España

La cacería es contra la Justicia

El Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su esposa Begoña Gómez durante la clausura del 41º Congreso Federal del PSOE en el Palacio de Congresos y Exposiciones.
El Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su esposa Begoña Gómez durante la clausura del 41º Congreso Federal del PSOE en el Palacio de Congresos y Exposiciones. | EP

Menos mal que a Sánchez le queda todavía el juez Peinado. El juez Peinado se puede levantar un día despeinado de almohadón, de gorro, de argumentos y de comas (va un poco así siempre) y hacer con todo eso un auto un poco gurruño que le salva al sanchismo toda la semana. Ahí teníamos a Zapatero, balbuceando ante Calama, con ese tierno olvido de los listos o de los tontos, con esos papeles que se les vuelan a los torpes como sombreros, con lagunas mentales que lo hacían sonar más borracho que perdido... Ahí teníamos las andanzas de Leire Díez (eso decía Sánchez, “andanzas”, como si fuera Huckleberry Finn o Alfanhuí), que iban de matar con cepo hasta el café migado con la directora de la Guardia Civil, de escribir P.S. por las esquinillas dobladas de los cuadernos, como una colegiala con las primeras trenzas del amor, hasta hacer vudú a jueces, fiscales y maderos por orden de Cerdán, insignificante número dos del PSOE. Todo esto, más lo que viene sobre financiación, o Venezuela, o China. Pero menos mal que Peinado se levantó con levantera, que se dice en mi pueblo, y ahora, en vez de estar hundido o atrapado, Sánchez está de “cacería”, como un emérito. En la Moncloa han tocado incluso un cuerno, lo que pasa es que ya sabemos que, aquí, los únicos que cazan, y con munición para elefante, son ellos.

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Los ministros, con Diana Morant a la cabeza (desde su cartera maría o friki se ha propuesto últimamente ser la más lanzada de los soldados sanchistas, como si le quisiera quitar el sitio a Bolaños, que debe de andar con la gafa rota); los ministros, el búnker, los 61 y no sé si el comando Leire, que a lo mejor vuelve a activarse por esas cafeterías suyas como de anarquista; el sanchismo entero, en fin, está con esto de la cacería, que la verdad es que siempre es una cosa muy cortesana y muy vistosa. Peinado es algo torpe, o se le están aflojando ya las junturas, y en su auto puede haber alguna desmesura aunque nada que no se ajuste a derecho. Pero uno no entiende lo de la cacería, porque la levantera, el sirocazo, el hambre, la ballesta o la pólvora con la que pudiera levantarse el juez siempre estarán sometidas a la instancia superior. En este caso, la Audiencia Provincial de Madrid, que ya ha corregido al juez varias veces, ha limitado la causa y, lo que es más importante, también la ha avalado. No sé qué clase de cacería es ésa en la que la pieza queda intacta y el cazador humillado como juez y hasta como señor que duerme y dispara con gorrito ridículo.

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Peinado ha estado poco fino, eso sí, pero quitarle el pasaporte a Begoña entra en sus potestades, con o sin justificación más o menos insensible o hiriente"

Menos mal que está Peinado, que se levanta un día hecho un personaje de Shakespeare y se va al juzgado como al bosque de Arden, o simplemente se le olvida la pastilla, o se pasa de retórica, o se le endurecen las puñetas en el tendedero, como alzacuellos, y ya le resuelve a a Sánchez la papeleta. La verdad es que eso de que los escoltas de Begoña pudieran ayudarla a escapar, aunque suena exagerado, tampoco es descabellado. Aquí había jefazos de la Guardia Civil cuadrándose ante el comando Leire, por no recordar el papel de los escoltas de Puigdemont. Peinado ha estado poco fino, eso sí, pero quitarle el pasaporte a Begoña entra en sus potestades, con o sin justificación más o menos insensible o hiriente. Sin duda, su notoriedad y su mal inglés hubieran hecho la huida, como en el caso de Zapatero, más difícil y escandalosa, pero, ya digo, la decisión corresponde al juez. De todas formas, lo más irónico sobre la cacería y sobre Peinado es que, puestos a pensar en la corrupción del juez, tendría más sentido que hubiera sido reclutado por Leire, entre el café y el manguerazo. Estas salidas de tono sólo benefician la estrategia de Sánchez, y la fachosfera, la verdad, tampoco hace falta que haga nada, que ya lo están haciendo todo Ábalos, Cerdán, Leire o Zapatero, ellos solos.

Menos mal que Sánchez tiene a Peinado, que ha escrito un auto mejor que el que pudiera haber diseñado el propio sotanillo de la Moncloa, que ya va a ritmo de boga de combate, como una galera. En realidad lo importante ahora no es tanto Begoña sino que se pueda mantener la teoría del lawfare, de la conspiración fachosférica. Con Calama y Pedraz, con el propio Zapatero haciéndose el tonto y Leire haciéndose la lista, con el propio Rufián, “jodido” como un chispero, negando el concepto en el Congreso ante la imputación de Zapatero, y con lo que hemos ido viendo y oyendo sin más, el lawfare había pasado ya de moda como el hantavirus. Pero Peinado se levanta un día sin tabaco o sin peine, y ya ven, enseguida tenemos cacería, zafarrancho y hasta el CGPJ llamado a rebato un domingo, como un domingo del papa, para afear ese insulto de Peinado a la policía (otra cosa no le pueden afear). Peinado se levantó un día con la zapatilla izquierda, o con el remolino de la frente rebelde, o se levantó como cualquier otro día y se equivocó o exageró otra vez. Pero la cacería no es esa. Aquí los únicos que cazan ya sabemos quiénes son, y sabemos cómo lo hacen.

No sé si es apócrifa, pero se suele atribuir a Napoleón esa frase que dice que “el juez instructor es el hombre más poderoso del Estado”. Así debe ser para poder perseguir el delito, con suficiente discrecionalidad para su efectividad y, sobre todo, absoluta independencia ante el poder político. Lo que no quita (más bien obliga) a que haya mecanismos de control, como recursos o apelaciones. Es preferible un juez que se equivoque, o que le dé una levantera, a que este proceso lo controle la política. En realidad, a Sánchez no le importa Peinado, ni las posibles correcciones de la Audiencia Provincial, ni la posible reprimenda del CGPJ (por supuesto de inspiración política); ni siquiera el caso, el futuro o la virtud de Begoña, cuyo carrerón, como el de Zapatero, se explica solo, apenas dejándola hablar dos minutos. A Sánchez, ahora, sólo le importa poder extender la sospecha a todos los casos en los que cada vez queda menos sitio para la sospecha.

Son mucho más graves las declaraciones fervorosas de Diana Morant sobre la cacería que el exceso, o no tan exceso, de Peinado. La cacería no es la de un juez legañoso contra Sánchez, es la de Sánchez contra toda la Justicia y el Estado de derecho. Un día se levanta un juez sin filtro de cafetera y pronto ya todo es una persecución y un ataque a la democracia que, por supuesto, el Gobierno se encargará de atajar. Llevan mucho así, no nos sorprenden aunque siguen dando miedo. Pero yo creo que ya no tienen tiempo ni capacidad de convicción. Se están delatando y descubriendo ellos solos, no hacen falta conspiraciones universales ni jueces con boqueras.

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