Política

Los errores en la gestión de la crisis por los que la oposición acorrala a Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EFE

«Este error le perseguirá el resto de su vida». La frase la pronunciaba en el Congreso de los Diputados Adriana Lastra en el pleno de este jueves. Se dirigía la portavoz del PSOE al jefe de la oposición, Pablo Casado, a cuyo partido ha acusado de utilizar a las víctimas del coronavirus como «recurso para atacar» a Sánchez, lo que ha despertado la cólera en Génova y ha terminado de romper todos los puentes entre Gobierno y oposición. Sánchez se enfrentó ayer a la tercera prórroga del estado de alarma –no será la última-, pero lo hizo mucho más debilitado. Buena parte de la Cámara ya no le apoya, como ocurrió en la votación de los decretos económicos, y si lo hacen, no sin condiciones o sin evidenciar los errores cometidos por el Gobierno en la gestión de la crisis.

No solo lo ha hecho PP, Vox y Ciudadanos -estos últimos en menor medida, haciendo gala de la tregua con Sánchez– sino también sus socios de investidura -ERC evidenció sus diferencias con la paralización económica, la «centralización» la «militarización» de Cataluña- o grupos independentistas como la CUP o JxCat, estos últimos porque el Gobierno «llegó tarde y mal» en la gestión de la pandemia. Aunque algunos esperarán a que «amaine la tormenta» para exigir responsabilidades, otros, como Santiago Abascal, ya prepara querellas criminales contra el Gobierno de coalición. Estos son los cinco errores en la gestión de la crisis con los que la oposición pone cerco a Pedro Sánchez.

1. Las advertencias de la OMS, los precedentes y una respuesta tardía

De acuerdo con el último balance oficial, España ha entrado en fase de ralentización de la epidemia después de mes y medio de crisis sanitaria en que se han contabilizado más de 15.000 fallecidos y se superan los 152.000 casos.

Más allá de si se han ido tomando o no las medidas adecuadas de contención, la mayoría de grupos censuran la falta de previsión y la respuesta tardía del Gobierno aún teniendo como precedente lo que había sucedido en China -Wuhan cerró cuando había algo más de 500 positivos en la ciudad, mientras España, con prácticamente los mismos casos, preparaba manifestaciones multitudinarias y permitía eventos deportivos- y los focos activos de Italia, que comenzaba a tomar medidas drásticas nunca vistas en Europa cuando el virus aún no había aterrizado en España.

Pero el Gobierno no contaba solo con los precedentes, sino con informes internacionales que le alertaban del peligro, como el del Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades, que llamaba a las autoridades a recomendar el distanciamiento social a principios de marzo, y que el Ejecutivo desoyó; o recomendaciones de la OMS emitidas desde el 30 de enero, que advertían de la gravedad del nuevo coronavirus de Wuhan y aludían a tomar acciones concretas que, en el caso de España, no llegaron hasta mediados de marzo.

«Esta ha sido la crónica de una pandemia anunciada», censuraba el líder del PP, Pablo Casado. «Es un bulo que el virus era una gripe, que no había riesgo para la población, que no había problema en celebrar eventos multitudinarios», recordaba Abascal, haciendo uso de la hemeroteca.

2. Falta de autocrítica y de «humildad»

Frente a las críticas, como las venidas de Vox que le responsabilizaban de «la mayor tasa de mortalidad del mundo», Sánchez ha sacado pecho de su gestión. Aunque reconocía en el pleno de prórroga del Jueves Santo que «con el conocimiento de hoy» hubiesen tomado medidas antes, presumía de que «España actuó antes» respecto a su entorno -aunque superamos en contagios al resto de países de Europa-; que es uno de los países en que más test realizan y que el Gobierno ofrecía los datos y las estadísticas más transparentes y completas de la crisis.

Y no solo eso. En el pleno de este jueves, lejos de hacer autocrítica, la portavoz del PSOE, Adriana Lastra culpaba al PP y al Gobierno de Isabel Díaz Ayuso de la tragedia. «¿Si ustedes, señor Casado y señora Ayuso, tenían tan claro lo que podía pasar, ¿por qué no lo impidieron?», afeaba.

