. Ayuntamiento, Diputación, su casa... con un auto similar. Era todo mentira. Todo. Y el auto era también contundente, pero todo fue una fantasía", evocaban desde la dirección federal.
En el partido echan en falta en el auto conversaciones directas que impliquen a Zapatero y también que aparezca el influenciado. "Veo muchas referencias de terceros", avisa un ministro
El partido necesita más para cambiar de opinión respecto al exjefe del Ejecutivo. "Es que en el auto no veo conversaciones directas que impliquen a Zapatero, en las que sea el protagonista, y también falta el influenciado, la Administración", señalaba un mando de la cúpula federal tras la lectura íntegra del auto. "Pero no he dicho que se haya cometido ningún delito", matizaba a continuación. En el Gobierno indicaban que no veían "muy atado" el texto del juez. "Veo muchas referencias de terceros", opinaba un ministro, incidiendo en que un rescate "se da solo si procede, si cuenta con todos los sacramentos", y no, por tanto, porque alguien pueda ejercer una influencia.
Pero este miembro del Gabinete no ocultaba su inquietud por el "recorrido jurídico bestial" que puede tener esta causa, que seguramente sea muy largo: "¿Es que cómo vas a estar tranquilo? Pero, por otro lado, ¿cómo no le vamos a apoyar? Nadie cree que Zapatero no sea una persona honesta. Nadie está en la tesis de que haya hecho algo ilegal. Pero si se confirmara sería un golpe terrorífico". "Un palo terrible", coincidía otro alto cargo monclovita que ha tratado de cerca al exmandatario y a su secretaria, Gertrudis Alcázar (para todos en el PSOE, Gertru) también señalada y a la que muchos compañeros creen incapaz de ser, como dice el juez Calama, la encargada de la "elaboración y cobertura formal de la documentación" de la trama.
¿Cómo no le vamos a apoyar? Nadie cree que no sea una persona honesta. Nadie está en la tesis de que haya hecho algo ilegal. Pero si se confirmara sería un golpe terrorífico", dice un miembro del Gobierno
Para los socialistas, Zapatero es una referencia indiscutible. Salió del Ejecutivo en 2011 y entonces sí que era sentido como un lastre por su gestión de la crisis financiera, pero años después se le rehabilitó. En 2017 apoyó a Susana Díaz en las primarias pero, tras la victoria arrolladora de Sánchez, se puso a su disposición de manera inequívocamente leal. Hasta convertirse en un interlocutor imprescindible del presidente. En su defensor más encendido, en su apoyo en tiempos difíciles y en el contrapeso de otro expresidente, Felipe González, muy alejado de Ferraz y la Moncloa y más distante aún de las bases. Zapatero era y es reconocido por todos. De ahí la conmoción, tristeza y hundimiento anímico que sentían los socialistas este martes.
Nada que ver con Ábalos o Cerdán
El golpe era mucho más profundo que con la imputación de José Luis Ábalos o con la que se vivió, hace casi un año, de Santos Cerdán. Ellos habían sido elegidos por el presidente. Pero Zapatero era y es otra cosa. Exjefe del Ejecutivo y un mito para el partido. "Un tipo muy querido por todos", resumía un miembro de la cúpula. La prueba, en cierta medida, la daban dos hombres muy enfrentados a Sánchez. De un lado, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, que aseguró haberse quedado "de piedra" al conocer la imputación y confió en que "todo pueda ser explicado" porque, de ser cierta, sería una "noticia telúrica". De otro, el exdiputado Edu Madina, rival de Sánchez en las primarias de 2014: "Estoy seguro de que este es un proceso judicial que va a demostrar perfectamente su inocencia, en la que yo creo". Otro barón que toma distancia en ocasiones de Ferraz, Adrián Barbón, apeló a la presunción de inocencia, puso en valor el papel del exlíder en la campaña de 2023 y se remitió a lo que dicte la dirección federal.
Zapatero es un dirigente "muy querido por todos", reconocido por todos, y lo probaban las palabras de dos hombres muy alejados de la dirección, el presidente Page y el exdiputado Madina
"Es tan horrible. Estoy en shock. Es para morirse. Esto destruye al poco PSOE que queda", manifestaba una veterana dirigente que formó parte de las ejecutivas del exmandatario socialista. Ese sentimiento de conmoción también lo dejaba patente el portavoz parlamentario, Patxi López: aun siendo un golpe profundo para bases y cuadros, "no se dejarán avasallar". La sensación de orfandad estaba bien presente. Y no solo en el PSOE, sino también en otras formaciones de izquierda como ERC, Sumar o Podemos, que salieron a recordar como el expresidente ha sido diana para la derecha en los últimos años.
La pesadilla no ha hecho más que empezar para el PSOE y para el Gobierno. Sánchez vuelve a adentrarse en un terreno insondable, y su plan para pasar página de las andaluzas salta por los aires, enterrado por una imputación que es una bomba potencialmente letal. Los socialistas solo esperan que los temores no se cumplan. Pero se reconocen a ciegas. "Es que no sabemos ni qué pruebas hay —avisa un ministro—. Por lo pronto, a esperar".
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