«¿De verdad mantiene que lo ha hecho todo bien? ¿No va a pedir perdón nadie?», inquiría Pablo Casado, quien ha reprochado además durante días la «arrogancia» y la «falta de humildad» del presidente del Gobierno ante la crisis.

3. Nula coordinación con las autonomías y sin el aval de la oposición

La ausencia de coordinación entre las actuaciones del mando único del Ministerio de Sanidad y las de las Comunidades Autónomas ha sido una de las grandes asignaturas pendientes de la crisis, reivindicada en numerosas ocasiones por fuerzas de diferente color político, aunque con el foco puesto especialmente en la pugna entre el departamento de Salvador Illa y el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso y en las exigencias y condiciones del presidente de la Generalitat, Quim Torra; o del lehendakari Íñigo Urkullu. Sin ir más lejos, éste último ha reprochado a Sánchez que utilice sus encuentros semanales con los líderes autonómicos para «imponer sus decisiones», sin que existe una deliberación o discusión al respecto.

Más reciente es otro de los errores con los que la oposición desgasta la gestión de Sánchez: que pida unidad pero exija un «cheque en blanco» -una premisa con la que no transigirá tampoco Ciudadanos, según advertía este jueves su portavoz, Edmundo Bal-, y no informe a la oposición del contenido de los decretos o negocie la aplicación de los mismos. «No puede aspirar a reescribir la Transición quien no es capaz de negociar un decreto», advertía Pablo Casado, quien censura que el presidente del Gobierno sólo le haya llamado una vez en dos semanas.

4. Fallos en el acopio de material

La centralización de las competencias en Sanidad de las comunidades autónomas en torno al departamento de Salvador Illa provocó errores y retrasos en la adquisición de material porque «la crisis le ha superado». Según pudo saber este diario, la compra de material se retrasó al 25 de marzo porque el Ministerio estaba «completamente desbordado» y fue necesario el concurso de personal procedente de otros departamentos «más preparados».

Uno de los puntos de mayor tensión fue el envío de los denominados por Casado como «test fraudulentos», los 50.000 kits rápidos que adquirió el Gobierno a finales de marzo a una empresa sin licencia, y cuyas pruebas no contaban con la sensibilidad suficiente como para utilizarse en pruebas diagnósticas de Covid-19.

La oposición pide cuentas además por la «negligencia» en el suministro de material de protección a unas comunidades autónomas desbordadas que se vieron obligadas a obviar el mando único y adquirir material por su cuenta, otro «error» por el que hacen responsable al Gobierno de los más de 23.000 sanitarios infectados en España.

5. Los datos «ocultos» de la crisis

Una de las denuncias más recurrentes en el seno del Congreso de los Diputados ha sido la de la intención del Ejecutivo de usar estadísticas irreales para ocultar el número de muertes en la pandemia por el criterio de contabilización seguido donde el Gobierno también yerra.

PP y Vox consideran un error hablar de fase de desescalada cuando, según los datos de algunas comunidades autónomas, los números de positivos y muertesd pueden ser hasta un 75% superiores a los datos oficiales. Y es que desde que la pandemia comenzó a arreciar, se ha producido una circunstancia recurrente: las cifras oficiales de las diferentes regiones y las aportadas por el Ministerio no cuadran. Sin ir más lejos, los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria reflejan un aumento injustificado de muertes en Castilla-La Mancha, Castilla y León, Valencia o Navarra. Sólo en Castilla-La Mancha, se registró un desajuste de 1.437 muertes huérfanas respecto a las cifras oficiales, que no son víctimas de coronavirus pero tampoco responden a ningún otro patrón logico.

Otro ejemplo lo ponía Madrid esta misma semana: solo en las residencias de ancianos, habrían muerto en el último mes 4.260 personas por coronavirus, pero sólo han computado en los datos del Ministerio de Sanidad 781 de las mismas. Las 3.479 personas restantes fallecieron con síntomas de la enfermedad, pero no recibieron ningún test que lo acreditase y, por tanto, no se contabilizan.

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